Caracas, 23 de febrero de 2019. De esas propuestas emocionantes de la vida, llegó la invitación a la primera cobertura periodística fuera del país. Ante la imposibilidad de conseguir tres boletos en avión, de un día para otro de Caracas a Táchira, una extensa carretera de 900 kilómetros nos separaba de nuestro destino, Cúcuta, Colombia.

Dejamos Caracas en el retrovisor. Foto María Alejandra López

Léase novecientos kilómetros de vías sin señalización, rayado o alumbrado público; huecos, intervalos de tierra, paradas cerradas y muchas otras, abandonadas. Las curvas cerradas y los pasos por puentes, son visibles justo antes de tenerlos a pocos metros de distancia. Lo “más visible” son las alcabalas (casi 30 hasta Táchira) que “sobreviven” con unos conos que apenas se notan. Los camiones y demás vehículos detenidos, lo afirman, es una alcabala.

“Cambio por comida” se lee en un puesto a un lado de la carretera de Ospino. Foto: María Alejandra López

Si bien la misión principal era llegar a Cúcuta, la segunda, era mantener el tanque lleno para hacerlo. Cargamos tanque full, en Caracas, y consumimos, poco menos de la mitad. Aprovechamos y recargamos en Carabobo pues teníamos 1/2 tanque y 1/4 de recorrido, quizás poco más… No, eso no podía salir bien.

“Se reciben pesos” se lee en un cartel en paradero La Pedrera, estado Barinas. Foto María Alejandra López

Surtir combustible en Caracas no representa mayor dificultad, cualquier estación de servicio tiene el producto, y de hecho, estúpidamente barato (1 litro 0,00001 Bs.S). La cosa se empieza a complicar, gradualmente, al cruzar los estados Aragua, Carabobo, Cojedes y Portuguesa. Colas frente las estaciones de servicio, y muchas otras cerradas o abandonadas, empiezan a tener un rostro más visible.

Estación de servicio cerrada. Foto Edgar Hernández

Inmediatamente, nos invadió la obsesión de mirar todas las gasolineras. “Sí vemos el chance, echamos “repetíamos, para convencernos de que pudiera ocurrir. Sin éxito, hasta Barinas que un amigo de PuntodeCorte (PuntodeCorte tiene muchos amigos :* los queremos) nos facilitó unos 40 litricos de combustible, suficientes para llegar a San Cristóbal.

“Para los DOCENTES salario DECENTE” San Cristóbal, estado Táchira. Foto: Edgar Hernández

Al llegar al estado Táchira ¡BOOM! La ‘meca’ de las colas por gasolina, hasta tres días esperando dentro de un vehículo para llenar el tanque. Digamos que, tras esperar 73 horas, llega su turno al surtidor y rebota el chip* ¿Indignado? Resulta que no, no puede echar gasolina. No importa, cuánto llore, le darán la dirección hacia la alcaldía para que tramite su reclamo.

Foto derecha ubicación del ship para surtir gasolina. Cola de carros (arriba) y cola de motos (abajo). Fotos izquierda

Nota: En Táchira hay un sistema de código de barras que se alimenta en las estaciones de servicio, y dónde cada vehículo tiene un código registrado. El portador debe respetar los lapsos para surtir combustible.

Desde Barinas, aceptan pesos colombianos, y la gasolina, 40 litros puede llegar a costar 45 mil a 50 mil PESOS COLOMBIANOS ¿Y le tenía idea a la dolarización? De Barinas a Táchira hay una pesolarización, estimado lector. Pañales, hospedaje, comida,en Barinas, en pesos.

En zona fronteriza la relación es 1,000 pesos col = 1.000 Bs.S. De hecho, prefieren negociar en pesos (o dólares), que en bolívares. CA$H.

Llegamos a la realidad universal

Al cruzar el puente Simón Bolívar pasan muchas cosas al mismo tiempo. Te conviertes en testigo de la diáspora y la crisis humanitaria, casi puedes sentir la estabilidad económica sosteniendo los billetes y viendo la capacidad de compra de la moneda colombiana.

Las casas de cambio, farmacias ambulantes, vendedores de líneas celulares, y casas de empeño, hasta compradores de cabello,
cada 5 metros, forran ambos lados de la salida del puente en Cúcuta. El target de estas tiendas, son quienes necesitan vender lo que sea que lleven, para continuar su recorrido, en autobús o a pie.

Es indescriptible el impacto de ver cantidades innumerables de personas cruzando la frontera colombo-venezolana. Esos rostros con su vida acuestas en mochilas, o con las manos vacías porqué no tenían qué llevar. Buscan mejor vida a través de Colombia, hacia Perú, Ecuador o Chile, es un escenario que destroza cualquier atento espectador ¿Qué buscan? Lo que en Venezuela no hay oportunidades, alimentos, medicinas seguridad y estabilidad. Es inconcebible ver esto y negar la emergencia humanitaria en Venezuela.

Es que, de ninguna manera, podemos normalizar: depender de un “chip” para surtir gasolina, esperar un mes por una caja de alimentos, evitar usar el teléfono móvil en público o caminar aceleradamente en la calle, sin importar la hora o el lugar.

Porqué en la realidad universal, lo normal es escoger entre una variedad de marcas, no sorprendernos cuando los vehículos paran con la luz roja, pues ¡Para eso son! Y lo más impactante (para los que pensamos cómo gorditos), las chucherías son golosinas, no representan un SACRIFICO en tu bolsillo.

Llegar a Cúcuta y ver los anaqueles repletos de alimentos, productos sanitarios, pollos LISTOS para comer (tibios y todo, eso nos marcó). Presentaciones, precios, variedad y cantidad, son las cuatro características que más nos impresionaron, como buenos venezolanos.

De hecho, tener la libertad de preguntar, a un militar u oficial de policía, si podíamos hacer una toma o tomar fotografías, y, obtener una respuesta impensable en Venezuela, “claro, claro tome, ¡sino para que son los periodistas!”, nos costó creerlo.

Viajamos a la realidad universal y común, en un país con fortaleza económica, con seguridad ciudadana (Aunque digan que Cúcuta es inseguro, no se compara con la inseguridad de Caracas) y eficientes servicios públicos, tanto para los locales, como para quienes se encuentran en casas de paso o refugios.

De regreso…

… A la pesudorealidad, de escasez, “libertad” de expresión e inestabiliad integral. Regresamos de ser periodistas, a ser terroristas.

Una vez un amigo ingeniero me dijo, “el desarrollo de un país, se mide por el estado de sus infraestructuras y sus sistema de carreteras”, ésta publicación intenta ser una crónica denuncia.

Entiéndalo y acéptelo, lo que vivimos no es real, es una subrealidad. Más allá de los formalismos, Venezuela está en dictadura, la diáspora y escasez, son evidencias concretas de eso.

Vea aquí la compilación audiovisual, disponible en nuestro canal de YouTube

Equipo de prensa de PuntodeCorte

Fotos Edgar Hernández y María Alejandra López

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