Caracas, 28 de enero de 2019.

Por: Carlos Hermoso *

@HermosoCarlosD

En medio de la respuesta popular contra el régimen, la figura de Juan Guaidó se levanta de manera contundente. Haber asumido lo establecido en la Constitución, además de ser un acto de valentía, supone una jugada que tiene en vilo al espectro político venezolano. Maniobra que pudiese contribuir con la salida de Maduro.

Pone en evidencia, también, el peso que tiene Venezuela en la cuestión internacional. Sobre todo, por la disputa en torno suyo entre las potencias imperialistas. No es poca cosa la riqueza venezolana. China y Rusia ratifican el espaldarazo a Maduro. EEUU y sus aliados a Guaidó. Se agudiza la puja entre los dos bloques. Se vio claramente en el debate en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La respuesta inmediata del Gobierno es esgrimir la manida acusación de que se trata de un golpe de Estado del imperialismo estadounidense. La manifestación de millones de venezolanos en todo el país, no cuenta para ellos.

Por su parte, son muchos quienes sueñan con la invasión de marines para salir de la pesadilla. Luego de las sucesivas derrotas y el afianzamiento de la dictadura, ven esta salida como la más viable. No ven la cantidad de episodios en que un país se convierte en pasto de la lucha de elefantes. La experiencia más reciente, Siria.

De otro lado, sectores que aún se asumen de izquierda, revolucionarios, antimperialistas, pero enfrentados al chavismo, muchos de ellos del llamado chavismo disidente, enfilan contra el Gobierno y Maduro, pero guardando distancia de un eventual desembarco y contra la intervención imperialista. Se olvidan, claro, de la intervención imperialista china y rusa y sus aliados.

Para muchos, estamos condenados a vender nuestra alma a uno u otro diablo. En las circunstancias actuales, la hegemonía imperialista a decir menos, está en disputa. De una parte, China luce como el nuevo hegemón. De otra, EEUU busca recuperar el terreno perdido, luego de décadas de ejercer la hegemonía mundial. La salvación parece estar en venderse a uno u otro. Dos décadas de entrega al bloque liderado por China parecen demostrar que nada se logra. Un siglo de dependencia de los gringos harto demostró que nada se logra que no sea en favor del interés del amo.

La gran contradicción

La guerra es la política por otros medios. La tendencia guerrerista, además, tiene de estímulo la economía. Ubiquemos que se trata de bienes, los bélicos, cuyos valores de uso se convierten en imprescindibles. Sirven para disuadir y para destruir. De tal manera que son mercancías de primer orden para los Estados en todo el mundo. Sumemos que la presión de demanda hace que su precio siempre se ubique tendencialmente por encima de su valor. Los demandantes son los Estados. Los oferentes son los países más desarrollados. Las potencias imperialistas precisamente. Los nexos de dependencia fuerzan a negociar mercadería militar. Alguna vez se usa. Si no, allí está, disuade.

Ahora Venezuela depende, militarmente, de China y Rusia, principalmente. El parque militar cambió. Antes estábamos sujetos a EEUU, principalmente. Cambiamos de proveedor y de orientador.

Un conflicto bélico que abarque buena parte del planeta, como el conocido en la primera y segunda grandes guerras mundiales, luce difícil. Lo que no significa que no se produzcan conflagraciones en distintos puntos del planeta que terminan por devastar países enteros como es el caso de Siria. El caso de Irak luce de los más emblemáticos. Y fue entre “amigos”. Estados Unidos vio el peligro de que los germanos realizaran el negocio adelantado con los irakíes de construir un oleoducto que les llegaría desde Irak. Además, se iniciarían las transacciones en dólares. Así, se vieron forzados a invadir bajo argumentos evidenciados hartamente como patrañas.

En las circunstancias del momento, las tensiones entre los bloques imperialistas tienden a ser cada vez más exacerbadas. A ser más agudas. Por ello buscan “ayudar” a un área de influencia para que se defienda de algún imperialismo. Buscan preservar sus áreas de influencia.

En la actual situación mundial, EEUU, se presenta como el imperialismo más agresivo. Busca rescatar terreno perdido. Hacerse tan competitivo supone políticas que agudizarán contradicciones internas de significación, se exacerbarán los conflictos de clases, buscando hacer a los trabajadores más baratos. Además, debe hacerse de más mercados exteriores y de fuentes de materia prima más baratas. Sumado a que está obligado a frenar la competencia. El Estado de la Unión asume como capitalista total ideal las tareas propiamente imperialistas. Por lo que a momentos afectará una que otra rama de la producción. Una que otra firma. Pero se impone el interés nacional. El interés imperialista.

El imperialismo más competitivo, por su parte, sigue siendo China. Lo que le ha permitido brindar mejores condiciones para negociar. Los chinos cuya ofensiva económica, llena de mercaderías más baratas y creciente calidad, hasta hacerse más competitivos en calidad y precios, fue derrumbando las barreras a escala planetaria incluyendo el mercado estadounidense. Superando la competencia de las empresas estadounidenses, europeas y japonesas. Vende barato y aun así obtiene superganancias vendiendo por encima del valor de las mercancías producidas. Tanto, que cuenta con un superávit que los fuerza a meterse en la usura hasta convertirse en el principal acreedor del mundo superando al Fondo Monetario Internacional. Presta dinero por doquier. Venezuela le debe una bicoca.

Cómo salir airosos

Las contradicciones entre las potencias imperialistas dejan circunstancias y determinaciones que permiten fortalecer la perspectiva nacional y popular, sin tener que debilitar la soberanía. Lo que requiere de solidez en los principios y en la perspectiva trazada. Aunque la cosa no es fácil.

Las contradicciones interimperialistas resumen una reserva estratégica que debe ser aprovechada. Requiere de sabiduría y capacidad política. Las pugnas entre los rapaces pueden anular o debilitar fuerzas de uno u otro, contra los países dependientes y semicoloniales en momentos en los cuales buscan su liberación, autonomía y soberanía nacional. Más pendientes por debilitar al contrincante, es factible que algún imperialismo trabaje, haga cosas que favorecen a un país en disputa, o en lucha por su liberación.

En Venezuela, una respuesta soberana a las circunstancias que se viven a este respecto debe ser precisamente aprovechar las contradicciones entre los bloques imperialistas, entre los imperialismos. El bloque chino-ruso, con Maduro. El bloque EEUU-Europa está en contra de Maduro. Los venezolanos queremos, luchamos por salir de Maduro. Ellos para recuperar un área de influencia. Los venezolanos por un mundo mejor. Autónomo. Soberano.

Un ejemplo histórico al respecto, de cómo aprovechar las contradicciones interimperialistas, fue el pacto al que llega Lenin en 1917 con el Kaiser Guillermo II de Alemania para llegar a Petrogrado (luego San Petersburgo). El Kaiser buscaba la salida de Rusia de la guerra para concentrar fuerzas en el oeste de Europa. Lenin era en esa oportunidad una figura capaz de lograr esa meta. Le facilita un tren blindado con todas las condiciones diplomáticas, logísticas y militares. Fue acusado por muchos, incluso de su propio partido, de traidor. Pues no, Lenin aprovecha una circunstancia. No solamente labró la paz, también dirigió la revolución.

Son muchos los ejemplos diversos que reflejan este principio. Aun sin conciencia, de lado y lado, desde la perspectiva revolucionaria o desde la perspectiva de quienes buscan preservar lo establecido, se juega con este principio. Es algo elemental pero que levanta diatribas guiadas las más de las veces por principismos sujetos a la moral conservadora.

EEUU, en su afán de recuperar a Venezuela como área de influencia, desarrolla una ofensiva contra el régimen sin precedentes. A esto tenemos que dar respuesta en favor de una nueva democracia, desarrollo soberano y bienestar.

(*) Subsecretario General Nacional de @Bandera_Roja . Economista. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor UCV.

Tomado de Efecto Cocuyo.

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