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Chavismo y Madurismo. Por: Enrique Ochoa Antich @eochoa_antich

Chavismo y Madurismo. Por: Enrique Ochoa Antich @eochoa_antich

CHAVISMO Y MADURISMO
por Enrique Ochoa Antich

Me tomó once años de militancia socialista para que allá por 1981 finalmente comprendiera, muchas lecturas mediante, que el estalinismo no era una deformación psiquiátrica del marxismo-leninismo, como creíamos y decíamos para exculpar a Marx y Lenin, sino que era la ejecución escrupulosa o en todo caso la resulta trágica pero fatal del ideario de éstos. Basta leerse El Estado y la revolución, de Vladimir Ilitch, para observar que el supino desprecio hacia la democracia burguesa y la paladina condena del capitalismo tenían que hacer de los comunismos (que sin rodeos ni adornos doctrinarios así deben ser llamadas históricamente las sociedades forjadas bajo la hegemonía de los Partidos Comunistas) eso que conocimos: regímenes despóticos, dictaduras del partido y no del proletariado, Estados represivos contra toda disidencia (comenzando por la comunista), economías precarias que igualaban hacia abajo cuando no creaban situaciones de pobreza atroz y hasta de hambruna, igualación hacia abajo, dogma estatista que negaba al mercado. La conclusión era obvia: sólo la continuidad de la democracia liberal hacia formas progresivas de democracia directa y el desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas que el capitalismo presupone (Marx dixit) pueden crear una sociedad de libres y de iguales en la abundancia, eso que los clásicos llamaban socialismo. Así, quien esto suscribe se convirtió en socialista liberal. No voy a decir que con Lenin o Trotsky el régimen hubiese sido igual de sanguinario que con el padrecito Stalin, ni que sus mentes cultas y universales no hubiesen entendido acaso las reformas que el georgiano estaba incapacitado de vislumbrar (la Nueva Política Económica del gobierno bolchevique comenzando la década del 20 es un atisbo), pero al menos de los textos marxistas, leninistas e incluso trotskistas, la deriva era autoritaria y estatista.

Mis amigos del chavismo disidente/crítico tienen aún, a mi modo de ver, una deuda que saldar: la de comprender y admitir que las deformaciones y atrofias que con protuberancia se han hecho patentes en esto que por comodidad llamaremos madurismo, tiene su etiología en Chávez. Igual que dije arriba acerca de la revolución bolchevique, no voy a decir que tal vez éste no hubiese sido capaz de acometer algunas reformas que Maduro, no sé si por doctrinario o por la estructura mafiosa de intereses crematísticos que lo rodea, o por sentirse inamoviblemente atado a eso que llaman “el legado”, no tiene la capacidad de comprender y menos la autoridad de impulsar. En fin de cuentas, si un contraste existe entre uno y otro fenómeno, es que el chavismo fue sin duda un vasto fenómeno popular (con Boves, la revolución federal y AD, uno de los más clamorosos de nuestra historia) que hunde sus raíces en la crisis histórica de la democracia puntofijista de los ´80 y de los ´90 (otra cosa es si la contestación que ofreció haya sido la adecuada), y en cambio el madurismo es uno fundamentalmente burocrático, resultado de una herencia discutible, que se sostiene en el poder y el control del Estado y en el apoyo de la Fuerza Armada. Pero es evidente que los gérmenes del madurismo están en Chávez.

Caudillismo/mesianismo, autoritarismo, centralismo, militarismo, estatismo y populismo son los seis “ismos” que explican por qué el chavismo al final de las cuentas, más allá de algunos componentes democratizadores de la Constitución del 99 y de una transferencia directa de capital petrolero a los más pobres, terminó por provocar menos democracia y más pobreza. Ése es el legado y no ha sido traicionado sino ejecutado escrupulosamente.

Sobre otros escritos y entrevistas con Enrique Ochoa Antich dale click aquí.

Medio en serio, medio en chanza, suelo formularles a mis amigos del chavismo disidente/crítico la siguiente pregunta: Si hubiesen tenido en 1998 una bola de cristal donde observar el futuro y hubiesen presagiado que aquel entusiasmo (¿espejismo?) de entonces se convertiría en este colapso, en esta catástrofe nacional que hoy día padecemos, ¿habrían respaldado la candidatura de Chávez? Porque eso fue lo que el autor de estas líneas sintió la última vez que se vio las caras con él, allá por noviembre de 1997. Ante su afirmación “Nosotros te tenemos entre nuestros planes”, invitándome a participar del MVR, mi respuesta, habiendo escuchado muchas de sus intervenciones públicas y leído muchos de sus documentos, fue que no podía apoyarlo porque yo creía en la economía social de mercado y él no. ¡Cuánto de esta devastación económica y social tiene su origen en esa visión chavista que cree en los controles y en el Estado empresario y que desprecia al mercado como mecanismo de asignación eficiente de los recursos económicos!

Maduro, es cierto, se va desembarazando de buena parte del liderazgo chavista llamémoslo originario y, al igual que Stalin luego de los juicios de Moscú con la burocracia de los Molotov, Jrushchov y Beria, ha ido creando su propia clase burocrática de secuaces y cómplices. Un cambio de piel, diríamos. Pero la esencia política, ideológica, cultural del madurismo es la misma que la de Chávez. Así que quienes quieren construir una alternativa chavista para los nuevos tiempos tienen necesariamente que, valorando si se quiere lo que de positivo pueda haber habido en estas dos décadas de experiencia histórica (que todo no puede ser negativo), hacer la autocrítica respectiva y reformar el ideario de ese proyecto en particular en su esencia autoritaria y estatista. Eso es posible. Ruptura en la continuidad, podría llamarse. Si no, miren a los chinos que, aún con el retrato de Mao en la plaza de la Paz Celestial como homenaje perpetuo al principal fundador de la república, han trastrocado en todo su legado, al menos a lo que toca a su pensamiento económico.

Más allá de este pasado reciente, superando dialécticamente estas dos décadas de infructuosa confrontación chavismo/antichavismo que ha convertido a la nación en un campo de batalla, los venezolanos estamos obligados a ver el porvenir con nuevo espíritu. Una nueva Venezuela, la Venezuela posible, espera por nosotros.

@eochoa_antich

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