Caracas, 01 de Marzo de 2018/.- El periodista del New York Times, Wil S. Hylton, relató parte de lo que serían sus conversaciones, con el dirigente político Leopoldo López, quien se encuentra cumpliendo su condena casa por cárcel.

También revela  lo que habló en encuentros que sostuvo con la ex fiscal Luisa Ortega Díaz y el ex presidente de facto, Pedro Carmona Estanga.

A continuación fragmentos de dichas conversaciones publicadas por el diario internacional:

Pienso en un sábado de octubre. Fue unos minutos después del mediodía. Salí a caminar con mis hijos cuando un mensaje de López me llegó al teléfono. “La situación es muy delicada”, escribió. “Es posible que esté a punto de volver a la cárcel”. Rápidamente regresé a casa, abrí mi computadora portátil y, luego de un minuto, apareció en la pantalla.

Cuando le pregunté qué estaba pasando, López respiró profundamente. Apoyó un codo sobre el escritorio y se tomó la cabeza con la mano. “Anoche alrededor de las 19:30, vinieron a mi casa más de treinta oficiales de la policía política”, dijo. “Tenían más de diez autos. Cerraron toda la calle. Y luego vinieron a mi casa”.

López explicó que durante la operación detuvieron a su jefe de seguridad y, desde entonces, nadie ha tenido noticias de él. “No había absolutamente ninguna razón legal para que se lo llevaran y no han permitido que ningún abogado vaya a verlo”,

 “En nuestra conversación durante ese día de octubre, López mencionó que los agentes que allanaron su casa solo le dieron una razón: creían que estaba hablando con un periodista y grabando un mensaje de video!”.

“Recientemente le pregunté cómo estaba manejando la presión. “Es difícil”, dijo López. “Es difícil después de lo que pasó. Todos los días creo que es el último día que tengo para estar con mis hijos”,.

El periodistafue mas allá y le prefuntó si alguna vez pensó en escapar: “La mayoría de la gente me dice que debería”. “Pero creo que el compromiso con la causa significa que tengo que correr el riesgo”, respondió el dirigente y preso político.

“En el pasado, me confrontaba con las visiones diferentes”, le dijo. “Ahora entiendo que todas son necesarias para salir de este desastre”. “Pero creo que nuestra responsabilidad es ir más allá del resentimiento personal. Cuatro años de prisión me han dado la posibilidad de ver las cosas de otra manera, de poner la rabia en perspectiva”.

 “Hace algunos días estaba hablando con López”, señaló Hylton, “un poco antes de la medianoche. “No es fácil”, dijo en voz baja. “No es fácil, pero tengo la responsabilidad de decir lo que pienso. Llevo cuatro años en prisión por decir lo que pienso y, si me censuro, la dictadura me derrota”.

El autor del artículo asegura que “López piensa que, con el liderazgo correcto, Venezuela podría recuperarse. Piensa en los tiempos de posguerra en Japón, Corea del Sur y Europa. Sabe que la estabilización del bolívar puede lograrse asociando su valor al de una moneda extranjera y que, con un nuevo gobierno, el sector privado regresará. Cree que la producción petrolera del país se recuperará con una buena administración y ha estado trabajando durante casi una década en un plan para convertir a la compañía petrolera nacional en una especie de fideicomiso de Seguridad Social, con acciones de inversión asignadas al público para las jubilaciones, el sector educativo y las emergencias”.

“En 1958, hubo un golpe militar que comenzó la transición a la democracia”. “Y en otros países de América Latina hubo golpes de Estado que convocaron elecciones. Entonces no quiero descartar nada, porque la ventana electoral se ha cerrado. Necesitamos avanzar en muchos niveles distintos. Uno son las protestas callejeras; otro es la coordinación con la comunidad internacional. Así es como estoy pensando ahora: necesitamos aumentar todas las formas de presión. Cualquier cosa, cualquier cosa que deba suceder para convocar una elección libre y justa”, le reveló el dirigente de Voluntad Popular.

Hace algunas semanas me encontré con el líder que se instaló brevemente en el poder gracias al último golpe militar, Pedro Carmona, quien me dijo que el ejército había sido purgado de disidentes, con altos oficiales cuya pureza ideológica es monitoreada por el servicio de inteligencia cubano. “El G2 tiene una instalación en Caracas espiando al ejército venezolano”, dijo.

También señala que contactó a Luisa Ortega Díaz hace algunas semanas y cuando le preguntó sobre los cargos criminales contra López, ella movió la cabeza con consternación. “Sin lugar a dudas”, dijo, “Leopoldo López es un preso político”.

Lea el artículo completo aquí The New York Times.