Caracas, 15 de marzo de 2019/.- La usurpación del poder en Venezuela por parte de Maduro y su combo les ha traído unos costos que seguramente notenían calculados. Acostumbrados a jugar con la comunidad internacional y aprovechándose de la desunión de las distintas oposiciones, Maduro ha podido sortear todas las amenazas a su continuidad. Así, sobrado como quien se cree siempre tener la sartén agarrada por el mango, se inventaron -pasándose la Constitución “por la faja”- una asamblea nacional constituyente “indefenida” la cual no ha hecho más que violentar la Constitución y las leyes venezolanas una y otra vez, con la anuencia de los demás “poderes públicos” y de la “fuerza armada” (ambos en minúscula y entrecomilladas)

En este contexto de confianza extrema, podemos imaginar a Maduro en su obesidad indetenible empujándose unas 5 hallacas el 31 de diciembre, con medio pernil y una Coca Cola de 2 lts él solito, pensando que el 2019 sería coser y cantar: la oposición está dividida; la gente desmoralizada; y la comunidad internacional siempre me la vacilo, podríamos imaginar que pensaba.

Pero calculó mal. Dicho en criollo “se le subió la gata a la batea”: la gente que creía desmotivada sigue con su espíritu cívico intacto; la comunidad internacional ha estado más activa e involucrada, así como menos propensa al engaño; la oposición sigue unida y, lo que es mejor aún, pareciera haber una estrategia clara y definida.

Si bien aún Maduro y su equipo quieren proyectar esa imagen de “todo bajo control”, la verdad pareciera ser otra. La pauta la lleva la oposición. Los ritmos parece marcarlos Guaidó. Esta vez la improvisación y el desespero pareciera haberse mudado de bando. Quieren insuflar ánimo a su gente, pero las convocatorias son pobres; quieren seguir construyendo un mundo retórico perfecto, pero cada vez menos gente les cree; quieren construirse una épica, y llamar a la unidad nacional, pero en el fondo saben que nadie los va a acompañar, nadie va a dar la vida por ellos, nadie va a salir a repeler una supuesta invasión solo para que ellos sigan haciendo lo que se acostumbraron a hacer: mentir, robar, violentar-

En este sentido, es muy poco creíble imaginarse a un batallón de obesos, acostumbrados a la buena vida, con los bolsillos llenos de dinero, defendiendo su revolución y gritando rodilla (barriga) en tierra. Por eso Pedro Carreño da risa en una tarima y un fúsil terciado; por eso Diosdado no asusta, cuando dice que irá agarrando los fúsiles de los caídos para seguir él, cual Rambo tropical, en combate. Ni Maduro. Ni Aristóbulo. Ni ninguno de ellos que, en la seguridad que sienten al estar rodeados de escoltas y/o de militares armados, vociferan a los 4 vientos su valentía y virilidad.

Parecieran haber muy pocas dudas acerca de la continuidad y viabilidad de la dictadura madurista en el tiempo. Ojalá que su salida sea la que menor costo signifique para el país. Ojalá no tengamos que comprobar que su cacareada valentía es otra más de sus mentiras.

Daniel Gil Machado

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