Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com

Por: Javier Vivas Santana

@jvivassantana

Un 4 de Febrero de 1992, hace 27 años cuando no existía internet, y menos las llamadas redes sociales, Venezuela despertaba con la noticia que un grupo de rebeldes del Ejército se había levantado en armas contra el status quo de la época, cuyo presidente Carlos Andrés Pérez apenas regresaba de un viaje del exterior, y se encontró en que unos militares intentaron deponerlo sin éxito, y en donde hubo que esperar cuando menos hasta el mediodía de esa fecha para abortar lo que evidentemente fue un intento de golpe de Estado cuyos líder principal fue Hugo Chávez (+), acompañado entre otros por los comandantes: Jesús Rafael Urdaneta, Yoel Acosta Chirinos, éstos plenamente antimaduristas,  y Francisco Arias Cárdenas apoyando al actual régimen, aunque desde una posición cada vez más distante tanto en lo político como en lo ideológico, razón por la cual, es posible una ruptura total en cualquier momento.

Ante esta realidad, y si repasamos aquellos días de hace casi tres décadas, tenemos que mencionar que antes de la fallida, pero sangrienta intentona golpista, el rumor del levantamiento militar era parte de las diarias conversaciones de los venezolanos. La profunda crisis económica de ese entonces, cuya inflación rondaba en promedio las dos cifras medias anuales, junto con otros escenarios de corrupción y criminalidad, habían malogrado y desacreditado las bases de aquel sistema democrático, que lucía agotado y sin posibilidad de recuperación, y si bien el golpe fracasó en lo militar, fue un éxito en lo político, al punto que fue el puntillazo final para que Carlos Andrés Pérez terminara por perder hasta el apoyo de su partido Acción Democrática (AD).

Si comparamos la crisis en aquellos tiempos de golpe en 1992, con lo que hoy sucede en Venezuela, no sólo es que la magnitud del desastre económico y social es superior en todos los aspectos, sino que cuando menos en aquel sistema existía cierta independencia de los poderes, así como los medios de comunicación tenían libertad para informar sobre los acontecimientos políticos. En este 2019, no sólo es que la radio, la televisión y periódicos son silenciados evitando que el pueblo se entere sobre la crisis política y diversas protestas que enfrenta el madurismo, sino que existen cientos de militares presos, entre ellos generales como Raúl Isaías Baduel, figura clave para que Chávez retornara al poder en 2002, y Miguel Rodríguez Torres, éste último, quien además de ser parte del gobierno chavista, fue una militar notable durante el golpe del 4 de Febrero de 1992.

Después del 4 de Febrero de 1992, aunque Pérez intentó suavizar aquellas “medidas económicas”, y permitió que sus detractores continuaran sus políticas de oposición, la verdad es que el pueblo lo rechazaba en su mayoría, y fue finalmente la extinta Corte Suprema de Justicia, quien fundamentó en su causa jurídica un hecho de corrupción administrativa que concluyó con su destitución. Verbigracia, la historia no pudo ser torcida conforme era el deseo de la población en relación con aquel gobierno que perdió toda su legitimidad desde el instante en que decidió aplicar en el país un conjunto de medidas económicas que terminaron por empobrecer a la nación.

En este 2019, la historia intenta ser manipulada por el madurismo, cuando la realidad sólo nos muestra un país completamente destruido, y para ello quienes aún controlan el poder político en Miraflores piensan que por el hecho de que mantengan el apoyo de una malograda cúpula militar y jurídica, podrán aferrarse al poder exitosamente, cuando la verdad es que las manifestaciones de rechazo por parte de la población no sólo van in crescendo, sino que los pronunciamientos también se van a ir multiplicando en todos los niveles y jerarquías militares en la medida en que el régimen continúe deteriorándose en su estructura de poder, máxime de un régimen que tampoco podrá seguir cumpliendo con las prebendas que ha mantenido en favor de un generalato y un grupo de civiles, que obviamente  también serán objeto de sanciones financieras internacionales, si persisten en seguir apoyando al madurismo.

Han transcurrido 27 años de aquel intento de golpe de Estado que lideró Hugo Chávez un 4 de Febrero. Hoy, quien fue seleccionado por él como su sucesor, ha llevado al país a una desastrosa crisis política, económica y social y todo apunta que esa historia que llevó a la destitución de Pérez del poder no será distinta con Maduro, al punto que la mayoría de países de América Latina, Europa, así como los Estados Unidos, no sólo lo desconocen como presidente, sino que lo han dejado sin posibilidades financieras, lo cual agrava la situación de gobernabilidad.

El madurismo no tiene alternativas, salvo sea abandonar el poder, o en el mejor de los casos, convocar unas elecciones con supervisión internacional y negociar una amnistía. Conforme una intentona golpista significó una puñalada mortal contra el régimen de Pérez en 1992, el madurismo no puede descartar que un hecho similar se convierta en un capítulo de esta historia, salvo decida adelantar su salida del poder. La historia no podrá ser cambiada y menos evitada en su devenir cuando un régimen neototalitario luce agotado y autodestruido en sus espacios de poder.

Si el madurismo piensa que habrá una permanente fidelidad política en los mandos militares bajo la actual podredumbre política, económica y social, es negar que lo ocurrido bajo el mandato de Pérez fue porque la población simplemente ya no quería que siguiera en el poder. Seguiremos escribiendo una historia que resulta inevitable, y el madurismo no podrá salir ileso.

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