Caracas, 16 de abril de 2018/-. El brutal crimen de unos reporteros en cautiverio destapó una verdad incómoda que ya venían advirtiendo los analistas: entre Ecuador y Colombia existe una frontera del crimen donde el poder del narcotráfico desafía a dos estados.

Sin haber recuperado los tres cuerpos de los integrantes del equipo de prensa ecuatoriano que estaban en poder de guerrilleros disidentes de las FARC desde el 26 de marzo, los dos gobiernos buscan dar un golpe contundente que reivindique su autoridad en la zona limítrofe donde se registraron los hechos.

Colombia lleva cinco décadas luchando contra fuerzas guerrilleras y paramilitares que encontraron en el narcotráfico un combustible gracias a la política de prohibición y persecución de las drogas que impone Estados Unidos, el mayor consumidor de cocaína del mundo.

Ecuador creía que podía mantenerse a salvo pese a estar conectado por una frontera de selva y ríos de más de 700 km, que discurre por zonas empobrecidas.

El histórico abandono y falta de control oficial por los dos lados y las numerosas trochas ilegales permiten la operación de bandas que viven del tráfico de drogas, armas y combustible, así como de la minería y la tala ilegales.

La zona es punto estratégico para el envío de droga hacia Estados Unidos desde el Pacífico, y un escenario de «crimen transnacional», con gran influencia de carteles mexicanos, dijo a AFP el general colombiano Mauricio Zabala, uno de los responsables militares en la frontera.

Los ataques que han sembrado el terror en estos últimos meses están focalizados en un área limítrofe pequeña, bañada por el Pacífico y con numerosos islotes y manglares que facilitan la salida de lanchas con cargamento.

La zona conecta al municipio colombiano de Tumaco, que con 200.000 habitantes está considerado el territorio con mayor concentración de narcocultivos del mundo, y el cantón ecuatoriano de San Lorenzo, de 58.000 habitantes.

Con información de AFP

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