Caracas, 27 de agosto de 2018.

Por: Enrique Ochoa Antich*

@eochoa_antich  

La oposición extremista y por tanto maximalista y esencialista, es previsible por propia naturaleza. Cuando el gobierno habla, ya sabemos lo que esa oposición va a decir: lo contrario. No importa si se trata de una iniciativa que aunque sea palíe el sufrimiento de la gente. No importa que se trate de propuestas que ella misma ha formulado. Mi opinión personal es que la oposición democrática, cuyo pensamiento y conducta deben ser un tanto más complejos que los que se derivan del maximalismo y el esencialismo, debe procurar no caer en la tentación de ese reflejo condicionado según el cual si el gobierno dice A nosotros decimos Z.

Las recientes medidas económicas anti-híper-inflacionarias son una buena ocasión para que la oposición democrática muestre una postura superior más allá de la polarización, diferente al oposicionismo fácil. A titulo estrictamente personal, quisiera expresar mi opinión acerca de la que creo debe ser la conducta de la oposición democrática frente a ellas. Sugeriría adoptar una posición como la que sigue:

  • Hasta aquí hemos llegado debido a la terquedad ideológica y a los intereses creados que han hecho que el gobierno retarde unas medidas ha rato necesarias: el enorme sacrificio social que ellas van a causar en la población es responsabilidad exclusivamente del gobierno.
  • El gobierno ha reconocido el fracaso de un modelo socialista-estatista, fallido luego de 20 años de espejismos populistas.
  • Desconfiamos del gobierno como desconfía el mundo entero. Y la confianza es el oxígeno psicológico de cualquier programa de reforma económica que se intente.
  • Las medidas son insuficientes: faltan muchas medidas institucionales como la designación de nuevas directivas consensuadas en el BCV y en PDVSA y económicas como la reprivatización de las empresas estatizadas, comenzando por las agroalimentarias (aspecto clave si se quiere recuperar la confianza).
  • Falta que se nos diga su fuente de financiamiento: ¿es China?, ¿por qué se oculta?, ¿a cambio de qué se obtendría ese eventual dinero fresco? Los venezolanos merecemos saber. No creerá el gobierno que puede alcanzar el volumen de recursos que requiere (más con los numerosos subsidios directos anunciados) para acabar con el déficit fiscal, sólo a través del fuerte incremento en los impuestos y las tarifas y en el precio de los combustibles. Un aspecto clave para el éxito de un plan de ajuste es su transparencia.
  • Pero muchas de esas medidas fueron pedidas por la oposición durante años y van en la dirección correcta. Valoramos la rectificación que intentan de 20 años de estatismo y populismo. Vamos a ver si funcionan.
  • A diferencia de la oposición extremista, ni nos adelantamos a su eventual fracaso ni mucho menos deseamos que fracasen.
  • En nombre del pueblo que sufre, deseamos que funcionen y estamos dispuestos a buscar los consensos nacionales e internacionales que ellas requieren.
  • El mayor sufrimiento de la gente es la híper-inflación, causa inmediata de todos nuestros males. Lo que pueda hacerse y se haga para abatirla, merece y merecerá nuestro respaldo.
  • Las fiscalizaremos rígidamente. Denunciaremos sus insuficiencias. Y propondremos alternativas.
  • Exigimos diálogo y negociación que propicie una transición política pacífica y electoral que sería el mejor entorno para que una reforma del modelo económico tenga éxito.
  • Ya va siendo hora de que el gobierno se siente a conversar con seriedad con la oposición, para debatir los grandes temas políticos, institucionales, económicos y sociales de la nación, incluyendo la garantía del principio de alternabilidad republicana.
  • Más allá de estas medidas, los objetivos de la Venezuela democrática siguen allí: 

Reinstitucionalizar al Estado y todos sus Poderes Públicos;

Construir una verdera democracia, plena en el resguardo y promición de los derechos humanos, políticos y cuviles, económicos y sociales, culturales y ambientales, del pueblo;

Forjar una economía social de mercado que asegure el desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas del país y un crecimiento económico con justicia social;

Establecer un verdadero Estado de bienestar que asegure progreso para todos. 

Incluso aunque estas medidas tuviesen éxito, está muy lejos el gobierno de tener la estatura para llevar a cabo estas tareas históricas. La Venezuela democrática tiene aún un nuevo proyecto de nación que acometer. Y la oposición democrática sigue teniendo el desafío de dotarla del liderazgo capaz de conducir esta nueva época.

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