Un estudio de Consultores 21 mostró que 75% de la población no cree que la “guerra eléctrica” esgrimida por el Ejecutivo sea la verdadera causa de los apagones.


Si todo indica que la crisis de los servicios públicos en Venezuela no es coyuntural, ¿hay que acostumbrarse a las fallas de luz, a la falta de agua, a quedarse hablando solo con el teléfono en la mano?

Caracas, 18 de abril de 2019. En marzo algo se quebró para siempre en Venezuela. Quizá la mayor sorpresa no fue que la luz se marchara –por primera vez- el 7 de marzo, sino que 12 horas después Caracas siguiera sin electricidad. Esa fue la constatación de que los servicios podían colapsar no “por un ratico” sino por varios días seguidos, y debido a los problemas estructurales tantas veces denunciados.

¿Ni luz, ni agua, ni Metro, ni gas, ni transporte? La crisis de los servicios públicos venezolanos no es coyuntural. Por el contrario, afirman expertos, está asociada con un modelo político y económico que hace insostenible el mantenimiento de las cosas que se daban por sentadas, como encender un fuego, abrir un chorro o pulsar un interruptor.

Un estudio de Consultores 21 concluye que 9 de cada 10 venezolanos padecieron el primer apagón (7 de marzo), el que podría dividir la historia del país –en lo que atañe a los servicios públicos- en un antes y un después. Además, 8 de cada 10 consideran que el problema eléctrico no se ha arreglado. Y aunque el Ejecutivo del mandatario Nicolás Maduro mantiene la tesis de que lo sucedido en marzo es consecuencia de un repertorio de ataques (ciberataque, ataque electromagnético, ataque físico), 75% de la población no “compra” la explicación oficial de la supuesta guerra eléctrica.

Hay razones para que la gente desconfíe de esa narración que deposita la culpa en otros. Incluso antes de los apagones ya la electricidad era inestable para 7 de cada 10 venezolanos, refirió Saúl Cabrera, presidente de Consultores 21, durante el foro “¿Cómo sobrevivir a la hiperinflación y al colapso de los servicios públicos?”, organizado por Ecoanalítica y celebrado en Caracas el miércoles 10 de abril.

Hablando solo

La energía eléctrica es solo la punta del iceberg de ese colapso que retrata Ecoanalítica, pero sin duda es un servicio clave que incide en los otros. 80% de los venezolanos –de acuerdo con la encuestadora- tiene problemas con el acceso al agua potable, agudizado por los apagones. Hay casos emblemáticos, como el del municipio Chacao del estado Miranda, donde después de las protestas del año 2014 el suministro no se volvió a regularizar, lo que inclinaría la balanza hacia la explicación política (una retaliación) y no hacia la técnica.

El descalabro de las telecomunicaciones también se hizo evidente con las fallas eléctricas, aunque antes de ellas ya era habitual quedarse “hablando solo” con el teléfono en la mano. Fernando Martínez Mottola, expresidente de la Cantv y experto en la materia, detalla que al robo de cables, baterías y repuestos se añadió el efecto de los apagones; recuerda que igual que en una casa se daña un electrodoméstico por las fluctuaciones eléctricas, lo mismo puede suceder con una central telefónica.

Los recientes ajustes de tarifas no comunicados formalmente por el Ejecutivo de Maduro pero sí implementados por las empresas de telefonía no han ayudado a atender las necesidades del sector, porque se quedaron cortos, asevera Martínez Mottola. “Hay un rezago en las inversiones”, insiste. Las tarifas reales podrían ser hasta 10 veces más que las actuales, pero el mismo analista se pregunta cuántas personas podrían pagarlas.

Como los trabajadores de las telecomunicaciones no son marcianos, igualmente se han sumado a la migración forzada. “Sufrimos la pérdida de un personal capacitado, profesional que teníamos y que era de primera línea”, reflexiona.

Las consecuencias de ese coctel ya las vive el venezolano: Si se daña un equipo es casi imposible reponerlo; es difícil disponer de una línea telefónica. Y el horizonte inmediato no parece ser el mejor.

Vivir con esa realidad

Nada hay de resignación en el ánimo de Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica. No obstante, considera que la realidad venezolana obliga a empresarios y comerciantes a tomar medidas. Según su análisis, en el corto plazo la crisis de los servicios entrará en lo que llama la “clave estructural”; es decir, con fallas recurrentes, con la electricidad como un marcador definitivo.

Es por eso que Oliveros propone al sector privado -entre otras medidas- organizarse para tener, al menos, autonomía energética. “No es fácil, pero si llegó el problema eléctrico para quedarse usted debe pensar en la máxima autonomía que puede lograr”, recomienda el economista. En otras palabras, depender lo menos posible –si el bolsillo lo permite- del suministro de Corpoelec.

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