La ayuda humanitaria no necesita la p minúscula de la politiquería sino la P mayúscula de la política. Es con el apoyo de Naciones Unidas que se puede garantizar que alimentos, medicinas y suplementos nutricionales lleguen a quienes los necesitan, advierte Enrique Montbrun, médico y experto en medicina de desastres.


Jamás pensó que lo que tanto le describió su abuela sobre la guerra y el hambre estaría tan cerca y tan dentro de la casa común que es Venezuela. Pero mientras el mandatario Nicolás Maduro y su equipo de gobierno dicen que los venezolanos no son mendigos y que la ayuda internacional es un show y un pretexto, y el diputado Juan Guaidó y la Asamblea Nacional reiteran que esos alimentos y esos insumos para el sector salud son imprescindibles para salvar vidas, la catástrofe se sigue asentando en la vida de todos los días. Y a quienes llegaron a Venezuela en busca de una nueva oportunidad, o a quienes se resisten a ver su nación convertida en un campo de sangre, el horror vuelve a tocarles la puerta dos veces: la primera, por el hambre y la carencia de lo básico; la segunda, por el temor a que la solución sea a plomo limpio.

“Que toda la ayuda posible llegue a los venezolanos”, es el clamor de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Este organismo ha respondido elegantemente al Gobierno de Maduro que la población sí necesita socorro. “¿Cómo podemos saber si la gente pasa hambre o no? Solo tienes que situarte en la frontera de Colombia y ver a los que llegan”, afirmó Hervé Verhoosel, portavoz de la ONU, el pasado 8 de febrero. Pero la otra consideración, no menos importante que la de Verhoosel, es cómo ayudar a quienes lo necesitan sin que eso se convierta en un pretexto para desconocer la voluntad general.

El cómo sí cuenta

Experto en medicina de desastres y en la atención de emergencias humanitarias complejas, el doctor Enrique Montbrun recuerda que el principio de la no injerencia y la prohibición del uso de la fuerza están consagrados por Naciones Unidas. Pero apunta que, cuando hay problemas humanitarios, se aplica el concepto de injerencia humanitaria, que está amparado por un gran paraguas: el de la responsabilidad de proteger, argumento que han invocado dirigentes opositores venezolanos como los agrupados en Vente Venezuela.

Doctor Enrique Montbrun

También se abre la discusión sobre el derecho a la injerencia con fines humanitarios cuando hay violaciones de derechos humanos, subraya Montbrun en entrevista con Punto de Corte. De haber indicios de crímenes de lesa humanidad, o si un Estado pone en riesgo la seguridad de sus ciudadanos, estaría justificada la acción internacional en su contra. Todo esto puede ocurrir con o sin la anuencia del Consejo de Seguridad de la ONU, recuerda el experto, y así lo demuestra la historia de las acciones humanitarias, por un lado, y la de las acciones militares con el pretexto de la restitución de los derechos humanos, por otra.

Como médico formado en estas lides, Montbrun afirma que Venezuela sí necesita ayuda humanitaria, y que la va a requerir por varios meses y en etapas claramente diferenciadas. En esto coincide con la posición asumida por Guaidó y por el Poder Legislativo, aunque no necesariamente en la forma de ejecutarlo.

La Oficina de la ONU de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) asegura que se rige -en operaciones como las desarrolladas en Siria- por los principios humanitarios elementales de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia”. No toma partido por grupos políticos, ni por ideas, ni por figuras.

Medicinas y comida, no tropas

El presidente del Parlamento anunció que el 23 de febrero la ayuda humanitaria ingresará a Venezuela. “La ayuda humanitaria va a entrar sí o sí. Luego de estar organizándonos, de comunicarnos, de haberle dado la orden a la Fuerza Armada Nacional para que permita el ingreso de la ayuda humanitaria, iremos en caravana a buscarla si es necesario”, aseguró Guaidó el pasado 12 de febrero, al cierre de las movilizaciones por el Día de la Juventud.

El reporte nacional sobre el derecho a la alimentación -presentado en diciembre de 2018 por la Fundación Bengoa, el Observatorio Venezolano de la Salud y la Red Agroalimentaria de Venezuela- advierte que 94% de la población no tiene los ingresos para pagar una canasta básica de alimentos. Entre los años 2016 y 2017 al menos 64 de cada 100 venezolanos perdieron 11 kilos de peso porque no pueden comer lo que necesitan; los más afectados son mujeres y niños, expone el informe. Cifras viejas, pero oficiales (difundidas por el Ministerio de Salud) advierten que la mortalidad materna subió a 66% y la infantil se elevó a 30% entre 2015 y 2016. Los números dan cuenta de lo que el Gobierno ha optado por callar.

El mensaje de Guaidó y de la AN se ha centrado en apelar a la Fuerza Armada para que permita el ingreso al país de todo lo acopiado, aunque con otro mensaje explícito: que eso lleve a una ruptura en el bloque de poder que sustenta al mandatario Maduro y dé paso a la transición política, como requisito para un cambio de modelo político y económico.

Para Judith León, presidenta de la Federación del Colegio de Bioanalistas de Venezuela, el Gobierno ha politizado la ayuda humanitaria. “Yo no veo la ayuda humanitaria como una excusa para una invasión”, alega León en entrevista con Punto de Corte, “porque el mismo Gobierno, a través de otras organizaciones internacionales, está recibiendo asistencia humanitaria”.

Como personal de la salud, enfatiza, “estamos sufriendo el fallecimiento de los pacientes y la desnutrición”, y por eso “nosotros decimos que hay que aceptar esa ayuda” y que la sociedad se convierta en veedora para garantizar que llegue a quien la necesita. También, para impedir que quede guardada en un almacén.

“Nosotros no estamos de acuerdo con invasión”, aclara Pablo Zambrano, secretario general de Fetrasalud. “Eso es innecesario. Solo traería muerte. Nosotros los venezolanos podemos resolver nuestras cosas”.

Zambrano insiste en que la ayuda humanitaria no es para la muerte, sino para la vida. “Lo que nos manden no tiene por qué venir con tropas”, y prueba de eso es que ya se aceptan alimentos y medicinas de organismos como Unicef y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). No descarta, por otra parte, que instancias aliadas del Gobierno de Maduro, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, puedan sumar sus aportes: “Lo que pasa es que hay que tener voluntad  y dejar la politiquería”.

Con el mejor criterio

A fin de que la ayuda humanitaria realmente sirva para aliviar el pesar de tantos venezolanos, son determinados organismos los que deben hacerse cargo, recuerda Enrique Montbrun. “El primer actor es el Comité Internacional de la Cruz Roja”, pero también el gobierno que la solicita, los gobiernos donantes, las organizaciones de derechos humanos, la Fuerza Armada; todo, organizado en un sistema.

Las prioridades deberían ser definidas “con imparcialidad y neutralidad” por el sistema de Naciones Unidas, reitera Montbrun, aun cuando en el caso venezolano el ojo experto determina al menos tres: población vulnerable, atención primaria de salud y servicios públicos. Los pasos a seguir están claramente establecidos, porque esta no es la primera contingencia del mundo, ni será la última.

El “método Guaidó” para promover el ingreso de la ayuda consiste, según lo ha dicho públicamente, en la creación de brigadas humanitarias que logren que medicinas y suplementos nutricionales entren a territorio venezolano para atender a 300 mil personas que, de acuerdo con sus estimaciones, se encuentran en riesgo inminente de muerte.

El “método Maduro”, en cambio, consiste en responsabilizar de la crisis a las sanciones económicas y buscar las formas de “profundizar la cooperación entre Venezuela y la ONU”, tal como lo expresó el canciller Jorge Arreaza luego de reunirse con el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres.

Mientras tanto, el 23 de febrero sigue siendo el día D para todos los sectores del país, que se preguntan: ¿Realmente entrará la cooperación internacional? ¿Y qué pasará? 

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