Caracas 04 de abril de 2018/-.

Por: Lidia Salazar Yndriago

La educación necesita revestirse de pedagogía. La pedagogía necesita revestirse del aprendizaje. El aprendizaje necesita revestirse de educación y pedagogía. El espacio de los procesos inherentes al ser y su espíritu están marcados por una serie de factores cognitivos y sub(conscientes). Los primeros relacionados con las estructuras orgánicas. Los segundos por las figuras abstractas. Ambos convergen en un mismo fin: el (des)encuentro ante la realidad, cuya concreción está determinada por un tiempo de vida, vida que debería estar orientada por un permanente aprendizaje que permita al ser, ser mejor como ciudadano, ser mejor como estudiante, ser mejor como trabajador, ser mejor como esposo(a), madre, padre, hijo(a), ser mejor humano.

(Des)aprender no es una palabra creada por un prefijo acompañada de un verbo para pretender irradiar lo que algunos llaman un neologismo. En una palabra compuesta para (des)componer las estructuras teóricas “vigentes” que siguen teniendo un alto impacto (des)formador en el proceso de enseñanza y aprendizaje de los educandos al encontrarse descontextualizadas y estáticas en sus referentes y posicionamientos del saber y la pedagogía.

La investigación busca generar acciones individuales y colectivas entre los estudiantes y docentes que propendan a la creación de un ambiente favorecedor del (des)aprendizaje, consustanciado con una práctica mutua que centre sus acciones en las necesidades contemporáneas del querer hacer, del querer volver al conocimiento en vinculación con su tiempo, con su espacio, con las necesidades auténticas de vida. El motor impulsor de la acción del individuo, su fuerza motriz fundamental es la motivación, la cual desencadena su interés por adentrarse en los caminos del saber teórico y práctico que tiene como propósito el enfrentar de manera resolutiva los problemas que puedan surgir en su entorno natural y social, para lo cual, precisamente, el ser humano se educa y capacita en un proceso de intensa e incesante transmisión, acopio o almacenamiento, retención, consolidación y enriquecimiento progresivo de información para su comprensión.

Asimismo, el incesante flujo de información alcanza su objetivo educativo y pedagógico sólo cuando el mismo se ajusta a las potencialidades biológicas y genotípicas de desarrollo y a las perspectivas que respecto al mensaje transmitido tiene el propio educando, constituyendo el logro de un equilibrio apropiado entre ambos aspectos, es decir, equilibrio entre teoría y praxis.

La pedagogía en el siglo XXI se aproxima para algunos investigadores como ciencia, arte, saber, disciplina, y cualquier otro aspecto vinculado con la educación, generando sus límites, contenidos y medios para abordar su objeto, encontrando en cada espacio su propia metodología, con un sistema y una estructura determinada que la perfilan como estética para el ser humano.

Así puede considerarse a la pedagogía como teoría de la educación, identificándola con la filosofía en el sentido de entender que ella es para indicar el rumbo en el espinoso camino de la formación del ser humano, mediante una visión del mundo, de la vida y para enmarcarlo en un contexto socio-histórico-político, sin descuidar el desarrollo pleno, específico, que lo determina en todos sus componentes.

Lidia_salazar05@hotmail.com