Por: Ángel Godoy

Siempre me pregunto cuál ha sido el daño más palpable de esta pesadilla que hemos vivido, algunos en los últimos 5 años, para otros se debe contar los últimos 19, y para otros tantos, en los cuales me incluyo, lo más leal seria contar a partir de 1927. Sin embargo y alejándonos de la importancia efímera que nos pueda dar el factor tiempo, debemos detenernos en lo planteado; ¿Cuál ha sido el daño real de todo esto?

Hay opiniones que justifican su argumento en el plano netamente económico, las cuales si bien son válidas, constituyen un panorama algo incompleto. Digo esto ya que a mi juicio, la crisis debe verse desde tres puntos que van de la mano y que en ningún momento se desligan el uno del otro: tema económico, político y sociocultural.

Las graves consecuencias económicas que se desprenden de miedos a los costos políticos que puedan traer consigo la toma de decisiones impopulares pero necesarias, han venido erosionando hasta el hueso el poder adquisitivo del venezolano, hasta el punto de acorralarlo a la necesidad de suprimir necesidades básicas como el vestido y el sano entretenimiento; a tan solo la búsqueda instintiva del alimento… A eso nos han llevado.

Y aunque lo anterior pareciera ser grave, y lo es… es el aspecto sociocultural lo que más difícil será de reconstruir en una sociedad que ha sido herida de muerte por los carroñeros que insisten en defender hasta las últimas consecuencias sus privilegios, otorgados por un poder el cual han asaltado y que no pretenden, al corto ni al mediano tiempo, devolver a sus propietarios. Se nos trata de separar desde lo más profundo del ser humano, nuestro pensamiento y nuestras emociones.

Diariamente se nos ataca con discursos que invocan al odio, a la separación de clases, a la comparación de épocas, a la separación desde nuestra idiosincrasia; planifican adormecernos para que la sumisión sea un hecho consumado y así poder instaurar su estilo de vida en el cual, sea para nosotros un hecho común, verlos como una especie de realeza inequívoca y supraconstitucional (…), de hecho, ya dieron el primer paso para ello.

No es cosa ajena a nosotros observar cómo actores negativos llamados líderes políticos de bando y bando nos escupen a través de medios de comunicación cómplices de esta abnegación comunicacional, opiniones llenas de rencor y animadversión entre dos visiones de país obviamente equivocadas, una que representa algo que ya vivimos y no deseamos volver a ver más, y la otra, aun mas aberrante, la cual estamos siendo testigos de excepción, viéndola destrozar nuestra esperanza, y que se encuentra en pleno desarrollo monitoreada desde el Caribe.

Han logrado sacar lo peor de nosotros como individuos en lo social y en lo cultural;  lo cual se evidencia en el hecho simple, de que entre propios vecinos sea visto como un hecho común la abominación de comprar productos alimenticios regulados para luego comercializarlos con sobreprecios monstruosos, convirtiéndonos en una sociedad de sanguinarios.

No solo el rubro alimenticio nos atrapa en nuestro apetito de insensatez; otros aspectos comunes han venido ganando terreno en esta carrera a la muerte social y cultural, ejemplo de ello es la reventa de boletos aéreos, terrestres y marítimos; cobros desmedidos por legalización y apostilla de documentación necesaria para quienes se aventuran a cruzar fronteras en búsqueda de mejor calidad de vida, y esto sin mencionar al sector militar en fronteras, quienes han formalizado también su franquicia del desastre, haciendo de esto, toda una industria de los antivalores.

Es así, que de igual modo se nos hizo habitual escuchar el cliché: “ES QUE AQUÍ NO HAY LEY”, cuando la realidad es que si la hay, y que nos hemos convertido al unísono en una sociedad de forajidos, en donde prevalece la supervivencia del más vivo, sin importar el daño colateral que se produzca; he allí el peor de los daños ocasionado por aquellos que con su discurso de doble moral, son coadyuvantes de este holocausto caníbal, el cual está separando familias enteras al compás del suelo de los mil colores.

Es inevitable para mí, ver con preocupación lo inmediato que se percibe el futuro próximo, y que la población más susceptible a todo este desmán cultural, son nuestros niños y adolescentes, quienes bajo el intento sostenido de dominación ideológica y educacional, batallan a diario con su inocencia y la realidad social que se vive aulas adentro. Con la evidente deficiencia intelectual, carencia que se ve afectada por el voraz avance de la ignominia cultural, producto terminado de lo anteriormente mencionado. Se nos presenta el mayor de los desafíos para una Venezuela ávida de conocimiento, valores y sentido común, a lo cual debemos prestarle suma atención para evitar a costa de lo que sea, nuestra muerte sociocultural.

Estamos llamados a dar lo mejor de nosotros como individuos, deslastrarnos de los complejos y paradigmas que nos acompañan y que son aprovechados por nuestros captores. Debemos ser entes de la propagación del mensaje de la esperanza, de la seducción hacia la Venezuela que merecemos y que estamos dispuestos a luchar para que nuestros hijos disfruten de aquello por lo cual muchos dieron su vida en las calles sin siquiera saber el gran “POR QUÉ” de la batalla. Por esos caídos del ahora y del ayer, nos vemos obligados a dar lo que yo denomino LA BATALLA DEL RESPETO Y DEL SENTIDO COMUN, en donde la premisa sea avanzar hacia la Venezuela que nuestros hijos ya comienzan a soñar.