Caracas 06 de abril de 2019. Ha sido de mayor impacto, para el régimen de Nicolás Maduro y para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, lo ocurrido el 30 de Abril con el pronunciamiento de un pequeño grupo de militares y funcionarios de Inteligencia, junto al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó, que cualquier llamado a la institución castrense ocurrida en los últimos años por parte de la oposición venezolana.

Los hechos del 30 de abril, cuando Juan Guaidó se mostró rodeado de militares, representaron la imagen más vívida de que la institución castrense no lo apoyaba de manera abrumadora, ni era «profundamente chavista»

Hasta ahora Maduro se sentía confiado en el control de la FANB, a través del general en Jefe Vladimir Padrino López. Y no es que en algún momento no tuviera pequeños altibajos que le causaran nerviosismo y que en los últimos meses lo habían llevado, en varias oportunidades, a presentarse, de manera intempestiva, en las oficinas del poderoso ministro de Defensa. De ahí salía confiado y pasaba la tempestad hasta un próximo episodio.

El jefe de la revolución ha confiado en Padrino López, pero sabe que el alto oficial no es un subalterno incondicional, aunque pueda serle leal. Ha entendido que no es un militar genuflexo, aunque lo ha llevado a escenas poco agradables para él, como cuando lo fue presionando hasta que el General le imprimió cada día una mayor carga ideológica y política a su discurso.

Pero no es solo un problema de militares aliados o leales, es también de liderazgo. En este momento el oficial de mayor ascenso sigue siendo Padrino López, quien debió pasar a retiro en el 2014, fecha de la última promoción que permaneció 30 años en la FANB, porque de ahí en adelante y a consecuencia de la reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada los oficiales permanecen 33 años en ejercicio activo.

Y ocurre el 30A

Lo ocurrido el martes 30 de abril no es solo como dijo Diosdado Cabello, presidente de la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente «un reducido grupo de desestabilizadores» o como los catalogó el ministro de Comunicación Jorge Rodríguez «un reducido grupo de efectivos militares traidores». Representó la imagen más vívida de que la institución armada no apoyaba de manera abrumadora a Nicolás Maduro, ni era «profundamente chavista».

Bastó ese pequeño grupo para hacer tambalear a la institución militar, para impedirle que reaccionara apropiadamente ante lo que los ministros de la Defensa y Comunicación llamaron «golpe de Estado». Pasaron las horas sin que reacción pública alguna por parte del Gobierno, hasta que tres horas después Diosdado Cabello aparece en llamada telefónica a través de Venezolana de Televisión hablando de lo ocurrido y explicando que los militares de la Guardia Nacional y funcionarios del SEBIN habían sido llevados engañados al movimiento que liderizó Juan Guiadó en las adyacencias de la Base Aérea La Carlota.

Hizo llamados desesperados para que «todo el pueblo de Caracas vénganse para el Palacio de Miraflores, inmediatamente, motorizados, milicianos, patrulleros y patrulleras». Pero solo un pequeño grupo acudió a la convocatoria, de manera que pocas horas después ya nadie se encontraba en ese centro del poder Ejecutivo.

Fue él quien dijo que había absoluta calma en el país y que había hecho contacto con gobernadores, con jefes de las Zonas Operativas de Defensa Integral (ZODI), de las Regiones de Defensa Integral (REDI).

El ministro Padrino publicó algunos tuits, pero Nicolás Maduro no apareció sino muchas horas después.

Actos y abrazos

Maduro dijo en un acto militar  que «todos los días vamos a estar en marcha militar» y parece que lo está cumpliendo, de manera que cambió su estrategia ante la Fuerza Armada, luego que dos funcionarios de la administración Donald Trump declararan que el presidente del Tribunal Supremo de Justicia Maikel Moreno, el Ministro Padrino López y el mayor general Hernández Dala habían sostenido conversaciones para la salida de Nicolás Maduro del poder, pero que se habían retractado a última hora.

El jueves 2 de mayo se exhibió en un acto militar en el Fuerte Tiuna, en un acto de reconocimiento de lealtad de la FANB, ante más de 4 mil 500 soldados, donde advirtió que «Sí, estamos en un combate, máxima moral en ese combate para desarmar a cualquier traidor, a cualquier golpista».

Ese día el ministro Padrino López sentenció «Venimos a ratificar nuestra lealtad al mando supremo de la Fuerza Armada que es el único presidente, el presidente Nicolás Maduro».

Maduro siempre estuvo claro que debía tener sus propios militares de confianza, por la importancia de la Fuerza Armada, que por la Constitución Bolivariana es la institución que tiene el monopolio de las armas. Su primer intento fue con la almirante en Jefe Carmen Teresa Meléndez Rivas, actual gobernadora del estado Lara, a quien nombró ministra de la Defensa el 5 de julio 2013.

Meléndez, quien tenía estrecha amistad con la primera dama Cilia Flores, significaba una garantía para Maduro. Y así fue por cierto tiempo, aunque la almirante no logró convertirse en una líder militar ni ganar ascendencia en la institución armada. Contra ella conspiraron varias cosas; proviene de uno de los componentes más pequeños de la Fuerza Armada, además de que en la FANB con tendencia mayoritariamente masculina, la dama debía enfrentar el machismo.

De nada sirvió que Meléndez hubiese sido viceministra de Educación del Ministerio de la Defensa, en tiempos de Hugo Chávez, o comandante general de Personal de la Fuerza Armada ni que fuera él quien la asciende como la primera Vicealmirante venezolana y la designara como Ministra del Despacho de la Presidencia. Maduro la nombra ministra de la Defensa a la par que la asciende a Almirante en Jefe, siendo la primera mujer en ambos campos.

Maduro necesita urgente un relevo militar y pone los ojos en su incondicional general del ejército Carlos Alberto Osorio Zambrano, quien había sido tres veces nombrado Ministro de Alimentación. Lo regresa a los cuarteles, en enero 2016, como comandante de la Región Estratégica de Defensa Nacional (REDI) Central, en sustitución del MG Benavides Torres.

La pretensión era prepararlo para ingresarlo al Alto Mando Militar y eso hace en septiembre de ese mismo año 2016, cuando lo designa Inspector General de la Fuerza Armada, con miras a nombrarlo Ministro de la Defensa. Pero Osorio Zambrano, no solo no logra asumir ningún liderazgo, sino que recibe el profundo rechazo de la institución armada por los escándalos de corrupción que arrastraba desde su paso por el Ministerio de Alimentación y Corporación CASA.

Es así como es retirado del Alto Mando y unas semanas después Maduro lo nombra en el Despacho de la Presidencia, después lo envía a un cago menor encargado de una empresa de Transporte en el olvido.

Llega Padrino

Para ese momento ya Padrino López, promoción 1984, se había erigido como el líder militar de mayor ascenso en la Fuerza Armada. Y Maduro dejó sobre él la responsabilidad de la institución mientras preparaba a sus relevos.

Nombra al general (Ej) Iván Rafael Hernández Dala en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) y luego simultáneamente en la Casa Militar como Jefe de la Guardia de Honor Presidencial; así lo va preparando para acercarlo a liderar la Fuerza Armada y para ello envió a la promoción 1985 seis meses antes para sus casas. Ahora podría repetir la escena con la promoción 86 y acelerar a la 87, para colocar a Hernández Dala de la promoción 88 a las puertas del Ministerio de la Defensa.

Nicolás Maduro Moros y Vladimir Padrino López

En el pesado ambiente estaban las palabras de John Bolton asesor de seguridad del presidente Trump, contra dos de los hombres que en ese momento rodean a Maduro; Padrino a un lado y Hernández Dala detrás.

Quizá lo más significativo es que Maduro le cedió directamente la palabra al Jefe del Comando Estratégico Operacional (Ceofanb) almirante en jefe Remigio Ceballos Ichaso, esta vez cuidando rigurosamente el uso del uniforme patriota, quien para desagrado de los oficiales en tribuna desplegó un discurso de lugares comunes, casi rayando en la vulgaridad y lejos de lo que debe decir un jefe militar ante la tropa.

Maduro bajó hasta donde estaba la tropa, se quiso abrazar con ellos mientras pedía que se tomaran una fotografía, en un intento de compenetrarse con los jóvenes militares.

Al día siguiente, el viernes 3 de mayo, ordenó concentrar al generalato en una reunión llevada a cabo en Fuerte Tiuna. Maduro se reunió con los militares nuevamente y aseguró que nunca pensó en irse del país y que está dispuesto a dar la vida por la revolución.

Ayer sábado 4 de mayo amaneció muy temprano en El Pao del estado Cojedes en un curso de 24 días que hacen un grupo de 3 mil 770 jóvenes. «Quise venir personalmente señores oficiales a ver este inmenso campamento de entrenamiento en el que ustedes están aprendiendo el Método Táctico de Resistencia Revolucionaria», donde les advirtió que «ustedes son los almirantes y generales del 2050». Los instó a estudiar la doctrina Monroe Vs la doctrina bolivariana.

Destacó que está ahí porque quiso «estrechar sus manos, ver su capacidad física, operativa, militar».

Y no dejo de mencionar que lo acompañaba el ministro Padrino López, los comandantes generales de los componentes y Milicia, así como el Estado Mayor Superior, los directores de las siete academias militares y el rector de la Universidad Militar Bolivariana general Félix Osorio.

Original de Infobae

Foto referencial

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