Caracas, 21 de mayo de 2018.

Por: Enrique Ochoa Antich*

@eochoa_antich

Escribo esta columna el sábado 19 en horas de la noche. Quiero intentar visualizar lo que podrían ser los dos eventuales resultados para la candidatura de Falcón, que es decir para la opción de la ruta democrática:

Ganar

Nada sustituye la victoria, dijo el general MacArthur al tomar Japón. Obviamente, el proyecto político que se ha nucleado alrededor de la figura de Falcón se constituyó con el propósito de ganar. Y es posible.

Hoy, a esta hora, los informes que he podido recibir hablan de una diferencia a favor de Falcón que ronda los 6 o 10 puntos (y en algunos casos mayor). Pero sabemos que con un gobierno como éste, tan carente de escrúpulos como abundante de triquiñuelas y trapacerías, eso no es suficiente. Compra y, en algunos casos, robo de votos; uso de todos los recursos públicos puestos al servicio del partido/Estado; abuso de poder con incidencia electoral: éste es el entorno. Se requiere, para que Falcón gane mañana, que esa diferencia se ensanche. Y esa magia sólo puede provenir de tres votaciones más espontáneas que organizadas, eso que Jesús Seguías ha llamado “imponderables” de difícil por no decir que imposible medición por las encuestas de opinión. Es decir, Falcón ganaría mañana si y sólo si:

  • Se produce un incremento inversamente proporcional al tiempo que falta para el acto comicial del deslave que hemos percibido en estas semanas del abstencionismo al participacionismo.
  • Se manifiesta un latente pero cada vez más expresivo voto oculto chavista.
  • Se reduce, debido al fenómeno llamado de economía del voto, la votación de Bertucci.

¿Esto puede ocurrir mañana? Sí, sí puede ocurrir. La rabia y el descontento con el catastrófico gobierno de Maduro, que llega hasta las filas de los propios simpatizantes chavistas, funcionariado civil y militar incluido, son de tal magnitud que permiten pensar en la posibilidad, aunque no creo que probabilidad, de una avalancha de última hora que le dé a Falcón una victoria tan contundente que el perplejo poder de la nueva oligarquía burocrática madurista no tenga nada qué hacer.

De inmediato se operaría el proceso, complejo pero fascinante, de un proceso de transición que, como hemos dicho y escrito hasta la saciedad, debe ser pacífico y negociado si quiere ser exitoso. Y el país se tomará un respiro para poder enfrentar tareas urgentes como la de abatir la hiperinflación y constitucionalizar a todos los poderes públicos.

Perder

Ésta es una posibilidad siempre presente, y muy presente, lo sabemos, siendo tan formidables los dos adversarios de la candidatura de Falcón, es decir, del proyecto de la ruta democrática: civil, pacífica, electoral, democrática y nacional, para un cambio en paz:

El primer adversario formidable es, como ya ha sido dicho, el partido/Estado: no es poca cosa enfrentarse a un presidente en ejercicio que usa el poder y abusa de él sin pudor alguno. La desfachatez con la que el propio candidato presidente ha anunciado la vasta operación de compra de votos, haría sin duda ilegítima su eventual y no improbable victoria. Denunciarla no implicaría para nada anotarnos al espejismo del 350 y del maduroveteyaísmo, como lo ha llamado inteligentemente Ricardo Ríos. Sin embargo, se trata en este caso de cualidades que ya anticipábamos.

Lo que resultaba más difícil era prever el grado de torpeza, necedad, ruindad y mezquindad del segundo adversario.

El segundo adversario formidable ha sido el de una alta clase media opositora tozuda, empeñada en el error del extremismo y del maximalismo, buena parte de cuyos voceros han actuado más debido a cálculos y resentimientos personales que a razones políticas y mucho menos doctrinarias. Es obvio que su labor de zapa ha hecho daño, aunque el discurso de Falcón y de la ruta democrática haya logrado convencer a miles y miles, por no decir millones de abstencionistas hasta rescatarlos de su error, y por contrario el abstencionismo no haya conquistado, creo, a un solo participacionista para su extraviada causa. Resulta curioso, y hasta cómico si no fuese trágico, si la vida de tantos no estuviese en juego con la decisión de mañana, que la alegría de un abstencionismo eventualmente vencedor, es decir, que logre quitarle suficientes votos a Falcón como para asegurar su derrota, sea por consecuencia la de ver a Maduro victorioso y reelecto. Los extremos se tocan, dice la vieja conseja.

Pero en este escenario queda preguntarse: Si Falcón es derrotado electoralmente, ¿puede ganar perdiendo? ¿Puede ser ésta una derrota electoral pero una victoria política? A mí no me cabe la menor duda, por varias razones:

  • A partir del 21M, sólo los partidos que respaldaron a Falcón quedarán habilitados.
  • La fuerza de Falcón restará con una cantidad muy importante de diputados regionales, esto es: oficinas, sueldos, tribunas para enfrentarse a los gobernadores, etc.
  • El abstencionismo tendrá que demostrar su acierto derrocando a Maduro: las naciones del mundo que anunciaron que no reconocerían los resultados, habrán de demostrar “con qué se come eso”: porque de no hacerlo en seis meses, en un año, quienes se dejaron arrastrar a ese desbarrancadero de la nada abstencionista, como dice Mires, se darán cuenta de su error, como hoy nos damos cuenta del error de la abstención de 2005, todo lo cual redundará en un fortalecimiento de la ruta democrática.
  • La alianza de fuerzas que apoyó a Falcón, a saber: Avanzada Progresista, el MAS, COPEI, el Movimiento Ecológico, Soluciones y JUNTOS, tenderá a mantenerse unida y si lo hace, se convertirá en la nueva oposición que el país pide a gritos, una que ni siquiera discutirá que participará en las próximas elecciones municipales, una que acudirá si se convoca al diálogo y la negociación con el gobierno para protestar allí contra el poder y exigir el respeto a los derechos humanos, políticos y civiles, económicos y sociales del pueblo, una en fin comprometida, sin ambages y sin esguinces, con la ruta democrática.

En esta hora final del 19 de mayo, a las 11 y cuarto de la noche, quisiera tener la esperanza venezolanista de que el escenario que se impondrá mañana sea el de la victoria popular de la ruta democrática, que se ha expresado en la candidatura de Henri Falcón. Pero si no lográramos concretar en victoria electoral la mayoría política que hoy somos, igual emprenderemos, a partir de este lunes, en cualquier escenario, desde el gobierno o desde la oposición, la hermosa, la histórica tarea de reinstitucionalizar, reconstruir y reconciliar al país. Es posible hacerlo porque los venezolanos podemos. Entonces, que así sea.

*  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Actual coordinador nacional del voluntariado con Henri Falcón.

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