Caracas, 25 de abril de 2018/-.

Por: Luis Emilio Torres

En el actual contexto latinoamericano, debemos asumir que si vivimos en un «mundo material»; lo contrario sería completamente imposible; es decir, no se puede vivir en un «mundo inmaterial» (a propósito de un artículo que leí en la red). Hemos nacido y presenciamos una era donde los avances tecnológicos no han tenido precedentes históricos, razón suficiente para tener claro que la ciencia y tecnología no dejará la velocidad de su curso, sino que seguirá avanzando a pasos agigantados.

La cuestión es distinta, cuando señalamos que parte de la ciencia y tecnología no está al servicio de la sociedad, y mucho menos de las sociedades más pobres del planeta. Por el contrario ha sido mal utilizada para la explotación, dominación y hasta muerte de seres humanos y demás seres vivos; y además se ha generado una transfiguración que hemos hecho del término «valor», el cual ha quedado reducido a su noción «económica» y por ello distante de la noción sociológica y filosófica (la que guarda relación con los principios y la ética) que debería prevalecer en el espacio del conocimiento.

Quienes nos oponemos a las situaciones antes descritas; debemos apartarnos de la retórica, esa práctica que procura justificar o esconder nuestras responsabilidades como sociedad; razón por la cual debemos construir vías de acción y planteamientos concretos para lograr detener en alguna medida el avance e impacto de los intereses hegemónicos de quienes han dominado al mundo por muchos años.

También es fundamental que la actuación de los gobiernos que administran los Estados latinoamericanos, se desprendan de la continua e histórica práctica de esa misma retórica. Retórica de múltiples dimensiones, diferentes manifestaciones y resultados entre los países, la cual podríamos describir generalmente como planteamientos simplistas en el diseño de las políticas públicas ante las realidades aparentes, para lo cual se manipula el discurso y se emplea el engaño como arma de poder, siempre con el propósito de evadir las responsabilidades,  justificándose con alegatos (que podrían ser reales) pero que los deja al desnudo sobre la incapacidad de controlar los graves males que aquejan a la región en sus principales problemas de pobreza y desigualdad.

No reconocer, la doble retórica (sociedad y gobiernos) solo nos llevara a más años de atraso y con ello a la profundización de las brechas (pobreza y desigualdad) entre los países industrializados (no desarrollados en su mayoría en términos sociales) y los países de la región latinoamericana. Verbigracia, seguiremos estando en el patio trasero de quienes dominan no sólo la transformación de las materias primas para desarrollo económico, tecnológico y social, sino que semejante brecha entre unos países y otros, será cada vez más difícil que nuestra región pueda convertirse con el paso de los años en autosuficiente y con un desarrollo consolidado de sus habitantes en términos de calidad de vida.

La sociedad latinoamericana sigue siendo de «desarrollo primitivo» frente al contexto mundial de desarrollo tecnológico. Razón por la cual no hemos dejado de ser colonizados a pesar de estar en otra era. Colonización que podría ser señalada en diferentes dimensiones: sociales, económicas, políticas y todas ellas ligadas a nuestra incapacidad de generar nuestra propia ciencia.

Es tiempo, para que la sociedad y los gobiernos de los Estados de la región latinoamericana dejemos las excusas y comprendamos nuestra responsabilidad ética y social para procurar un mejor futuro para las generaciones venideras.  Tenemos una inmensa tarea por delante si queremos convertir a América Latina en una región próspera, sustentable y generadora de conocimientos.

Correo electrónico: letn2210@gmail.com

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