A todos los problemas con los que Venezuela comenzará el año 2019 se suma el de contar con un presupuesto del cual es más lo que se ignora que lo que se sabe. Lo aprobó la constituyente, lo que viola las leyes porque debe ser avalado por la AN

POR: VANESSA DAVIES.


De tantos “plomos en el ala” con los que nace el presupuesto de la nación de 2019, uno de los más pesados es que fue aprobado por un organismo que tiene más detractores que amigos a escala nacional e internacional: la asamblea constituyente.

Pero si de sumar plomos se trata, la enumeración puede ser aún más larga: el país desconoce las cifras oficiales de la marcha de la economía (porque el Banco Central de Venezuela no las publica), sigue cayendo la producción petrolera (tal como lo reflejan los indicadores de la OPEP) y la legitimidad de origen del Gobierno del mandatario Nicolás Maduro entra en cuestión a partir del 10 de enero de 2019.

Lo cierto es que más tardó la asamblea constituyente en discutir y aprobar el presupuesto de la nación para 2019, que ese presupuesto quedar perdido en los avatares de la hiperinflación. El martes 18 de diciembre la constituyente avaló un presupuesto de 1,5 billones de bolívares (3.857 millones de dólares si se calcula con base en la tasa oficial de cambio). Sin exagerar, lo más probable es que ese monto no pueda mantenerse ni una semana.

Según las escasas premisas presupuestarias que explicó el constituyente y dirigente oficialista Andrés Eloy Méndez, se calcula un barril petrolero entre 55 y 60 dólares. De los 1,5 billones previstos, 724 mil millones de dólares provendrán de la producción petrolera (que sigue cayendo en picada), 500 mil millones se obtendrán del crédito público internacional (que está cerrado por sanciones, por la crisis política y por falta de un plan económico creíble) y 304 mil millones se tomarán de los impuestos.

Andres Eloy Méndez – Constituyente

Hasta hoy no se sabe el tipo de cambio, tampoco se conoce la estimación de inflación y mucho menos el desempeño económico. Solo se conoce –por lo que han dicho voceros del oficialismo- que más de 70% se destinará a la inversión social.

Pero el debate presupuestario del martes estuvo, además, marcado por el descontento de una figura como Julio Escalona, constituyente y economista. “La gente está molesta con nosotros, porque considera que no estamos cumpliendo con nuestro trabajo”, admitió el profesor universitario y exguerrillero.

Economista Julio Escalona – Constituyente

Los números le dan la razón. El Poder Legislativo pronostica una inflación de 2.000.000% al cierre de 2018 y el Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipa que se elevará a 10.000.000% en 2019. Por si fuera poco, se proyecta una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 18%, una tasa de desempleo de 34,3%. La economía, como un enfermo que no se levanta, afronta además el oscurantismo: desde hace tres años el Gobierno no suministra datos de inflación ni de PIB.

Otra vez no va a la AN

No es la primera vez, en el Gobierno de Maduro, que el presupuesto se presenta ante una instancia distinta de la AN. Ya ocurrió con el de 2017, como lo reportó en su momento la organización Transparencia Internacional.

“El presupuesto 2017 es el primer presupuesto de la historia contemporánea democrática que no se presenta ante la Asamblea Nacional para su revisión, análisis, sugerencias y posterior aprobación. El Ejecutivo Nacional no envió el proyecto de Decreto de Presupuesto al Parlamento el 15 de octubre de 2016”, notificó la organización en su momento.

El jefe del Estado “entregó el Decreto al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que respaldó este procedimiento irregular amparado en el criterio de que la Asamblea Nacional está en ‘desacato’ por un asunto político electoral”, recordó Transparencia.

El presupuesto de 2017 fue de 8 billones 479 mil 301 millones ochocientos sesenta mil ochocientos treinta y siete bolívares (Bs. 8.479.301.860.837).

Pero si en 2017 se supo cuál era la previsión de ingresos y gastos, en 2018 brilló por su ausencia. Nuevamente fue Transparencia Internacional el organismo que intentó poner luz en la oscuridad.

“En el primer semestre de 2018 el gobierno aprobó créditos adicionales por 433.823.697 millones de bolívares fuertes, que sumados a los 36.102.059 millones del presupuesto inicial, elevaron el gasto del país a 469.925.756 millones”, subrayó la organización.

Aunque esta cifra “representa un aumento nominal de 1.201% en comparación con 2017”, en términos reales “el gasto total tuvo una caída de 72% por efectos de la hiperinflación”, calculó.

Muy grave actuar sin presupuesto

Formalmente el presupuesto 2019 no existe, porque no fue presentado ante el órgano competente para recibirlo, debatirlo y aprobarlo: la Asamblea Nacional (AN).

“En economía es grave que un agente económico actúe sin presupuesto. Para una persona, una empresa, eso es imposible normalmente. Es como si una familia decidiera de repente gastar lo que le dé la gana un diciembre. Comprar muchas hallacas, mucha ropa para el estreno de los niños y el padre y la madre. Muchos regalos para los abuelos, los tíos, los sobrinos. Un viaje de vacaciones a Margarita por dos semanas”, compara el economista Felipe Pérez Martí, en entrevista –vía correo electrónico- con Punto de Corte.

Economista Felipe Pérez Martí

El no disponer de una hoja de ruta económica clara tiene incidencia en la hiperinflación, que según el Parlamento llegó a 1.299.742% entre noviembre de 2017 y noviembre de 2018. Esto ocurre porque se enciende “la maquinita de hacer dinero”, resume Pérez Martí, quien se desempeñara como ministro de Planificación en el año 2002 con el gobierno del presidente Hugo Chávez.

“El gobierno se presta a sí mismo a través del Banco Central. Crea dinero, y lo gasta, para cubrir la brecha sistemática fiscal, la que refleja falta de límite presupuestario, de la restricción presupuestaria. Es lo que ha explicado la inflación y la hiperinflación”, subraya.

Que el presupuesto no haya sido desgranado en la AN es una pésima señal. “Si no hay controles de ningún tipo, como en el caso de la AN en Venezuela, es un signo adicional en sentido negativo de falta de responsabilidad fiscal. Es la oficialización de la irresponsabilidad del gobierno”, acusa Pérez Martí.

Esto que ocurre con la economía venezolana es “nunca antes visto”, asegura.

Probablemente no existe

Al Parlamento no ha llegado un solo papel vinculado con el presupuesto de 2019, confirmó a Punto de Corte el diputado y economista Ángel Alvarado. “No tenemos conocimiento, aunque constitucionalmente está establecido que ese presupuesto debe llegar antes del 15 de octubre”, remarcó.

Economista Ángel Alvarado

Pero, como lo precisa Alvarado, no es solo el presupuesto, sino la ley de endeudamiento, que es la definición de “cómo se usan los recursos de los venezolanos” y la consulta con el pueblo. “Ese debate no se ha dado en ningún momento, no se conocen las cifras”, lamentó el dirigente de Primero Justicia.

El presupuesto nacional no son cuatro papeles. Esta es “una de las leyes más largas”, contrasta Alvarado, pero al día de hoy “no existe” o, al menos, no se conoce públicamente. El legislador piensa que este documento ni siquiera existe; que las finanzas nacionales se manejan, no con previsiones, sino con improvisaciones, y que cada semana el Gobierno le ordena al BCV emitir dinero que carece de respaldo.

La realidad económica venezolana hace que el presupuesto de 1,5 billones se quede corto rápidamente, y que el faltante deba ser llenado con créditos adicionales. La dinámica del año 2018 fue de un presupuesto que tampoco pasó por la AN y que fue arrasado por la realidad hiperinflacionaria. Los “huecos” se llenaron con créditos adicionales que tampoco transitaron el camino del Parlamento. Y, tal como lo alerta Alvarado, nada indica que será diferente en 2019.

Pero “la irresponsabilidad presupuestaria: no puede ocurrir por mucho tiempo. Ni en una familia, ni en una empresa. Ni siquiera en un gobierno”, asevera Felipe Pérez Martí. “Afortunadamente pronto parará. Maduro no pasará del primer trimestre del año. Ya la cosa es inaguantable, incluso para el propio chavismo-madurismo y la Fuerza Armada”.  

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