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[Infidelidad Política] Contraste de vida ciudadana y servicios públicos ente Caracas y resto de Venezuela. Por Javier Vivas Santana

Por Punto de Corte
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Articulista de Punto de Corte, Javier Vivas Santana se encuentra preso en el Rodeo III
Caracas, 12 de octubre de 2020

Luego de haber sido injustamente encarcelado durante casi seis meses en una condición inobjetable como preso político,  y terminar tal pesadilla con un indulto, sobre el cual debo agradecer públicamente las gestiones realizadas por Henrique Capriles Radonski y Stalin González quienes me incluyeron en la lista de liberados para remitirla a Nicolás Maduro como presidente de la República, lentamente he venido retomando la normalidad de una vida que fue muy alterada, debido a la pérdida de 25 kilogramos de peso durante ese encierro, y el deterioro que tuve de salud con varias convulsiones, en virtud de la pésima alimentación recibida, y negación en el suministro de medicamentos para mi enfermedad crónica de epilepsia.

En tal sentido, cuando fui liberado el 2-9-2020, el contraste inicial está relacionado en que al ser preso político, no importa en el sitio en que el detenido se encuentre porque el gobierno dispone de todos los sistemas de transportes posibles, sean aéreos, marítimos o terrestres para llevarte hasta Caracas, siendo en mi caso empleados los dos últimos medios de movilización sin ningún tipo de requerimiento legal, pero al momento de mi salida del penal del Rodeo III, último sitio de reclusión que tuve, después de haber estado casi dos meses en la sede principal de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), pues cada quien cuando es puesto en libertad se las debe arreglar como pueda, en virtud que ese mismo Estado, a pesar del reconocimiento de la condición de detención política,  para nada alguien te pregunta en el cómo vas a llegar en lo sucesivo hasta tu sitio de origen, y mucho menos indagar si cuentas con recursos mínimos en lo económico, ropa, o familiares en lo que algunos llaman “la gran Caracas” que puedan brindarte alimentación o apoyo residencial, mientras es posible el retorno definitivo al estado en el cual resida el recién indultado.

Ante ello, y motivado al deterioro del estado de salud que confronté durante mi encarcelamiento político estuve en Caracas hasta el 10-10-2020, y durante ese tiempo los contrastes que existen entra la ciudad capital y el resto del país, está fundamentalmente en la administración y suministro de los servicios públicos. Así vemos que durante las cinco semanas que me mantuve en la ciudad mencionada, sólo hubo un apagón de 15 horas continuas, motivado a la explosión de un transformador del sector donde me encontraba, mientras que en estados como Zulia, Táchira, Mérida o Nueva Esparta, los racionamientos eléctricos van desde un mínimo de cinco horas hasta incluso las 24 horas del día. O sea, que en mejor de los casos cualquiera de las ciudades y pueblos de los estados referidos tuvieron, en la más afortunada de las situaciones, un mínimo de 190 horas sin luz ante las horas referidas del espacio capitalino en el cual estuve alojado.

En relación con el al agua, la misma llegaba de manera permanente, un mínimo de una hora diaria, y cuando menos durante la semana era distribuida las 24 horas. O sea, que en Caracas las familias reciben diariamente el denominado vital líquido mientras que en los espacios urbanos o rurales de los estados, pues las poblaciones son condenadas a esperar y esperar hasta meses para que llegue agua por las tuberías.

Sobre el gas, la situación no es distinta, cuando el mismo es distribuido en promedio cada 15 días en todas las comunidades populares y de la malograda clase media este importante suministro para las familias, pero en estados como en Táchira, tenemos casos como el de la ciudad de Rubio y todo el municipio Junín – realidad muy similar para toda esa entidad federal – en donde la mayoría de la población está cocinando con leña.

La única similitud que existe en la calamidad de servicios públicos, se encuentra en la distribución de gasolina, la cual por razones obvias, resulta imposible para el madurismo enviar toda la gasolina – de la poca que llega desde el exterior – sólo a Caracas, porque obviamente paralizaría por completo a Venezuela, y esa es la razón por la cual, las colas de la capital para acceder a los combustibles resulta muy parecida en lo que sufren los ciudadanos de los diferentes estados.

Sin duda, que cuando algunos voceros del madurismo hablan en relación con las protestas que se generan, fundamentalmente en el interior del país, por razones de los deplorables servicios públicos que se prestan a la población, diciendo que “candelita que se prenda, es candelita que se apaga”, es porque saben que la prioridad que otorgan a Caracas en materia de servicios públicos, es para evitar que en la capital de la República no se les genere una “candelita, sino un “incendio, para el cual ni siquiera los bomberos estarían preparados para apagarlo, y menos los “fuerzas” oficialistas de choque, es decir, cualquier llama que pudiera generarse en el espacio caraqueño, y por ende terminar de arrasar lo que llegara a encontrar a su paso.  Verbigracia, saber que Caracas siendo una ciudad histórica de candela pura, los maduristas deciden que la mejor forma de evitar tales llamas es enviando agua, luz y gas a la capital en desmedro del resto de Venezuela.

¿Hasta dónde podrá ser apaciguado el potencial incendio social de Caracas, y apagadas las “candelitas” en pueblos y ciudades de Venezuela? El tiempo nos dará las respuestas.

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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