Caracas, 19 de febrero de 2019.

Por: Enrique Ochoa Antich *

@eochoa_antich

Con tristeza y casi estupor, veo que organizaciones e individualidades a las que creía comprometidas hasta el tuétano con la ruta democrática (incluyendo JUNTOS, el grupo de opinión política al que pertenezco) han tomado la decisión de apoyar el inconstitucional, autoritario, violentista y antinacional supuesto “interinato” del presidente de la AN como dizque presidente de la república, tan usurpador éste como el otro. No sólo no comparto esa decisión sino que repudio de modo meridianamente claro, por razones que voy a tratar de resumir aquí, la ruta propuesta al país por la AN, esa especie de mantra que dice: cese a la usurpación / gobierno de transición / elecciones libres.

Luego de boicotear una y otra vez esa ruta democrática: abstención, no-diálogo, protestas violentas, el extremismo opositor parece haberse salido con la suya: por la vía de los hechos cumplidos (como hechos cumplidos fueron el del golpe de Estado del 12A, el paro indefinido y las guarimbas), sus capitostes fueron jalonando el camino hasta acá y aislando e incapacitando a la oposición democrática (echando mano, dicho sea de paso, de una injuriosa campaña de destrucción moral contra todo aquél que osara disentir de su pensamiento único). Nada nuevo: se trata de un viejo plan acariciado por sus mentes febriles desde 2002. Aprovechándose de un hecho fortuito: la llegada de VP a la presidencia de la AN, y echándose sin pudor y sin recato en los brazos de los EEUU, el extremismo ha reconquistado la hegemonía de la oposición. El más grosero episodio de todos, otro hecho cumplido que los retrata en cuerpo y alma, fue la auto-juramentación del presidente de la AN como encargado de la presidencia de la república sin consultar siquiera a sus más inmediatos colaboradores (el rostro de los vicepresidentes en la tarima fue todo un poema): desnudo autoritarismo. No nos llamemos a engaños: tras la apariencia de pluralidad y amplitud, a esta oposición sólo la dirigen un sector de PJ, VP y… el Departamento de Estado y en esa instancia se adoptan todas las decisiones importantes. Es la dirección política real de una oposición tutelada.

Sí, conectaron con la desesperación de la gente, agobiada por la devastación del país que acomete con empeño digno de mejor causa el peor gobierno de toda nuestra historia: lo hicieron creando una ilusión que algunos llaman esperanza y que aun está por verse si no es sólo espejismo. Sí, posiblemente logren su cometido y entren en Miraflores (quién sabe si sobre la punta de las bayonetas del ejército estadounidense y tras una montaña de cadáveres). Sí, quizá tienen razón (pragmática) quienes hasta por razones generacionales, quieren sumarse a esta eventual y penosa “victoria” y formar parte de esta historia torcida. En mi caso, no voy a sumarme al coro de los contemporizadores, que dicen que hay que seguirle el paso a la gente. No es mi talante. No me gusta, no estoy hecho a la medida de ese sentido de la oportunidad, que en algunos casos se convierte en oportunismo: no tengo estómago para eso.

Por tanto digo:

1. No puedo apoyar, ni explícita ni tácitamente, una ruta que rechaza de plano, como sus principales voceros han dicho, el diálogo y la negociación… a menos, dicen ellos, que comience por la rendición del otro. Soy y seré dialoguista. Creo que se dialoga siempre, incluso en la peor de las circunstancias, bajo las bombas como Vietnam, bajo las balas y desde la cárcel como los negros en Sudáfrica, desde el silencio impuesto como la disidencia política en los regímenes comunistas de Europa oriental. No puedo apoyar a quienes se vanaglorian en ser el no-diálogo.

2. No puedo apoyar una estrategia que comienza por una premisa, cese a la usurpación, que planteada así, sin diálogo ni negociación, conduce casi fatalmente a, o al menos acepta la posibilidad de, una intervención militar extranjera, lo que por demás ha sido explicitado por sus principales voceros (el propio presidente de la AN ha dicho que está dentro de las facultades del cuerpo, interpretando abusivamente el artículo 187 de la Constitución que habla de autorizar la presencia en territorio nacional de misiones militares extranjeras, ¡como si un ejército extranjero multinacional pueda ser conceptuado como misión!: ¿será que cree que los venezolanos somos imbéciles?).

Me explico: si se dice “cese a la usurpación” sin diálogo ni negociación, se está diciendo, como con claridad ha dicho Machado, por la fuerza; si se dice por la fuerza y, como parece haber quedado claro con los numerosos testimonios pro-maduristas de la F.A., no se tiene en el país, no queda sino buscarla afuera; y si se busca afuera pero las sanciones y el acoso no bastan, según el fanatismo madurista nos hace ver (como toda burocracia “comunista”, sus mandamases pueden devastar al país en nombre del país, es decir, de su delirio dizque justiciero y “revolucionario” pero permanecer en el poder), entonces no queda sino apelar a la fuerza militar: es decir, a una intervención militar extranjera, en nuestro caso gringo-colombo-brasileña. Vergüenza.

Lo digo con respeto: ya estoy muy viejo para al final de la vida, manchar mi conciencia siendo tonto útil de una indignidad como ésa.

Ojalá no se llegue hasta aquí. Se rumora que el gobierno y los EEUU (en esa mesa la oposición cuenta poco) están explorando un acuerdo que aseguraría la paz y una salida electoral en Venezuela. Bienvenido sea.

3. No puedo apoyar una política claramente inconstitucional y autoritaria. Es verdad que estamos en una realidad compleja y urgente que pone a lo político por encima de lo jurídico, pero obviar ciertas rigideces de lo jurídico sólo puede hacerse con base en acuerdos y consenso y por medio de un mandato popular (por eso la propuesta del referendo consultivo que algunos hemos formulado). Sí, poner la política por encima de lo jurídico… ¡pero no patear la Constitución! ¿Dónde dice nuestra ley de leyes que un encargado de la presidencia de la república se auto-juramenta sin acuerdo explícito del cuerpo, previo debate del asunto, y en la plaza pública?

Denunciar su violación por parte del Estado autoritario y de seguidas atropellarla, deslegitima el discurso opositor. Su respeto es o debe ser la fuente principal de su legitimidad. El fulano Estatuto de la transición es por donde se le mire arbitrario y antidemocrático. ¿Cómo es eso que los dos principales Poderes Públicos se concentren en uno solo por tiempo indefinido? ¡Estamos regresando a los tiempos de la Convención durante la revolución francesa!

Basar, además, toda su legitimidad jurídica en el artículo 233 de la Constitución, cuando éste es suficientemente específico y para nada contempla los supuestos a los que quiere aplicarse, es una antológica arbitrariedad. Por cierto, este 23 finiquita ese “intinerato”, ya que se basa en el artículo de marras: ¿qué va a hacer la oposición/AN? Porque de no cesar la pretendida “presidencia interina”, el 24 tendremos, incluso de acuerdo a la narrativa de la AN, dos usurpadores, dos ilegítimos.

4. Y no voy a compartir una política extremista que vuelve a jugarse el pellejo en un todo o nada. Si me preguntan, no creo que Maduro pueda soportar el peso de esta inmensa presión internacional, pero allí están Corea del Norte, Cuba e Irán e incluso Siria, aunque reconozco las diferencias geopolíticas y epocales entre esos ejemplos y la Venezuela de hoy. Ya la primera hipótesis del plan fracasó: ha pasado más de un mes desde la juramentación de Maduro ante el TSJ y el pronunciamiento militar que presumían, que el liderazgo opositor prometió a los gringos, y que al final casi rogaron y ruegan, no se produjo (y según sé, no va a producirse, aunque reconozco que al respecto nunca se sabe: aunque creo que lo más que se produciría sería una sangrienta conflagración entre militares venezolanos, especie de “guerra civil”, que justificaría la injerencia militar extranjera).

Así, el 23F parece un punto de inflexión.A menos que se produzca algún acuerdo de última hora (y ojalá que así sea), las opciones extremas son: o la oposición procede y con las armas extranjeras por delante, ingresa la ayuda humanitaria, inicia una guerra intervencionista que termine con la toma del poder, e instalan al auto-juramentado en Miraflores, o la población se verá nuevamente defraudada, el “sí o sí” terminaría siendo una habladera de pistoladas, y se iniciará un proceso de reflujo que puede saldarse en una mayor desmoralización y desmovilización, lo que puede adentrarnos en una larga agonía para el madurismo, de años quizá, que sería una larga agonía para el país también.

Algunos venezolanos integrados en la Alianza por el Referendo Consultivo hemos diseñado una ruta para un cambio de gobierno en paz: nuevo CNE > referendo consultivo para mandatar la relegitimación de todos los Poderes Públicos mediante elecciones generales > conformación en el acto de un gobierno de unidad nacional (sin Maduro, claro). No sé qué chance tenga esta propuesta, y si los tiempos de la guerra dan, pero al menos será un testimonio para salvar la honrrilla, y, si llega a producirse lo peor, dejar dicho que cuando en Venezuela los más se dejaron tentar por la violencia, la sangre y la barbarie, hubo quienes intentamos un camino democrático y civilizado.

(*)  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Miembro de la Concertación por el Cambio.

Vea otros artículos sobre el autor aquí en punto de corte


Suscríbase a nuestro canal de Telegram y YouTube
Estamos también en TwitterFacebook Instagram