Por: Angel Godoy.

@angelgodoy3

A Dios debo dar gracias porque la iniciativa del Frente Amplio viene a recoger lo que por mucho tiempo era un clamor de la gente común en las calles, una unión no transitoria entre fuerzas opositoras mixtas (Izquierda, Centro Izquierda y Derecha) a la dictadura de turno en Venezuela.

Además de ser una idea que parece venir preñada de intenciones lógicas y coherentes, es una muestra de madurez de las fuerzas vivas que se oponen a la dictadura. Sin embargo, y pese a muchas críticas de sectores opositores que juegan a la abstención inmovilizadora, el Frente Amplio Libre arranca con un lastre que parece negado a abrir paso a los nuevos liderazgos. La presencia de las mismas caras de La MUD, Coordinadora Democrática, etc… despiertan muchas dudas respecto a la conducción de la idea política del naciente Frente.

A eso debe sumarse los laboratorios orquestados desde el madurismo y desde propios sectores “Opositores”, quienes ven amenazados sus intereses de avanzar, dadas las obvias capacidades de fuerza comunicacional que poseía la desaparecida MUD y que se supone deberían estar a las ordenes del Frente Amplio Libre. Los ataques  a los principales líderes de esta nueva organización son sostenidos y llenos de malas intenciones, cuyo fin es solo socavar algún ápice de liderazgo que pueda quedar en pie, luego de todo el cargamento de errores cometidos en el pasado y que pechan sobre algunas individualidades de forma irremediable, y que por ósmosis podría propagarse en la nueva organización.

No obstante, la idea parece tener sentido de cohesión, lo cual jamás pudo verse en La MUD. Si bien ponerse de acuerdo en temas sensibles será todo un reto, es indispensable hacerlo para iniciar una conexión real con las necesidades de la gente y así lograr recuperar la capacidad de convocatoria y la simpatía de sectores mayoritarios que aún se mantienen al margen a la espera de propuestas concretas, discursos seductores y coherencia en el accionar.

En el caso particular de las nuevas incorporaciones de quienes en el pasado simpatizaron con la idea del fallecido Hugo Chávez, debe ser leído como un paso gigantesco que demuestra la intención de reconciliar a quienes de una manera u otra muestran la cordura de ver que Venezuela ya no está para ser administrada con péndulos separatistas, sino que dicha reconciliación es la pretensión real  del inicio de un nuevo país que debe tener como norte, la recuperación sociocultural de un pueblo que ha sido herido de muerte en su acervo, en su cultura de gente amable, unida y magnánima;  y en su idiosincrasia de pueblo hermano.

Es así, que no se puede aspirar recuperar  a Venezuela si no se entiende que debe hacerse con el desprendimiento de cualquier vértice de egoísmo que conspire en contra de la idea de una sola fuerza acoplada en pos de lo que en particular llamo: una nueva independencia de Venezuela.

Es importante para esta nueva idea de acción política, entender que cada forma de pensar es imprescindible para lograr la meta de un estado que coexista con éxito en la diversidad de pensamiento, pero que accione con la unificación del criterio de dichas ideas, con el único colofón de ofrecer al país y a sus habitantes un marco de condiciones jurídicas, políticas, económicas, culturales y sociales que garanticen el desarrollo sostenido de un nivel de vida adecuado y de calidad.

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