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(Opinión) La cloaca de Diosdado. Por Enrique Ochoa Antich

(Opinión) La cloaca de Diosdado. Por Enrique Ochoa Antich
Caracas, 5 de noviembre de 2018.
Por: Enrique Ochoa Antich *
@eochoa_antich
No sé si porque se acaba de ir Teodoro Petkoff, una de las víctimas propiciatorias de su inmenso complejo de inferioridad, pero decido escribir acerca del teniente Cabello y de esa cloaca que llaman Con el mazo dando.
Sólo el nombre de este programa infame, y el símbolo prehistórico del garrote, indican la indigencia intelectual de quien lo conduce. Lo veo, sí, para enterarme de las necias banalidades de cierta oposición extremista que son el banquete semanal del teniente, otro extremista pero de signo contrario: por fortuna, los dispositivos tecnológicos actuales me permiten grabar previamente el programa y saltarme luego al verlo los discursos de Chávez (ese patético culto a la personalidad que ha de ser la guasa de la Venezuela por venir), los saludos a los humillados y auto-humillados militares que allí se desgañitan gritando consignas y alzan el puño e inclinan su cerviz mancillando para siempre sus presillas y su uniforme, y la pésima música que anima el aquelarre. Y saltarme también, claro, las peroratas mal pronunciadas del señor Cabello.
Violando todas las leyes en la materia, y lo que es más grave, el pundonor más elemental; desmeritándose a sí mismo; ofendiendo su dignidad propia si es que la tiene; y atropellando el lenguaje y las buenas costumbres, el susodicho teniente agrede, ofende, insulta, ultraja y miente sin vergüenza alguna.
Tal vez resulte propio de su estatura moral, pero está claro que no conoce la diferencia que hay entre un fino sarcasmo, alguna ironía natural al debate político, o la sátira, y la procacidad plana y sin gracia. La ignorancia es libre, claro, pero confieso que siento pena ajena.
Se trata de una práctica propiamente fascista y comunista: la de la destrucción moral y no política (o la de la destrucción política a partir de la destrucción moral) del adversario convertido en enemigo al que hay que eliminar a como dé lugar. Sería cómico si no fuera trágico, y si no tuviese tan gravosas consecuencias para el país, pero cuando veo a Cabello en su porte de show man, la verdad me parece un muchacho chiquito, lleno de inseguridades y de resentimientos, y pienso que allá en el fondo oscuro de su corazón, alguna profunda atrofia debe haber torcido su carácter.
Este programa (si es que puede llamarse así) retrata la vocación totalitaria del régimen político autoritario cuyas prácticas dictatoriales ya superan con creces su origen histórico democrático. Chapoteando en el lodazal, mostrando su pescuezo a ras del suelo desde el albañal que habita, cada miércoles el teniente Cabello dice lo que es.
Y nosotros, los venezolanos demócratas, ajenos a no importa qué extremo, de izquierda o de derecha, tenemos la ocasión de confirmar que estamos en lo correcto, que ése no es el país que ningún venezolano de bien puede querer, y que ya nos tocará la tarea de coletear la podredumbre de tanta ignominia para poder mirar al futuro ligeros de equipaje. 
Cada miércoles el insolente Cabello zahiere y vilipendia deshonrándose a sí mismo por siempre y para siempre. Desde la otra vida, Petkoff lo observa con desprecio.
*  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.
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