Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com Por: Javier Vivas Santana @jvivassantana

Ha transcurrido pocos días desde que Maduro anunció su “plan económico” y reconversión monetaria. Los resultados están a la vista. Los precios siguieron su aumento vertiginoso, mientras la escasez se multiplica como efecto de que los comerciantes no están reponiendo inventarios, sino liquidando los existentes. El bolívar “soberano” murió al nacer con una devaluación que llevó el salario mínimo inicial de unos 30 dólares, tomando como referencia que el propio gobierno aplicó la tasa del mercado paralelo, razón por la cual, si nos ajustamos a esa mismo patrón cambiario, pues ahora el salario, en sólo una semana del susodicho plan, ronda casi un 50% menos. O sea, que si nos atenemos ante las tendencias devaluacionistas, en unos 30 días el salario volverá a ser alrededor de un dólar, tal y como estaba fijado antes de las “medidas” aplicadas por el madurismo. 

El madurismo está envuelto en su propia trampa. Por ello, ante el fracaso de lo que evidentemente en sus inicios está fracasando, pues, como práctica ordinaria de echarle la culpa a los otros de sus errores, apela al encarcelamiento de gerentes y dueños de establecimientos, alegando que son éstos los “apátridas” que desean empobrecer y dejar en la miseria a nuestro pueblo, porque serían tales individuos los causantes en el aumento de los precios de productos, bienes y servicios, o lo que es lo mismo, los culpables de la perversa hiperinflación que destroza la vida de los ciudadanos.

Por supuesto que esta realidad, hará implosionar lo poco que nos queda de inversión privada, que seguramente serán empresas y comercios que terminarán en la ruina o quiebra económica, o que antes serán expropiadas por el madurismo, máxime si asumimos que de alguna manera, con el anuncio presidencial de que el gobierno pagará las nóminas de la pequeña y mediana empresa por 90 días, es decir, con una intervención disfrazada de tales empresas, la verdad es que son muy pocas las expectativas de generar la recuperación económica del país.

Además de la evidente destrucción económica del país, Maduro continúa en su avance de desintegración de la república. No sólo ha sido la vulgar entrega del Esequibo a Guyana, sino que ahora “firma” con el primer ministro de Trinidad y Tobago, el mismo quien ha negado la entrada de venezolanos a su país por razones humanitarias, y hasta ha encarcelado a muchos emigrantes, un “acuerdo” en el cual nuestro país cede sus derechos sobre nuestra plataforma continental, y permite que trasnacionales asociadas con esa nación caribeña, exploten nuestros recursos gasíferos en condiciones desfavorables para el país en términos económicos, sólo por encontrar la rúbrica de algún mandatario que avale a Nicolás Maduro similar condición, máxime en tiempos, en los cuales hasta el recién designado primer ministro de España, Pedro Sánchez, excluye a Venezuela  de su primera visita a América Latina, siendo curioso que hasta el gobernante español prefiere reunirse con archienemigos ideológicos del madurismo, como el caso del presidente Iván Duque de Colombia. O sea, ni los propios socialistas quieren reunirse con Maduro.

El madurismo avanza hacia la hecatombe. Es imposible aplicar un plan de ajuste económico en el medio de una indetenible hiperinflación, si el país carece de recursos económicos y financieros que puedan apalancar las inversiones y reformas necesarias en el contexto de las políticas públicas, y peor aún, sin respaldo político, y menos apoyo del pueblo, cuyo éxodo hacia otras naciones se ha multiplicado de manera vertiginosa, incluso después del anuncio de lo que es un auténtico desastre económico.

Para colmo, todo esto ocurre con un diferimiento disfrazado en los precios de la gasolina, que según boca de propio Maduro serán llevados hasta precios internacionales, lo que sin duda, será echarle precisamente gasolina a la hiperinflación y la devaluación del ahora bolívar “soberano”. Verbigracia, si el desastre ha sido marcado sin aumentar la gasolina, no hay que tener una “fórmula mágica” para intuir lo que va a ocurrir cuando se materialice dicho incremento, que también se piensa realizar en un contexto de producción petrolera que apenas supera el millón de barriles por día, y el colapso de nuestra industria eléctrica.

El fracaso del plan de Maduro y sin haber aumentado el precio de la gasolina está a la vista de todos. El pueblo ha resistido de manera estoica el hambre y la miseria, pero el sentido de sobrevivencia lo empuja hacia nuevos escenarios políticos, económicos y sociales. En la misma medida, parte de la cúpula madurista se sigue resquebrajando cuando chavistas como el caso de Rodrigo Cabezas, aseguran que la hiperinflación no se puede vencer llevando presos a los comerciantes, lo que también demuestra que el plan Maduro ni siquiera genera confianza en sus propias filas.

El país sigue su curso hacia lo más profundo del precipicio. Va cargado de pasajeros entre los cuales se encuentra la cúpula madurista ¿Aceptarán todos ellos suicidarse con el chófer del autobús, o abandonarán por las ventanas al conductor aunque eso implique una evidente infidelidad política? Los días escribirán el desenlace de esta historia.

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