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Nicmer Evans: En neototalitarismo la lucha es entre los de abajo contra los de arriba

Nicmer Evans: En neototalitarismo la lucha es entre los de abajo contra los de arriba

El madurismo ha ganado una batalla como consecuencia de un fraude. El haber desarrollado una elección monopartidista y haber alterado las cifras de participación, no fue su éxito, porque el verdadero éxito fue haber logrado que las fuerzas que se le oponen no pudieran ponerse de acuerdo para evitar que esa elección se diera, y aún peor, que la Asamblea Nacional Constituyente de facto, se instalara.

Otro elemento en lo psicosocial que ha afectado mucho a otros sectores políticos menos partidistas, es el hecho de que el terror, la represión y el miedo hayan logrado amainar la fuerza de las movilizaciones. El gobierno, principal responsable de la violencia, consiguió una contraparte violente que logró alejar a la gente que concibe la lucha no violenta como un método de protesta mucho más efectivo contra el neototalitarismo madurista.

Pero lo definitivo para el fracaso de la última batalla que se ha librado contra el poder absolutista ha sido una conducción político opositora en manos de la MUD, igual o aún peor que la absolutista: sectaria y aplastante.

Hoy, la lucha que se libra en nuestro país por el restablecimiento del Estado de Derecho, la democracia y el hilo constitucional supera cualquier obstáculo en la diatriba de “las izquierdas y derechas”, y formula la relación aún menos ideológica pero mucho más política, porque es la ruptura con la estructura de poder dominante: la lucha de los de abajo contra los de arriba, aquellos que nos quieren aplastar como mayoría, sometiéndonos a la persecución, acoso, extorsión y muerte.

En este marco, el neototalitarismo no ha vencido aún, y aún mejor, es derrotable, pero la fórmula sigue siendo compleja, porque para lograr ese objetivo, instancias como la Mesa de la Unidad Democrática deben hacerse a un lado en su protagonismo o desaparecer, y un sector de la izquierda y del chavismo debe dejarse de complejos y sectarismos para avanzar en una nueva instancia de coordinación táctica, una especie de frente antitotalitarista, constituido predominantemente por sectores sociales que hayan resistido a su disolución por parte del “Estado” y todas aquellas organizaciones políticas más allá de sus intereses grupales.

Cuando estemos en democracia, la disputa política deberá profundizarse, esa es la esencia democrática, pero no estamos en democracia, por lo que se debe comprender que hoy y a esta hora el enemigo es quien atenta y disuelve la Constitución, así como lo fueron quienes en su momento atentaron contra ella en el 2002.

El pueblo venezolano nunca ha perdido una guerra, porque siempre las ha desarrollado en nombre de la libertad, y hoy existe una gran oportunidad de ganar nuevamente, pero solo en unidad táctica, y con base en las luchas reales, la de la gente que no le alcanza su salario, que intenta vivir de su trabajo dignamente, la de aquellos que no consiguen la medicina, que no encuentran los alimentos básicos, de aquellos que son sometidos por el hampa y están autosecuestrados en sus hogares por temor a salir a la calle porque pueden ser robados.

Algo, como se llame, debe emerger de un nuevo tipo de movilización social y política de todos aquellos indignados por la acumulación de riqueza de los políticos cupulares que nunca podrán decir de qué viven, y que tampoco podrán salir de nuevo tranquilos a la calle, solos, a caminar.

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