(notas sobre maduristas, gringos y militares)

Caracas, 28 de enero de 2019.

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

Nada más necio en estos tiempos turbulentos que corren, que centrar reflexión, argumentos y debate en abstrusos temas constitucionales y legales. La consideración de esta real disputa por el poder que está teniendo lugar, es, debe ser de naturaleza básicamente política.

En cualquier caso, lo que observamos y padecemos los venezolanos es la más profunda fractura nacional de que tengamos memoria, al menos de la guerra federal a esta parte. Dos TSJ, dos parlamentos, dos fiscales, y ahora dos presidentes. ¡Y algunos irresponsables quieren animar con supina ignorancia que además tengamos dos ejércitos! ¿Tendrán alguna idea estos necios de lo que una guerra civil es? El mito de la «batalla final» (que nunca es término sino comienzo, dicho sea de paso), revolotea como una sombra sangrienta sobre la nación. Versión y anticipo de esta criminal tesis es el propósito de muchos de caotizar al país con la malhadada esperanza de lograr así legitimar ante el mundo la posibilidad de una intervención militar extranjera que en lo personal repudio sin medias tintas desde mi pasión venezolanista. Por cierto, con el caos instituido por la rigidez ideológica, la ineptitud y la corrupción del gobierno, ¡nos basta y sobra!

En el tambaleante marco de este cuadro sombrío, constituye una proverbial irresponsabilidad del madurismo más delirante y sectario no conjurar sino antes por el contrario excitar una suicida confrontación con la más grande potencia militar del planeta, los EEUU, que ellos saben, tienen que saber, se saldaría en devastación y pérdida de nuestra soberanía. ¿Buscan inmolarse? Zoquetes si es así pues una negociación a tiempo puede asegurarles el porvenir político al que tienen derecho.

Si en algún momento se requeriría encuentro, diálogo, negociación y acuerdo, es precisamente en éste. Pero no son suficientes los ditirambos retóricos. Se requieren testimonios reales y el que primero debe ofrecerlos es el gobierno. ¿No cambiaría todo de raíz, por ejemplo, si sus obsecuentes tribunales otorgaran la inmediata libertad de todos los presos políticos y la habilitación de todos los partidos y sus voceros?

Los militares tienen o pueden tener en sus manos parte de este juego macabro. Imaginamos que ya habrán sacado cuentas acerca de lo que constituiría una conflagración a la vez con Colombia y Brasil y… ¡con los EEUU! Hay circunstancias en las que la soberanía de la nación se defiende más evitando un conflicto que propiciándolo. ¿Sería mucho pedir a los señores oficiales de todas las jerarquías que por sus canales regulares hagan un llamamiento a la cordura a su comandante en jefe? ¡Dejen oír el ruido de sus sables!

En el estado actual de cosas, sólo la consulta al soberano puede desatar en vez de cortar con la espada, este nudo gordiano. La Constitución ofrece una variada gama de opciones. Ojalá los venezolanos conjuremos la tentación por la violencia y encontremos el sendero del cambio en paz que todos deseamos.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

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