Caracas 21 mayo de 2019. El diario The New York Times publicó una impactante fotografía la semana pasada, en la que se observa una niña de dos años, que virtualmente aún parece una bebé: por la desnutrición y la falta de tratamiento médico que padece. La niña se llama Anailín Nava y vive en una precaria choza, con su familia, en la olvidada isla marabina, Toas, estado Zulia.

Si bien es cierto, es bastante complicado ayudar a una nación entera, pero ayudar a esta niña era algo más alcanzable. Una enfermera del grupo católico de ayuda Cáritas, Fabiola Molero, empacó báscula, leche, comida y suplementos nutricionales, suficientes para dos semanas y se dirigió a la Isla Toas, donde vive Anailín.

Cuando salió de su casa, su meta era verificar el estado de salud, tanto de Anailín como el del resto de los niños de esa comunidad. La isla Toas mide 3 kilómetros cuadrados y tiene 9,000 habitantes, aproximadamente. Según la madre de la niña, Toas quedó prácticamente desconectada del resto de Venezuela.

La crisis los separó del mundo porque los botes que prestaban servicio de transporte público, se paralizaron por la falta de repuestos. La isla, antes era destino turístico, ahora sus habitantes subsisten en medio de la escasez y la falta de servicios públicos (electricidad, agua, gas, salud, transporte).

Además, la comida subsidiada (Clap), llega cada cinco meses y las familias la consumen en una semana.

La enfermera Morelo trabajó 20 años en hospitales públicos. Pero hace tres años, renunció y se unió a Cáritas como voluntaria. «Renuncié porqué no podía lidiar con que los niños se me murieran en los brazos por la falta de insumos médicos», expresó a New York Times. También alertó que el caso de la pequeña, era uno de los peores que había visto en sus años de servicio.

Aunque la familia de Anailín, trataba de darle comida más de una vez al día, a veces contaban solamente arroz o harina de maíz. Tal como describe la enfermera Morelo, la malnutrición severa se agravó por una enfermedad neurológica de origen genético que le provoca convulsiones, problemas musculares y complicaciones digestivas.

Anailín, pesa la mitad de lo que debería y está demasiado débil como para viajar, de acuerdo con la enfermera. Pero asegura que puede recibir tratamiento en casa, hasta que se recupere lo suficiente para que la atienda un neurólogo, agregó.

De los 26 niños que Molero evaluó, 10 estaban desnutridos. Casi todos tenían ampollas y abscesos en la piel, a causa de la mala calidad del agua, dijo la enfermera. Hace años que la planta desalinizadora de la isla no funciona.

“La condición de nuestros niños empeora cada día”, dijo Molero, de 43 años.

Tmbiñen indicó que la principal amenaza a la salud de los niños, era la escasez de productos lácteos, que deberían llegar desde el interior del país. 2Sin leche, las familias más vulnerables recurren al plátano en polvo para hacer papillas», dijo Molero.

Y la escasez de gasolina dificulta el envío de ayuda, sumó la enfermera.

“Estamos trabajando con las uñas porque apenas tenemos recursos”, sentenció.

Testimonio de la madre

“Mi bebé estaba decaída y le estaba dando fiebre. Estaba muy mal. Ya no me daba ni la mano cuando intentaba jugar con ella. Yo pensaba que mi hija se me iba a morir”. dijo Maibeli Nava, de 25 años.

Continúa describiendo que la llegada de la enfermera (y de la comida), tuvo un impacto inmediato. “Ahorita está alegre”, confesó Nava a New York Times.

La llegada de Morelo produjo que los vecinos formaran una fila afuera de la casa de Nava, para pedir ayuda. “Nosotros aquí pensamos que el mundo se va acabar. Hay mucha crisis y se mueren mis vecinos por falta de medicamentos”, dijo la madre de la pequeña.

Lea el reportaje de New York Times completo aquí

Foto referencial

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