Select Page

(Exclusiva) Francisco Alfaro: Aún no hemos visto la peor parte del conflicto venezolano.

(Exclusiva) Francisco Alfaro: Aún no hemos visto la peor parte del conflicto venezolano.

 

ENTREVISTA REALIZADA POR: PÁVEL MUDARRA.

 

Un panorama nada alentador presenta el politólogo Francisco Alfaro Pareja, en su análisis del proceso de diálogo que se vive en la actualidad, marcado quizás por dos ficciones, una que busca la radicalización de la revolución y otra definida por la inmediatez de una salida rápida del Gobierno, cuando el contexto demuestra que ambas alternativas son poco viables.

Francisco Alfaro, Doctor en Estudios de Paz, Conflictos y Desarrollo, es investigador externo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Simón Bolívar y del Instituto de Desarrollo Social y Paz en España. Desde su perspectiva aún estamos lejos de un proceso de transición, no obstante la búsqueda de acercamiento entre el gobierno y la oposición a través de encuentros como el de República Dominicana, indican que para ambos sectores las cosas no están bien y eso a la larga se convierte en una oportunidad de mediación que pueda conducirnos hacia una solución, no obstante dependerá de los distintos intereses y las visiones contrapuestas que presionan cualquier posible acuerdo.

Hubo un primer intento de diálogo gobierno-oposición que medió el Vaticano y no llegó a nada ¿Podría pasar lo mismo con este nuevo intento de diálogo?

El diálogo de diciembre pasado, donde medió el Vaticano, fracasó por la falta de voluntad política del actor fundamental que era el gobierno nacional. Para que una mesa de diálogo funcione, los actores deben creer que ese mecanismo de diálogo y negociación es la vía para solucionar el conflicto, si ese convencimiento no existe, es muy difícil que una negociación avance. Por eso vemos mesas de diálogo que no llegan a nada y supuestos acuerdos que no se cumplen. En la actualidad tenemos un cambio de contexto. El gobierno nacional ante la crisis de las protestas, optó por aumentar sus niveles de autoritarismo y derivar en un modelo con vocación totalitaria, que aún no se consolida, pero tiene esa vocación.

¿Qué elementos definen a un gobierno con vocación totalitaria?

Hannah Arendt señala que en un modelo totalitario está presente la ficción ideológica donde algunos se creen sostén de una causa y los demás son vistos como enemigos y no como adversarios; además, en este tipo de gobierno está presente la aplicación del terror para mantenerse en el poder. Ahora (el gobierno de Venezuela) no es absolutamente totalitario, porque en ese tipo de gobiernos existe una economía planificada, aquí no se ha logrado eso, quizás por ineficiencia de los entes gobernantes, y en el totalitarismo predomina un partido único de poder, acá tenemos otros partidos y ciertas libertades en los medios de comunicación.

En esta nueva versión del diálogo, el gobierno venezolano es el que busca a través de Francia sentarse nuevamente a negociar. ¿Por qué crees que propició ese espacio?

Cuando el gobierno asume la represión como vía para mantenerse, e impone una Asamblea Nacional Constituyente sin consultar al pueblo, saca al país del canal democrático e institucional. Esto tiene un alto costo dentro de la comunidad internacional y aunque se permiten estados totalitarios como Cuba, con muchos años de existencia, en el caso de Venezuela pareciera que no se quiere permitir que se instaure un gobierno con esas características. La comunidad internacional reacciona de diversas maneras, con sanciones por países, pronunciamientos de organismos multilaterales, o regionales como la OEA o sanciones de la Unión Europea, es decir el modelo que aplicó el gobierno le salió muy caro y ellos entienden que se ha puesto en riesgo la sostenibilidad económica, se podría agudizar la crisis aún más y esto pone en peligro su estabilidad.

Eso explica el interés del gobierno, pero ¿Por qué la oposición acepta participar en el diálogo?

La oposición como respuesta a las sentencias del TSJ que anulaban prácticamente a la Asamblea Nacional, se decidió por un proyecto que buscaba la salida, llamó a manifestar, a la hora cero, el todo o nada, la aplicación del artículo 350, y la desobediencia civil. Ellos entendieron que esa propuesta no era viable, básicamente porque necesitas contar con una fuerza fáctica (militar) con la cual no cuentan. Se esperaba además un quiebre de las Fuerzas Armadas cuando el gobierno violó la constitución, no pasó, y eso ha obligado a la oposición a retornar al camino electoral, en medio de un autoritarismo que dejó de ser un autoritarismo competitivo para convertirse en un autoritarismo cerrado con vocación totalitaria.

¿Podemos pensar que la amenaza de las sanciones por parte de la Unión Europea fueron un detonante para que el gobierno buscara el diálogo?

Sin lugar a dudas. Esa amenaza de sanciones tanto a nivel individual destinadas a los actores políticos del gobierno, como sanciones económicas que puedan empeorar la ya precaria situación, pone en peligro a la coalición gobernante. No significa que se tambalea la permanencia del gobierno, pero si su unidad. Además la inestabilidad económica incrementará la ingobernabilidad que ya sufrimos en el país.

Es la primera vez que el gobierno va a una mesa de diálogo con algo que ganar, además de tiempo, que es frenar las sanciones ¿Realmente estará dispuesto a ceder ante las demandas de la oposición?

Podría generarse el retorno al autoritarismo competitivo, que era el que estaba antes de finales de marzo y principios de abril, donde hay una coalición gobernante hegemónica que permite cierto juego electoral con ventajismo, pero dudo que esto pueda cambiar mucho más allá de eso. Ir más allá le implicaría al gobierno ponerse en peligro él mismo. Existen elementos que están siendo investigados internacionalmente por temas de derechos humanos, etc., además de otros factores que ponen en riesgo la sostenibilidad del mismo gobierno.

Entonces ¿no se debe esperar mucho del diálogo?

No lo sé, es difícil saber cómo está el gobierno adentro. La coalición gobernante es un archipiélago y no sabemos que dinámicas estén sucediendo en ese espacio. Algunas teorías dicen que Maduro está buscando finalizar su período mientras propicia un proceso de transición que le permita a él y a su sector más cercano permanecer tranquilos, pero eso no es tan sencillo. La salida del gobierno del poder y la llegada de un gobierno de oposición implica factores como la aplicación de justicia que siempre ha sido muy sensible en los procesos de transición. Se puede estar buscando una posible transición, pero eso genera resistencia en ambos lados, los sectores más puristas, aquellos del gobierno que tienen la visión de llevar adelante la revolución a rajatabla y, por otro lado, el sector opositor que dice “aplicación de justicia a todo el mundo o no se negocia nada”.

Pero en el diálogo hay una serie de actores internacionales que ponen en juego su prestigio, que pueden ser parte de todo ese juego de intereses que estamos viendo. Entonces ¿tiene alguna garantía la oposición de llegar a algo a partir de la presencia de estos actores internacionales?

Yo creo que es difícil tener garantías. El gobierno tiene mucho que perder y la oposición tiene poco que ofrecer, además el gobierno tiene más costos que analizar. El conflicto venezolano ha derivado en una dinámica donde actores internacionales con sus propios intereses adquieren más peso, no sólo es Estados Unidos: es Cuba, China, Rusia, es la Unión Europea, son los países latinoamericanos. Entonces la dinámica de cada uno puede facilitar o puede frenar. En Estados Unidos no hay una postura unitaria sobre qué hacer con Venezuela, los sectores cercanos a Trump tienen una visión distinta a los sectores más cercanos al Departamento de Estado, mientras que en nuestro país la ascendencia de Cuba no es uniforme en todos los grupos de poder, e incluso Rusia y China que parecían aliados incondicionales al gobierno venezolano, ya no lo son. La amenaza de las sanciones de la Unión Europea tiene ahora mucho peso, no es igual una sanción de Estados Unidos, que una de Europa, con muchos más países, donde hay muchos más intereses en juego.

Con más razón el diálogo es una oportunidad.

Quizás, pero un problema se produce cuando un actor no reconoce al otro como adversario, lo ve como enemigo, eso pasa cuando existe esa ficción ideológica de los buenos contra los malos, los puros contra los impuros, se dificulta la coexistencia al menos en el mediano plazo. Eso lo vemos por ejemplo entre la oposición y el chavismo disidente, quienes no han logrado mancomunar esfuerzos, salvo en algunos puntos comunes. No desarrollan una verdadera agenda conjunta, eso es producto de la ficción, la MUD considera que podrá gobernar sin tomar en cuenta al chavismo y eso no existe, usualmente las transiciones parten de la coalición gobernante que se divide. Incluso gobiernos que son muy autoritarios en un momento son los que terminan facilitando la transición luego. Ahora en el chavismo disidente también hay una ficción, la de no quererse sentar con el otro porque representa lo antiguo, la IV República.

Julio Borges visitó varios países de Europa ¿Eso tendría algo que ver con las sanciones europeas y el mismo diálogo?

No lo sé, pero lo que si es cierto es que la comunidad internacional mantiene un gran interés en Venezuela, desde diversos sectores, el grupo liderizado por Zapatero, Leonel Fernández, Martín Torrijos, así como el Vaticano, la OEA, para todos el caso venezolano cobra mucha relevancia y hemos visto que desde hace tiempo se vienen haciendo gestiones, unas para aumentar la comunicación entre los bandos y otras para aumentar la presión al gobierno. Si el gobierno no hubiese incrementado la radicalización de sus posturas y su represión, no estaría en la situación desfavorable en la que está.

¿Qué hará el gobierno, por ejemplo, con la Asamblea Nacional Constituyente si se impone la agenda de diálogo?

Es difícil saberlo, pero si el gobierno quiere regresar al autoritarismo competitivo debería suprimir la Asamblea Constituyente, el problema es el costo de esta decisión dentro de su misma gente. Recordemos que aunque el gobierno es fuerte porque mantiene gran parte de la coalición gobernante unida -controla los cuerpos de seguridad del Estado, el sistema financiero, los ingresos petroleros- ha venido perdiendo popularidad de manera dramática en los últimos años. Por eso retroceder en este aspecto podría tener un impacto negativo en su militancia dura. Sin embargo la Asamblea Constituyente puede quedar como un espacio político sin mayor incidencia en los asuntos importantes del país.

Pero ya tenemos algo más o menos así… una institucionalidad muy extraña.

El conflicto en Venezuela ha llegado a un punto en donde las instituciones y los poderes constitucionales fueron sobrepasados. Nosotros en este momento estamos en un modelo que es un hibrido entre dos cosas paralelas, tenemos un nuevo modelo en donde una Asamblea Constituyente nombra a un fiscal general, mientras que el Tribunal Supremo de Justicia es nombrado por el viejo modelo, de una manera inconstitucional pero está ahí y deriva del antiguo modelo. Entonces tenemos un juego trancado entre un modelo basado en la constitución bolivariana de 1999 y el llamado socialismo del siglo XXI que se pretendió instaurar a partir del 2007, pero que en el 2015 derivó en otra cosa, cuando el gobierno perdió el apoyo popular.

¿Esa pérdida del apoyo popular podemos entenderla como la aceleración del proceso de desgaste del modelo?

Eso obedece a la ineptitud que estamos viendo en el área económica, veamos a China: en lo político es un modelo autoritario y totalitario, pero en lo económico ha ido avanzando en una apertura hacia el capitalismo salvaje que tiene sus efectos negativos, pero la gente nota mayor bienestar en su vida, viajan, tienen acceso a bienes de consumo, a construir sus realidades privadas. Eso le ha dado mayor viabilidad a un modelo como el chino, algo totalmente opuesto a lo que ocurrió en la Unión Soviética que se desplomó y a la realidad venezolana de estos tiempos.

Precisamente China y Rusia mantienen intereses en Venezuela, pero ha cambiado su política de apoyo al gobierno.

Aunque la influencia de China y Rusia aumentó en estos últimos años en Venezuela, todo el continente americano sigue bajo influencia de los Estados Unidos. No es el caso de Siria o de Ucrania, donde por la cercanía geográfica Rusia está más presente. Esos países hicieron una inversión muy grande de recursos a lo largo de todos estos años, pero en estos momentos no ven los beneficios de esa inversión, no ven tampoco una capacidad de pago por parte del gobierno y además su influencia en la región no tiene la importancia que probablemente ellos proyectaron. Por eso es lógico que guarden distancia con Venezuela, aún cuando todavía exista un nivel de apoyo, no es ni de la magnitud, ni con el compromiso de otros tiempos.

Entre los antiguos aliados del gobierno en Latinoamérica, algunos tienen una postura abierta contra el gobierno, otros son más moderados pero se ve cierto distanciamiento ¿Esa nueva realidad puede significar más presión?

El problema ha sido la experiencia tan traumática que significa Venezuela, es decir, el venezolano fue el modelo que siguieron todos estos países, para esos gobiernos debe generar mucha preocupación como un modelo que se proyectó como un ejemplo de participación, de democracia y de mayor inclusión, termina siendo más autoritario, más excluyente, lleva a un país rico en recursos a una crisis humanitaria sin precedentes, a la violación de los derechos humanos. Todo eso ocasiona que muchos de estos países tomen distancia respecto al gobierno venezolano, no al punto de convertirse en factores de presión pero se distancian de forma prudente.

¿Entonces es la crisis el elemento que sobredimensiona las capacidades del gobierno?

En efecto, si la situación continúa por el camino que va, donde los organismos de seguridad más allá de dedicarse a la aplicación de la violencia selectiva, no cumplen con su deber -que es el aseguramiento de la frontera, la protección del ciudadano- estaremos en un mediano plazo en una Venezuela con su territorio controlado por grupos de origen diverso. Lo que se conoce como Estado fallido. Ya nosotros tenemos evidencias de Estado fallido, cuando se tiene un 92% de impunidad en crímenes comunes es así, sin embargo, aún no se ha llegado al punto de perder control de territorio.

Podríamos derivar en una situación similar a la de Siria, con diferentes grupos controlando su territorio.

Históricamente la Fuerza Armada en Venezuela ante momentos límites ha reaccionado de forma corporativa. En el Caracazo, las FAN reaccionaron de manera corporativa y controlaron las intentonas golpistas del 92; igual ocurrió en el golpe del 2002, hubo una pequeña fisura pero luego controló la situación. Desde la profesionalización del ejército, cuando Gómez, las fuerzas armadas actúan de forma corporativa. Sin embargo, en este momento, no sabemos como están las FAN a lo interno, de verdad es una caja negra, se percibe un proceso de desprofesionalización en torno a sus objetivos fundamentales y se ha orientado a otro tipo de intereses más económicos, e incluso empresariales. Uno ve a las fuerzas armadas desarrollando empresas, como esta compañía minera que está en Guayana y es llevada por militares. Es decir, el mando civil cede competencias al mando militar en áreas que no le corresponden. Por otra parte muchas de las funciones militares están en manos de civiles, como los llamados colectivos. Entonces ante una situación límite, frente a un punto de quiebre social, uno no sabe como actuarán estos actores paralelos a las fuerzas armadas y podría venir una situación más grave de la que tenemos hoy.

Se habla mucho de la transición ¿Tenemos esperanzas de un proceso así en Venezuela?

En mi opinión una transición hacia un Estado de justicia y de derecho como dice la constitución, estamos lejos de eso. Aunque al final esos procesos llegan, unos son más cortos, otros son más largo. El caso de Cuba, un proceso largísimo y no se sabe cuándo. Colombia está en eso, solucionando su conflicto, incluye al sector armado como partido político. En España se dio un transición después de 40 años de dictadura pero no se aplicó la justicia, allá la justicia no llegó nunca, al igual que en Chile y en Argentina. Siempre hay luz al final del túnel pero uno debe saber en que túnel está, en el de la Trinidad o en el Boquerón uno. Yo creo que nos falta mucho y vienen procesos más difíciles y más complejos para el país.

¿Consideras entonces que vamos a vivir una transición larga, con muchos años de por medio?

Lo que viene en Venezuela es largo, es complicado, hay una suerte de ficción por un sector duro del gobierno que asegura una radicalización revolucionaria, la cual veo difícil por lo menos con niveles de eficiencia como la hemos visto en otros países; pero la oposición también tiene una ficción de una salida rápida, con aplicación de justicia. Por eso los encuentros de diálogo son importantes, independientemente de lo que en ellos se habla, ya el hecho de un encuentro entre sectores diversos del país implica que para el gobierno no está fácil la cosa, pero para la oposición tampoco, de alguna manera se reconoce que los seguidores del gobierno no van a desaparecer, que la oposición no va a desaparecer y el chavismo crítico tampoco va a desaparecer. Todos esos actores van a estar ahí. Pero al final siempre se generan esos cambio, aún cuando son procesos complicados que implican compartir el poder, una aplicación de justicia selectiva. Entonces quiénes del gobierno nacional van a ser seleccionados para ir a la justicia y quiénes no, cuántas personas de la oposición estarían dispuestos a compartir el poder con el gobierno.

Crédito Foto: Yolvik Chacón.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestro canal de Youtube

Secciones

Vídeos Recientes

Cargando...