“Hay un 80% del país que quiere cambio y hay una dirección que no es capaz de conducirlo hacia ese cambio”, asevera Pilarica Romero, socióloga de formación y copeyana hasta las vísceras. “El único objetivo de todo el mundo que quiere salir de este gobierno debe ser salir de este gobierno. Si no, no es verdad que quieres salir de este gobierno”, concluye


A Pilarica Romero la acompañan dos cosas: el papa Juan Pablo II en el cuello y el partido Copei en el corazón y en la franela verde que se pone para recordárselo a quienes la rodean.

Lo de Copei es mucho más que un detalle en su vida: milita con los socialcristianos desde los 17 años, y hoy tiene 78 y sigue siendo verde, pero “del Copei verdadero”, aclara. Hasta su esposo Haroldo, con quien ha permanecido más de cinco décadas, es una herencia de su vínculo con uno de los sectores fundamentales de la historia política venezolana, para bien y para mal.

La conexión con los copeyanos es de vieja data. Rafael Caldera, fundador del partido, le dio clases de moral y cívica en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Decidió estudiar sociología en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y emprender un camino que la llevó a apoyar el proyecto de Copei en la Presidencia, a ser ministra de la Juventud de Caldera y a adversar al chavismo desde el comienzo. “Yo estoy combatiendo a Chávez desde el primer día”, reitera en entrevista con Punto de Corte, y asevera que la única elección que ganó el presidente fue la de 1998 “porque hasta el referéndum de 2004 lo perdió”.

Reencuentro de la oposición a Maduro

“Todas las fuerzas que se oponen a Maduro deben reencontrarse” al llamado de Guaidó, expone la dirigente del Frente Amplio de Mujeres.

¿Para qué?

Para tener un discurso unido. Para que nadie se sienta excluido.

Romero piensa que el Frente Amplio Venezuela Libre puede ser el ámbito para eso. Guaidó debería, en su criterio, convocar a todos los factores, invitarlos a conversar, escuchar a la gente. “Ese puede ser un espacio importante”. El presidente de la AN, puntualiza la socióloga, tiene la sartén por el mango, por su liderazgo, para la reunificación del bloque que se opone a Maduro, en el cual también debe haber cabida para quienes apoyaron al chavismo.

Incapacidad para conducir la rabia

¿Qué ha sostenido, en su opinión, al mandatario Nicolás Maduro, en el poder desde 2013? “No podemos ver el régimen como una dictadura común y corriente”, reflexiona Romero. “Esto es un conjunto de fuerzas delictivas y destructivas que se apropiaron del país”, y por eso la oposición a Maduro debe entenderse con varios factores. “Eso hace mucho más difícil cualquier proceso de cambio”, agrega.

Además, los que pudieron haber actuado para que todo terminara, como la Fuerza Armada, “hoy son un espacio ocupado, un espacio mediatizado en el que –estoy convencida- hay factores conscientes del daño que se le ha hecho al país, pero no tienen fuerza”.

Otro factor, de acuerdo con su dictamen, se suma: Al gobierno “lo queremos sacar con las herramientas democráticas”, con “un discurso democrático, con una actuación democrática porque nosotros somos democráticos, no somos golpistas”.

También Romero critica a quienes han conducido la oposición a Hugo Chávez, primero, y a Nicolás Maduro, después. Pone en duda que hayan tenido “la decisión, y la convicción, de sacarlos”, al igual que la capacidad de conducción y el liderazgo.

“Es inconcebible que en un país en el que 80% quiere cambiar no hayamos sido capaces de movilizar a ese 80% para lograr los cambios”, afirma. “Eso es de las cosas más insólitas”. Lo compara con otras naciones en las que, con menos gente dispuesta a luchar, “han logrado cambiar el gobierno”.

“Nosotros, con una arrechera de 80%, no lo logramos. Somos muy poco capaces” de hacerlo, admite, aun cuando no dirige sus dardos hacia el diputado Juan Guaidó, presidente del Parlamento y presidente interino de Venezuela reconocido como tal por más de 50 países.

¿Por qué? ¿Dónde ve la incapacidad?

A lo mejor en el compromiso con el país, en no entender que estamos viviendo una situación absolutamente anormal y que no podemos estar con proyectos personales. No es momento para tener proyecto personal, o proyecto partidista; es momento para juntarnos y definir qué queremos cambiar y que cada proyecto, cada partido, cada individualidad, cada líder se vaya desarrollando.

La realidad, prosigue Romero, es una: “Hay un 80% del país que quiere cambio y hay una dirección que no es capaz de conducirlo hacia ese cambio”.

No cree que sea por falta de sintonía, porque “en los primeros tres meses de este año sí se logró esa sintonía” y Juan Guaidó encarnó un liderazgo sencillo y humano, “sin poses, sin chaquetas, sin vestirse con la bandera de Venezuela, sin querer parecerse a Chávez”.

Pero algo pasó.

Algo pasó que rompió eso. El primer ruido fue el 23 de febrero, cuando entra la ayuda humanitaria “sí o sí”. Si no estabas seguro, ¿por qué decirlo? Y no entró la ayuda humanitaria. El otro bajón fue cuando el apagón, porque no hubo capacidad de respuesta por parte del gobierno ni de la oposición. La gente empezó a ver “qué dirigencia es esta, que mira lo que nos pasa y no hay nada que hacer”. Lo otro fue el 30 de abril (el alzamiento militar).

¿Le parece que fue un error?

No sé si fue un error, pero no sé ahorita qué se buscaba, ni qué se logró. A las 4 de la mañana nuestro presidente encargado llamando desde la autopista, y la gente no respondió porque no comprendió qué se quería y hacia dónde se iba.

Oposición desunida

Como socióloga, evalúa que la gente quiere que le digan la verdad: “Si no puedes, no puedes”.  Aunque piensa que se mantiene la conexión entre Guaidó y la población, sí estima que ha debilitado la capacidad de convocatoria.

Pero como dirigente política, detecta que no hay un espacio de “real y verdadera unidad” en la oposición agrupada en la Asamblea Nacional (AN) y en otros ámbitos. Pese a ello, no tira los guantes, y como los buenos boxeadores se sostiene en el ring de pelea. “La lucha contra Maduro sigue, porque la gente sigue con la rabia” y quiere cambiar el gobierno, y la comunidad internacional también presiona por una salida.

Reconoce que el secretario de Estado de Estados Unidos (EEUU), Mike Pompeo, tuvo razón al comentar que un gentío de la oposición venezolana aspira a la Presidencia una vez que Maduro salga del poder. “Me duele que lo diga un gringo, pero no puedes decir que es mentira”, enfatiza.

Aunque es legítimo aspirar.

Pero depende de cuándo y cómo. Si tú y yo somos candidatas a la gobernación de Lara, y tú y yo somos oposición, no nos podemos poner a pelear entre tú y yo para cuando en algún momento se hagan las elecciones. Nosotros tenemos que ponernos de acuerdo, primero, para sacar este gobierno, y lo otro lo vemos después. El único objetivo de todo el mundo que quiere salir de este gobierno debe ser salir de este gobierno. Si no, no es verdad que quieres salir de este gobierno.

¿Ve viables escenarios como el de Noruega, y otros que surjan?

Al final todo tiene que terminar en sentarse a negociar. Lo que me pareció malo, con Noruega, es que el país se enteró de ese proceso después de que lo dijo el gobierno. Como nariceado. ¿Por qué no lo dices primero? ¿En algún momento tendrás que negociar algo? Sí.

Negociación con movilización

Aunque sentencia que la oposición no tiene un solo interlocutor del oficialismo que pueda tomar decisiones por todo el bloque gobernante (a diferencia de los líderes de los partidos en el pasado), sí ratifica que es importante negociar, pero apunta que es importante que quienes negocian tengan la confianza de la gente para hacerlo.

En todo caso el intento de Noruega “viene en un momento de bajón, en un momento de reflujo, y lo que hace es sembrar más desconfianza: ‘Estás negociando porque tiraste la toalla’. Y tampoco me gustó que lo informara inicialmente Nicolás Maduro”. Romero se hace otras preguntas: “¿Por qué esto no se hizo en febrero? ¿Por qué, en vez de meter unas gandolas que no entraron, no los sentaste tú y propusiste un diálogo en ese momento?”.

Para futuros procesos Romero plantea que cualquier negociación sea con movilización en la calle. “Eso lo tenemos, pero no lo tenemos activado”, subraya. “Antes de sentarte a negociar tienes que articular, tienes que activar la fuerza”.

De manera tajante concluye que no puede haber elecciones “con Maduro como presidente y con el mismo CNE”, por lo que la “ecuación Guaidó” (cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres) sigue –a su juicio- plenamente vigente. Está dispuesta a ceder en una negociación, porque le parece que lo peor es permitir “el proceso de destrucción permanente” del país. “Nos han destruido la casa con nosotros adentro”. Eso hay que detenerlo, remarca. Por sus cuatro hijos, por sus siete nietos, por la nación. 

Suscríbase a nuestro canal de Telegram y YouTube
Estamos también en TwitterFacebook Instagram