Caracas 01 de febrero de 2018

@gabrieladelmarp

El gobierno aseguró que en las próximas setenta y dos horas se le darían los toques finales al pre-acuerdo alcanzado con la oposición venezolana, aún cuando unos minutos antes los voceros opositores habían asegurado que no se había alcanzado ningún acuerdo. La propaganda de falsas victorias es una de las estrategias más manoseadas del madurismo. Las expresiones evidentes de rechazo colectivo son reinterpretadas como muestras de apoyo y fervor popular por la mediática estatal, tal como ocurrió con el mango que todos vimos estrellarse contra la humanidad del Presidente pero que luego supimos, se trataba de una petición de un seguidor emocionado.  Darle seguimiento al relato del marketing oficial es un desafío mental.  Danzas triunfantes en tarimas musicalizadas mientras se desarrollan incidentes paralelos de rebeldía, hambre o muerte en cualquier otro rincón del país son cotidianas a nuestros ojos.

Quienes se oponen al gobierno -deberían en teoría- transmitir sus mensajes honradamente, con una ética comunicativa veraz e inmediata

En ese anhelo tampoco nos acompaña la fortuna.  La agenda del diálogo es opaca para el pueblo.  Al hablarse de condiciones electorales no se expone de manera taxativa los aspectos innegociables que deben contener un acuerdo mínimo que conduzca a unas elecciones transparentes y democráticas.  El desmantelamiento acelerado del voto criollo en los últimos seis meses permiten confeccionar una lista rápida de asuntos que deben incluirse:

a) El retorno de los votantes migrados arbitrariamente a sus centros electorales

b) La reposición incondicional de las tarjetas de todos los partidos políticos (en Venezuela el voto es un derecho)

c) El cese del control del voto a través del Carnet de la Patria

d) La apertura del Registro Electoral Permanente a los nuevos votantes, así como una auditoría del mismo

e) La información acerca de las condiciones para el ejercicio del voto por parte de nuestros nacionales en otros países

f) El inicio de la campaña electoral en igualdad de condiciones y con respeto de los lapsos electorales para ambos contendores son elementos innegociables para atender la cita de elecciones presidenciales.

Convocatoria que debe regirse por el mandato de nuestra Constitución vigente en las fechas previstas y por el órgano competente que es el CNE.  El país precisa de un acuerdo que privilegie los intereses del país y sus ciudadanos, porque una negociación acomodaticia desencadenaría una ruptura de los vínculos de la oposición –hoy muy débiles- con las bases.

El gobierno lo sabe y apuesta a un trato mutilado para asegurarse el desencanto del electorado opositor el día de las elecciones, garantizándose un triunfo favorecido por efecto de la abstención.  Apela al pre-acuerdo como su triunfo y filtra fotos de sonrisas y abrazos para demoler la confianza del votante contrario.  Lo deja sin líderes ni opciones, al convertir a los dialogantes en sus “nuevos mejores amigos”.  Por esta razón, el reclamo firme de las condiciones mínimas para la elección de un nuevo Presidente, no solo aclara el futuro inmediato de todo el pueblo venezolano que demanda un cambio urgente de ruta.

También define la posibilidad de supervivencia de los partidos que fueron favorecidos por la gran mayoría del pueblo venezolano el 6D del año 2015 y en un par de años, a duras penas, lograron movilizar al 0,5% del padrón electoral para complacer los designios arbitrarios del gobierno de revalidar sus tarjetas.  El desinterés del electorado frente a la validación de las tarjetas opositoras es inversamente proporcional al rechazo que acumula el gobierno, de tal manera que ¿cómo es posible tamaña desmovilización?  El mensaje es cardinal: el pueblo no validará una simulación de evento electoral para perpetuar a un gobierno que ha destruido el tejido económico y social de Venezuela, apoyándose en la represión y el control social.

Sí esos partidos no son capaces de hacer un ejercicio de empatía con el malestar inmenso de todo el país, la cita de República Dominicana se convertirá en la firma de su Acta de Defunción política, al ser incapaces de precisar, metabolizar y concretar los reclamos del pueblo que reclama no solo votar, sino también elegir.

Los términos del Acuerdo de Santo Domingo no son mas que la Fe de Vida de la oposición venezolana, que necesita restaurar su capacidad de interpretar el enorme malestar popular, otorgando la posibilidad de una salida pacífica y decorosa de la crisis nacional.