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[Pensar Educativo] La pedagogía sensible en su apropiación y transformación de los aprendizajes. Por Lidia Salazar Yndriago

[Pensar Educativo] La pedagogía sensible en su apropiación y transformación de los aprendizajes. Por Lidia Salazar Yndriago

Caracas, 17 de octubre de 2018.

Por: Lidia Salazar Yndriago

La pedagogía se divorció del conocimiento en su raíz intrínseca del ser. ¿Cómo puede ser releída el alma de una nueva pedagogía si esta yace en el cementerio dogmático  de las palabras, currículos y tesis que desmotivan el ambiente de los aprendizajes de la vida misma en el marco de una sociedad que afrontan nuestros niños y adolescentes, muchas veces movidos por las penurias y necesidades básicas insatisfechas? Peor aún, ha sido el andamiaje que también ha sido víctima la propia educación en sus facetas de aprendizaje con el mínimo esfuerzo y conocimiento.

Ello, probablemente ha influido de manera preponderante en una insensibilidad pedagógica. Pareciera que la educación se marchitó cual jardín de flores que más nunca recibió una gota de agua. Los cambios culturales de la modernidad o postmodernidad se volvieron insensibles ante una contracultura que fortalecida, por lo que algunos teóricos llaman la lógica del capital, es decir, el mercado, arrasó por completo los terrenos que alguna vez estuvieron sembrados de frutos, para convertirse en zonas desérticas del pensamiento  social junto lo que alguna vez fueron sentimientos centrados en el ser humano y el resto de la vida del planeta en sus distintas formas de vida conformadas por la naturaleza animal y vegetal.

La sensibilidad hoy no está regida por parámetros de vigencia axiológica y filosófica. Esta se encuentra asociada por valores equivocados de una sociedad que pregona en la mayoría de los casos felicidad del ser desde una perspectiva efímera e incongruente con las auténticas valoraciones humanas. De no ser así ¿cómo entender el aumento de la delincuencia juvenil, el llamado chalequeo o bullyng escolar, aunado con el desinterés por el aprendizaje en casi todas sus facetas y áreas esenciales del conocimiento? ¿Hasta qué punto la escuela se desvinculó de la sociedad entumecida por falsas identidades apartadas de los sentimientos humanos?

Uno de los mayores críticos de esta antivaloración de la cultura y las actuaciones del ser está movida por Vargas (2009:10) quien desde su bien definido análisis en relación con la sociedad contemporánea a la cual define como La Civilización del Espectáculo ha señalado:

La desaparición de mínimos consensos sobre los valores estéticos hace que en la actualidad todo sea permitido. En ese ámbito la confusión reina y reinará por mucho tiempo, pues ya no es posible discernir con una cierta objetividad qué es tener talento o carecer de él, qué es bello y qué es feo, qué obra representa algo nuevo y durable y cuál no es más que un fuego fatuo. Esa confusión ha pervertido el mundo de las artes plásticas en un carnaval donde genuinos creadores y vivillos y embusteros andan revueltos y es a menudo muy difícil diferenciarlos. Inquietante anticipo de los abismos a los que puede llegar una cultura que sacrifica toda otra motivación  y designio a la de entretener y divertir.

Tal reflexión es parte de la necesidad de teorizar desde los sentimientos. En la actualidad los valores han sido oscurecidos, influenciados y abordados por esa civilización del espectáculo criticada por el Nobel de la Literatura.

Es allí donde sin mencionarlo, el autor hace inquisitorio el rol que ha tenido la educación desde la escuela como centro para mantener la identidad hacia los principios que conjuguen los sentimientos del amor, el respeto y la solidaridad por los valores culturales, los cuales a su vez, cuando son golpeados desde los propios Estados, a través de la aniquilación de sus tradiciones, costumbres y sabiduría popular, lo cual también desvaloriza el esfuerzo intelectual, intelectuales quienes a su vez se apartan de esa misma sociedad, al ver que sus representaciones y reflexiones se van convirtiendo en un cauce de río seco, es implícito aceptar que es hora de construir una nueva teoría educativa donde lo sensible no sólo sea (de)construido por los valores asociados a los sentimientos, y que lo sensible establezca la diferencia entre lo bueno y lo malo en el contexto de la vida social en sus diferentes espacios: la escritura, la música, las artes plásticas, la economía, elementos que deben girar sobre la base de los escenarios constitutivos en la vida del ser.

La pedagogía sensible tiene como puente a la confianza. Sin la confianza la acción pedagógica se desvanece y los aspectos de simpatía ante lo estético del conocimiento se convierten en antipatía. No puede existir una praxis educativa y pedagógica envuelta con el cielo de la sensibilidad si ésta carece de sentimientos no sólo emocionales en cualidades de amor, ternura, belleza, reciprocidad y tolerancia, sino también de reflexión, análisis y discernimiento estético, diferenciación del bien y del mal.

La pedagogía sensible en su apropiación y transformación de los aprendizajes tiene su espacio para el desarrollo cognitivo y societario entre los educandos y los educadores; no sólo es un mar de palabras bonitas convertidas en andamiaje morfológico y sintáctico de referentes y referencias. No es una simple aprehensión de conocimientos. Tampoco es una lectura o praxis pedagógica de semántica con deseos de afectividad integral por y para el ser. Pedagogía sensible es unión de los sentimientos y pensamientos analítico, reflexivo y emocional convertidos en transdisciplina ontológica, axiológica y epistémica para el aprendizaje estético y colectivo.

Correo electrónico: lidia_salazar05@hotmail.com

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