Caracas 13 de agosto de 2018. Brisas del Rosario, es un sector humilde ubicado en los Valles del Tuy estado Miranda. El 11 de agosto, el equipo regional  MDI Miranda –Un grupo de jóvenes líderes comunitarios- organizó un evento de acercamiento y acompañamiento con los habitantes de Mume, municipio Urdaneta.

El grupo liderado por Richard Matínez, joven trabajador y con una capacidad incansable, constató de primera mano, el estado de abandono e ignominia con el cual la denominada “revolución”, mantiene a sectores de extrema pobreza sumidos en la desesperanza y en el olvido; obviamente, que aún intentan dominarlos a través de elementos de control social como las cajas CLAP y bonos de la improductividad, a través del carnet del hambre.

Al caminar por el sector, es inevitable escuchar las historias de cada habitante; y casi como halándote por el brazo, te hacen pasar a sus humildes casas impregnadas de pobreza. Pero a su vez llenas de la calidez, característica del venezolano, que por más que éste  régimen opresor y genocida intenté doblegarlos en sus carencias, siempre salen adelante con una dócil sonrisa, lo que nos motiva a continuar en la lucha por una Venezuela posible.

Al ritmo del recorrido por las casas de tabla y cartón, se va haciendo más caluroso el recorrido, dado que no hay servicio eléctrico. Es mediodía bajo el sol inclemente de los Valles del Tuy, y sin darte cuenta se empapa la camisa y la garganta se va secando más rápido de lo común. Es imposible no pedir un vaso de agua en cada casa a la cual entras de la mano de sus propios dueños, y he allí la sorpresa, el agua que te ofrecen, es agua de lluvia.

Así es, es la lluvia la que llena sus tanques  –quienes tienen suerte de tener un tanque- para hacer su vida diaria. Con sistemas rudimentarios de recolección de agua, hechos con la premura que dicta la necesidad, van haciendo rutinario el hecho de servirse de la naturaleza para calmar la sed, algo que por ley debería ser proporcionado por el Estado, ya que todos tenemos derecho al servicio de agua potable y a una vida digna.

Escucharlos ayuda a entender que necesitamos una transformación sociocultural en lo inmediato, a sabiendas que no será cosa fácil. En el transcurso de las historias de los afectados, se evidencia que es un asunto de vida o muerte. La desatención en estos sectores jamás había sido tan desproporcionada, y el chantaje tan inhumano. La siembra del miedo a través de los mencionados elementos de control social, es rutina. Quiénes se atrevan a ir en contra de la imposición de la miseria, son amenazados con la posibilidad del fin del suministro de la caja CLAP.

Estos controles han servido para tener de rodillas a la población más vulnerable; y como si de un detallado complot se tratara, se han venido haciendo indispensables para llenar la barriga con algo de comer, de aquellos a quienes se les ha negado las posibilidades de poder siquiera trasladarse fuera de su barriada, dadas las condiciones de impedimento de obtener efectivo para por lo menos pagar un pasaje y poder trasladarse a trabajar.  Es el hambre su mejor arma de control, y entorpecer la movilidad es tan solo una de las aristas que permiten al tuerto ser el rey en el país de los ciegos.

Caminar con decenas de niños a los lados es esperanzador, porque sentimos que es en ellos en donde se alberga la esperanza. Con su inocencia, se les ve corriendo y celebrando nuestra presencia de un lado a otro, son nuestros verdaderos guardaespaldas en una zona en donde la inseguridad y la ley del revólver, es el pan nuestro de cada día. Es común ver a muchachas muy jóvenes, caminar de la mano de varios niños, producto de la descomposición social que las hace victimas de sus propias tinieblas. La educación en este sector, es solo un privilegio que muy pocos pueden cubrir, ya que la escuela nunca ha estado tan alejada de la casa, y no se trata de distancia, sino de desesperanza. Es la muestra de un país que ha sido abatido a su suerte, pero que con esfuerzo, abnegación y compromiso es posible rescatarlo de este abismo social.

Son miles las historias de penurias desgarradoras que llegan a los oídos de quienes hemos vivido el recorrido palmo a palmo por Brisas del Rosario, intentando hacer de cada problema una oportunidad de solución integral, los muchachos van tomando nota de cada necesidad, de cada detalle… Fieles a su compromiso de venezolanos multiplicadores de esperanza, van tomando nota, por ejemplo, del peso y talla de cada niño; con el objetivo de tener conocimiento estadístico real de la situación de desnutrición propia de una zona en la que comer a diario, es todo un desafío.

Ya en medio del fragor que significa el llamado a comer, me aparto con mi amigo Julio Reyes, miembro de la fundación Motivando Venezuela, a elucubrar planes de asistencia y ayuda para con la gente de Mume, intentando escucharnos en medio de la algarabía infantil que ensordece un poco, pero que a su vez nos llena de mediana alegría, al sabernos colaboradores de una idea positiva.

A medida que avanza la tarde, y con el sol un tanto menos despiadado, va llegando la hora de ir despidiéndonos de cada rostro, no sin antes reunir al equipo de trabajo, quienes felicitados por mi hermano Nicmer Evans, se motivan aún más,  y ven cristalizado un esfuerzo, que si bien no resuelve la grave crisis ya mencionada, dan una luz de esperanza a cada habitante del sector , y los conecta con una realidad que están dispuestos a enfrentar con la determinación de ser los líderes del futuro que darán solución a este genocidio.


(+Comunicado) CEV: En el país quienes se sienten con poder están usando la violencia


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