Caracas 14 de diciembre de 2018. Está frase con la que comienza el Padre Ugalde su artículo Ciudadanos de Dos Alas: «Nuestra República está moribunda y no puede levantar vuelo con medias verdades ni con súbditos sumisos y resignados.» Me lleva a reflexionar sobre las últimas semanas y las reuniones y debates a los que me ha tocado asistir.

Es una reflexión interior y que quisiera compartir con ustedes, sabiendo que la mayoría no la tomará con el espíritu que la hago.

Porque digo esto último? Porque desde hace unos meses para acá, vengo sintiendo y padeciendo en carne propia que las críticas son satanizadas, que todos debemos repetir una narrativa sin utilizar lo que yo más atesoro, el Libre discernimiento y una de las razones de mi incansable lucha: respetar al que piensa distinto.

Este llamado de atención, me lo hago a mí misma en primer lugar y seguidamente a todos con los que comparto espacios para discutir, debatir, organizar, articular, proponer lo más urgente que nos toca a los venezolanos: el cambio del modelo político que padecemos. Para lograr la tan ansiada UNIÓN, tenemos que sentirla, internalizarla y no sólo usarla como un discurso con que atrapar a la gente.

UNIÓN imprescindible para recuperar los valores democráticos en nuestra tan golpeada Venezuela.

Nunca he sido una persona cómoda para muchos, en mis genes no está callar ante lo que no comparto, siempre manteniendo el respeto, como tampoco está en mis genes ser aduladora a las personas que por circunstancias se encuentran en posiciones de poder.

Si queremos cambiar de verdad, de corazón a Venezuela, si esto se ha convertido en un proyecto de vida, tenemos que aprender a ser humildes y a escuchar de verdad las críticas constructivas que se hacen a los errores que se señalan. Errores que se señalan hacia el interior de nuestras plataformas y nunca hacia el ciudadano de a pie, señalamientos que se han hecho porque nadie tiene la razón absoluta y de las distintas opiniones y formas de encarar una situación es que podemos lograr el éxito.

Errores que hemos cometido todos los que accionamos en política, tenemos 20 años luchando contra el cáncer en que se ha convertido este régimen. Manifestamos una solidaridad que no practicamos y lo más triste es que ni cuenta nos damos y siempre acusamos, no con palabras, sino con la ley del hielo a quien no me dice que si a todo, a quien trata de enmendar los errores con argumentos de peso, todo pasa a ser desestimado por no estar en mi línea o en mi área de confort.

En los últimos días he visto en varios de los espacios de trabajo, como el ego se torna en un freno a las iniciativas de organización o representación y participación, un freno que solo ayuda al régimen.
Es momento de crecer emocional y políticamente. Lamentablemente las medias verdades y el ciudadano sumiso también le sirve a parte de los que quieren tomar el control de la oposición.

Hoy más que nunca reafirmó que MI PALABRA ES MI PODER, no es el momento de callar para preservar una unidad, es el momento de construir una verdadera UNIÓN. Desgastada, decepcionada pero NUNCA cansada. 

Diana Merchan Pérez Perazzo

 


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