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La teoría del globo y el artículo 187 numeral 11. Nicmer Evans

Por Nicmer Evans
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Sueño con el intelectual destructor de evidencias y universalismos, el que señala e indica en las sujeciones del presente los puntos débiles, las aperturas, las líneas de fuerza, el que se desplaza incesantemente y no sabe a ciencia cierta dónde estará ni que pasará mañana, pues tiene centrada toda su atención en el presente, el que contribuya allí por donde pasa a plantear la pregunta de si la revolución vale la pena (y qué revolución y qué esfuerzo es el que vale) teniendo en cuenta que a esa pregunta sólo podrán responder quienes acepten arriesgar su vida para hacerla.

Michel Foucault, No al sexo rey.

Deseo tomar un extraordinario y pertinente cometario de mi estimado Emilio Graterón para afinar y desarrollar la “teoría del globo”. La dictadura es un globo de fiestas infantiles que debe ser explotado. Hay varias vías, pero centrémonos en dos.

La primera opción es inflar para que con la presión interna del aire, la resistencia del globo sea vencida y este inevitablemente explote, tomemos en cuenta que esta acción depende exclusivamente de nosotros. La segunda opción igual depende de la prima, debemos soplar pero si la presión interna no es suficiente entonces una aguja u objeto punzante desde afuera podrá hacer explotar el globo. Esta segunda opción no depende de nosotros directamente, y algunos no la creen necesaria.

La presión interna para la explosión del globo es la única opción que goza de consenso, pero es el camino más largo y sacrificado. La segunda opción dependen del contexto geopolítico y es mucho más costoso por las consecuencias de lo que va a cobrar quien ponga el objeto punzante, porque eso nunca a ser de gratis.

Algunos piensan que para acelerar la explosión del globo por la vía externa, la Asamblea Nacional debe por ley aplicar una terrible mala interpretación del artículo 187 de la Constitución que en su numeral 11 atribuye a la AN a autorizar misiones militares extrajeras como si estas misiones tuviesen como facultad invadir y cambiar gobiernos. Ustedes se imaginan por un momento que las constituciones del mundo atribuyesen esa facultad a algún poder instituido y la profunda contradicción con el concepto de soberanía y la burla a sus propios ejércitos.

No porque estemos obstinados de esta tiranía debemos llegar al ridículo de confundir las atribuciones de intercambio y contribución militar a la facultad de una invasión, y por último, en verdad sería profundamente estúpido pensar que para que se dé una invasión es necesario que una Asamblea o Congreso del país invadido autorice la invasión como si fuese un servicio internacional a la carta. ¿Acaso una invasión se avisa?

En todo caso dejo claro que por no desear una invasión, siempre he apostado por lo que depende realmente de nosotros, la presión interna, y en eso trabajamos todos los días. Lo otro, al no depender de nosotros, no lo obvio, pero no es para lo que trabajo.

Solo la organización en Asambleas Populares, calle por calle, cuadra por cuadra, con un sistema de comunicación autónomo al sistema del Estado, y con verdadera capacidad de movilización más allá del voluntarismo, podrá garantizar la acción contundente que necesitamos, pero además nos da la base para que después de lograr el cese de la usurpación, podamos garantizar que la transición sea verdaderamente democrática y no depende de caudillos ni gendarmes mutados.

Lo estamos logrando, y como diría nuestro apreciado Teodoro, “estamos mal, pero vamos bien”, porque estamos todos y lo vamos a lograr.

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1 comentario

Anónimo 17/03/2019 - 12:03

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