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(Opinión) Pacto anti-inflacionario gobierno/oposición. Por Enrique Ochoa Antich

(Opinión) Pacto anti-inflacionario gobierno/oposición. Por Enrique Ochoa Antich

Caracas, 9 de julio de 2018.

Por: Enrique Ochoa Antich*

@eochoa_antich

Venimos de celebrar otro 5 de Julio. Los jerarcas del gobierno volvieron a echar mano de su conocida retórica patriotera. Alí Primera escribió para algunas de sus canciones: La Patria es el hombre. Y hoy, esos hombres y mujeres venezolanos que son la patria, padecen hambre, mueren de mengua en los hospitales por falta de medicamentos y de atención médica adecuada, y sufren el mayor colapso de los servicios públicos de que se tenga memoria. Allí están para probarlo las 23 protestas sociales que cada día sacuden nuestras calles. Allí están las huelgas de enfermeros y profesores. Allí están los barrios reclamando la falta de agua y los cortes de electricidad. Allí están los usuarios del transporte público agredidos en su propia dignidad de ciudadanos. ¿Se dará cuenta el gobierno del polvorín sobre el cual se encuentra sentado?

Una de las causas esenciales de estos padecimientos, y la que más daña a todos, además de la criminal reducción de la producción petrolera, es el proceso hiperinflacionario cuya sola mención es ya casi un lugar común en nuestro país. Detrás del hambre, del desabastecimiento de medicinas, de la falta de repuestos, o de la imposibilidad de las mayorías de pagar sus precios, se encuentra siempre la hiperinflación que convierte en sal y agua el ingreso de las familias. De nada sirven los recurrentes aumentos salariales pues, como se dice, los salarios suben por las escaleras mientras los precios suben por el ascensor… ¡y por uno muy veloz!

Frente a esta inescapable realidad, el gobierno ha tenido la nada original ocurrencia de proponer pactar el control de los precios de 50 artículos de primera necesidad. Es el fulano Plan 50. Ya lo escribimos en este espacio hace poco: creer que en un entorno hiperinflacionario puede siquiera explorarse la posibilidad de pactar precios fijos por la vía de establecer la estructura de costos de las mercancías así sea mensualmente, es más que una candidez, una necedad. ¿Cómo siquiera imaginar que un empresario puede acordar nada de modo perdurable si también sus medios de producción, que no son sino otras mercancías, están sometidos a esta despiadada presión hiperinflacionaria que sufrimos todos? ¡Su estabilidad de costos varía por día e incluso por hora! ¿Podrán entenderlo los burócratas gubernamentales?

Aquí llegamos al quid de la cuestión: el entendimiento que de estos asuntos tienen quienes siguen aferrados a antiguos y superadísimos dogmas del socialismo estatista. Expresión pedestre de esta visión es atribuir los procesos inflacionarios a la especulación de empresarios y comerciantes, sin percatarse de que ésta existe (porque es verdad que existe) sólo cuando el entorno, si es de escasez, lo permite. Si así se cree, lógicamente se trata de controlar los precios para acabar con la especulación. Es entonces cuando el complejo proceso económico (empresarios, trabajadores, bancos, créditos, fábricas, proveedores, importaciones, insumos, materias primas, etc., etc., etc.) se pretende encorsetar dentro de normas, controles y sanciones. No entiende esta mentalidad estatista, que causa última de la inflación es la escasez, y que ésta no es sino falta de producción, y que ésta a su vez proviene del acoso, cerco, acecho a la iniciativa privada, fuente principal de la creación de riqueza en toda sociedad, y también el déficit fiscal y su secuela, la emisión de dinero inorgánico que, ley de la oferta y la  demanda, hace que el valor de la moneda baje, que la divisa incremente el suyo, y, como colofón de este círculo vicioso y atroz, en particular en una economía altamente dependiente de las importaciones como la nuestra, que los medios de producción se encarezcan. Espiral inflacionaria, pues.

Venezuela requiere de un programa de reforma económica muy profundo para lograr abatir la inflación, y éste debe ser consensuado entre gobierno y oposición para hacerlo viable. Así lo ha propuesto la Concertación por el Cambio, y tiene razón. Lo que está en juego no es, no puede ser el cálculo subalterno, político y/o electoral, de una u otra fuerza. Lo que está en juego es el bienestar, la salud y la vida de los venezolanos. Poco puede importar el costo político que deba pagarse.

Si el gobierno diese alguna señal de estar dispuesto a acometer las medidas ineludibles que mencionamos a continuación podría tal vez acariciarse la posibilidad de un pacto anti-inflacionario del gobierno con la oposición que pueda darles viabilidad política:

  • Incrementar la producción petrolera reactivando los pozos inactivos de petróleo convencional antes que seguir apostando al de la faja del Orinoco.
  • Consensuar una nueva directiva de PDVSA con profesionales expertos en el área.
  • Unificación cambiaria y progresivo levantamiento del control de cambios.
  • Despenalización de la tenencia y uso de dólares en el mercado.
  • Reducción drástica del déficit fiscal.
  • Incremento en el precio de los combustibles.
  • Eliminación de la emisión de dinero inorgánico, para lo que es imprescindible la restitución de la autonomía del Banco Central de Venezuela consensuando su nueva directiva o considerar como opción la dolarización de los salarios.
  • Apertura a las inversiones nacionales y extranjeras garantizando su seguridad jurídica.
  • Reprivatización de todas las empresas expropiadas o confiscadas por razones distintas del bien común, así como de aquéllas que se encuentren paralizadas, en particular las agroalimentarias.
  • Cese de los controles compulsivos.
  • Plan de subsidios directos (a las personas) temporales, es decir, a la demanda, y no a la oferta.

Si queremos que la política sea de nuevo reivindicada como el noble oficio que debe ser, debe ponerse al servicio de la gente.

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