Caracas, 20 de mayo de 2018.

Por: Héctor Escandell 

@hescandell 

A pocas horas para que arranque el acto de votación quisiera decir varias cosas sobre la historia reciente de nuestro maltratado país. Trataré de reconstruir momentos.

El debate estéril entre votar o no votar es cuestión de pasado, a esta hora supongo que ya todos deberían saber qué es lo que van a hacer el domingo, sin embargo, digo que cualquiera de las dos opciones no tiene futuro si no hay un plan para el lunes.

Por otro lado, este país ya ensayó la abstención como método para ilegitimar al gobierno y los resultados son altamente conocidos. No ir a votar en el año 2005 solamente generó que la Asamblea Nacional fuera ocupada por una única fuerza política. Los acontecimientos de los años posteriores nos mostraron que la legitimidad no es vinculante en nuestro país.

Otro ejemplo más reciente es la llamada Asamblea Nacional Constituyente, un supra poder que se instaló -a trocha y mocha- sin respetar la legalidad. Altamente cuestionada, -incluso por los chavistas-, pero ahí está, mandando. Demás está decir que la abstención no fue vinculante y que la ilegitimidad no les hace ni cosquillas. 

Si algo hemos visto los venezolanos en estos años es que la legalidad es relativa, que la institucionalidad es relativa y que los resultados electorales son relativos. Las elecciones parlamentarias del 2015 así lo demuestran. Un arrase electoral que se convirtió en ausentismo político.

Los que hoy llaman a no votar, lo hacen con el argumento de la legitimidad, pero no ofrecen una alternativa clara. Los que dicen que votando se legitima “la dictadura” no dicen ni hacen nada. Los mismos que hace tres años arrasaron en unas elecciones nacionales, hoy se refugian en el argumento de la comunidad internacional para justificar sus errores políticos. Los ejemplos anteriores dan cuenta del mal camino al que conduce no ir a votar. Hace tres años los rectores del CNE eran casi los mismos y las condiciones eran similares a las de hoy.

Si el sistema tecnológico que sustenta el voto fuese tan vulnerable y fácil de violentar, el gobierno no se hubiese molestado en crear el carnet de la patria, no derrocharía creatividad en cambios de centros electorales – como lo hicieron en los pasados comicios- en fin, no harían maromas para desmoralizar a quienes les adversan. Si todo estuviera tan controlado no hubiesen adelantado las presidenciales, si el PSUV tuviera el poder absoluto de los votos no se molestaría en amedrentar y coaccionar a los más vulnerables. No hubiese amenazas.

Las horas por las que atraviesa el país no permiten la quietud ni la inacción. Yo sigo creyendo que votando se pierde menos que quedándose de brazos cruzados, esperando que la comunidad internacional haga no sé qué. La tragedia social de este país es tan grande, que sería irresponsable no hacer nada.

Yo voy a ir a votar, porque es un derecho individual, porque así protestaré la parálisis opositora y la maldad del gobierno. Voy a votar con la ilusión de que la mayoría haga lo mismo. Voy a participar porque no pierdo la memoria y más allá de la legitimidad, la abstención solo garantiza seis años más de miseria. Un periodo más para despedir a los familiares y a los amigos.

Pd: En nuestro país la abstención no es vinculante, la legitimidad tampoco. 

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