Caracas, 22 de abril de 2019.

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

A esa hora de la mañana, el café está casi vacío. «Cada vez menos clientes», se queja el propietario, siempre al pie del negocio. De pronto, el silencio es rasgado por lo que parece un altercado entre dos comensales, allá por las mesas del fondo.

Dice uno: Si no es por la oposición, esa ayuda humanitaria no hubiese ingresado nunca. Debemos agradecer a EEUU por hacerla posible.

Dice el otro: Rusia y China han traído medicinas e insumos médicos más que nadie. Y no mientas: Caritas, que no me dirás que es oficialista, ha informado que desde 2016 llega ayuda humanitaria a Venezuela y que ellos la distribuyen usando el sistema público de salud.

Afirma el primero: Pero el gobierno tuvo que admitir la crisis humanitaria que padece Venezuela que hasta hace poco negaba.

Asegura el segundo: Venezuela necesita de la solidaridad internacional debido a los ataques del imperio, nunca lo hemos negado.

Replica éste: ¡Por Dios! La catástrofe que vivimos es anterior a las sanciones y se origina en la gestión estatista y populista que hunde sus raíces en Chávez, no les eches la culpa a las sanciones.

Riposta aquél: Cuando Chávez, se redujo la pobreza, como todos reconocen. Nuestro modelo hizo aguas debido a que el capitalismo internacional provocó la caída de los precios del petróleo con el criminal fracking.

Señala el oposicionista: ¡Qué capitalismo ni qué ocho cuartos! Sufrimos la mayor catástrofe social de nuestra historia debido a la corrupción y la ineptitud de este gobierno, como se demostró con la oscurana nacional que acabamos de padecer. Pero al menos gracias al presidente interino y a la AN les está llegando un paliativo a los que más lo necesitan.

Proclama el oficialista: Nicolás hace un inmenso esfuerzo por combatir la corrupción y superar las dificultades. Así vencimos la agresión imperial al sistema eléctrico. Gracias al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y con la autorización del gobierno bolivariano es que la Cruz Roja puede estar distribuyendo la ayuda humanitaria que llegó.

Y así siguen, alzando la voz, combatiendo su guerra de palabras. Como si se tratara de un sainete. Casi sería cómico si no fuese trágico. Yo los miro y los escucho al otro lado del café.

Condenado al centro de la moderación y el equilibrio, doy y quito razones aquí y allá. ¿Les costaría mucho admitir sus respectivas responsabilidades? ¿No será que esta ayuda humanitaria está aquí porque se produjo un mínimo de acuerdo entre unos y otros? ¿No es evidente que de la crisis política, económica y social sólo podremos salir si se construye un acuerdo entre todos: gobierno y oposición, Poder Ejecutivo y Poder Legislativo, trabajadores y empresarios, izquierdas y derechas? ¿Mucho pedir un nuevo consenso nacional?

Al momento de salir a la calle, les echo una última mirada.

-¡Ni gobierno ni oposición sino todo lo contrario!, digo a quien quiera oírme, en voz alta y clara.

Y sigo mi camino.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

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