Caracas, 18 de septiembre de 2018.

Por: Lonis Chacón

@Lonischacon

La formación docente ha tenido diversas lecturas, porque es una categoría polisémica, pero siempre en atención a la educación del ser humano y al sentido de su existencia. En líneas generales, las diversas visiones e interpretaciones que se han hecho de ella, apuntan a una formación que integra lo filosófico, ontológico y cultural.  En esta contemporaneidad, según Peñalver (2014) “debatir sobre un tipo de formación tiene una centralidad de tipo antropológico: la vuelta a lo humano del ser humano”.

La antropoformación pretende hacer una ruptura con el paradigma positivista, con la formación docente basada en la lógica técnico-instrumental de la modernidad, centrada en el control, la productividad, el orden y el progreso. Dicha lógica, sustentada en la racionalidad instrumental, implosiona un sujeto despojado de su perfil humano por vía de la expresión de un proyecto moderno insensible e inexorable.

Dicha lógica instrumental, es una visión reducida, objetiva de la realidad. Deja a un lado lo imaginario, lo espiritual, lo onírico colectivo, lo lúdico; y en esa medida, tal como lo dice Maffesolí (1997) “hay que poner en juego los afectos, buscarnos y encontrarnos en una visión cosmológica y antropológica de cara a una razón sensible, plural y poética”.

La modernidad desarrolló hacia el docente gran habilidad y destreza para crear horarios, currículos, planes de estudio, e instrumentos de evaluación, pero quedó desprovisto de las medidas necesarias para vivir. Siguió actuando bajo el supuesto de la vida y no el mundo, es el supremo bien del hombre.

Un docente que no interpela su objeto de estudio de conocimiento y al conocimiento mismo, se convierte a su vez en objeto de conocimiento. Si se limita sólo a dar contenidos curriculares en su acción no está transformando lo sustantivo: al ser humano.  En consecuencia, se convierte en un oficio de peón de la cultura dominante para repetir lo que otros han dicho, no toca la esencia del problema de la formación.

En tal sentido, la formación no se puede limitar a lo que sabe o cree saber, sino estaría simplemente capacitando, pero no formando, porque ésta no se restringe en términos de resultados, ni a la razón sino al corazón.  Una formación sensible, donde surja en el ser su auténtica condición humana. He allí, donde está la verdadera potencia de la formación, el cuidado del sí.

La formación docente en clave antropológica debe reequiparse con los aportes ontológicos y antropológicos de la hibridez. Ver el nuevo horizonte epistemológico, esto promete lo discontinuo, lo irrupcional, lo contingente, lo polivalente, lo multicéntrico, lo hipercrítico, con un amplio espectro de recursividad y de pulsión intelectual y pasional. La modernidad se ha encargado de reproducir, mantener, legitimar y circular un discurso en las instituciones sociales y en saberes científicos como la universidad.

Si nos asomamos al campo discursivo de la formación docente universitaria, interpretamos las biografías entretejidas de los sujetos docentes. Apreciamos una riqueza expresiva en el sentir, pensar y narrar sus experiencias de vida, sus sensaciones y percepciones en el espacio educativo, así como también las tensiones y conflictos en el espacio cultural.

Siendo, la antropoformación, una formación humana, ésta se encarga de instituir una ética en el desarrollo y potenciación del ser como condición humana. Así, la condición humana se convierte en fundamento filosófico esencial de cualquier formación. En este sentido, la ética individuo, especie, mundo y sociedad, interactúa en una relación dialéctica transcompleja y emplaza a la ciudadanía terrestre de esta era planetaria.

La antropoformación, no pretende ser una filosofía crítica, es una ética, desde y a favor de las grandes inmensas mayorías de la humanidad, con el fin de ser transformativa, es decir, potenciar en el ser docente, la capacidad para cuidar de sí, pensar y actuar para transformarse así mismo, y al entorno. Aprender a aprender, mientras se forma, se transforma en ese ser docente.

Correo electrónico: lonischacon@gmail.com

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