Caracas, 28 de agosto de 2017.

A propósito de ser ciego: Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes

Por: Javier Antonio Vivas Santana

Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes, no importa que su origen se haya dado en elecciones, porque basta destruir la constitucionalidad de un país para convertirse en un sátrapa que utiliza el poder para sus oscuros intereses políticos.

Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes, utiliza las prácticas del chantaje y el amedrentamiento contra funcionarios públicos o ciudadanos electos por votación popular en funciones de gobernadores, alcaldes o diputados, empleando una seudolegalidad con el propósito de inhabilitarlos o colocarlos tras las rejas amparados en delitos inexistentes, y con ello, poder designar a su antojo a quienes actúen en forma panegírica y genuflexa ante su totalitaria voluntad.

Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes, emplea prácticas inhumanas que sólo buscan el tutelaje de la población. Así por ejemplo, se inventan supuestas afiliaciones a través de algún carnet o documento similar que les permita no sólo conocer todos los datos personales de sus habitantes de manera fraudulenta, sino que los obliga a portar semejantes bazofia anti-ciudadana, so pena de no tener derecho a la alimentación, a la educación, la seguridad ciudadana, y hasta la vida. O sea, quienes no posean la “patriótica” identificación,  además que son hundidos en la más espantosa pobreza con una inflación que supera las cuatro cifras anuales, destruyen el signo monetario nacional,  aunque lleve el nombre del prócer de su independencia, convierten la educación es una utopía, promueven la impunidad de la delincuencia y grupos paraestatales, y disfrutan viendo a miles de niños, adultos y ancianos comiendo en la basura, y no les importa que millones de sus ciudadanos mueran por falta de medicamentos, o en hospitales públicos convertidos en entelequias de salud.

Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes, hablan de promover sistemas anti-capitalistas, pero ellos viven sin límites en sus prebendas de Estado, con salarios que no tienen límites presupuestarios, viáticos en dólares, se desplazan en camionetas y vehículos último modelo de marcas imperiales, viven en mansiones en el este de las ciudades, visten con trajes, ropa y calzados de marcas afamadas de célebres diseñadores, se impregnan de costosos perfumes europeos, manejan a su antojo y en beneficio propio las grandes contrataciones de obras públicas,  sin que incluso sean concluidas; verbigracia, hacen de la corrupción su modus vivendi.

Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes, se ganan el repudio de la población que vive dentro y fuera del país. Entonces, cuando algunos de esos “funcionarios” se encuentran en el exterior, dizque trabajando (aunque estén acompañados de familiares, consortes o barraganato) en las ciudades más importantes de América Latina o Europa, o degustando exquisitos manjares en los restaurantes más costosos de esas urbes, y son abordados con reclamos por sus connacionales que por una u otra razón han emigrado del país, entonces hablan que son objeto de un “escrache”, eufemismo, que no define adecuadamente la indignación de quienes ven en su nación de origen el cómo muere de manera política, económica, social y cultural, mientras la élite indigna de poder,  cínicamente hasta viaja al exterior en los aviones del Estado y su industria petrolera como si fueran de su propiedad particular.

Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes, llegan al extremo de crear figuras supraconstitucionales que busquen la manera de evadir las elecciones que pueden sustituirlo en el poder por la vía democrática, porque al tener una posición neototalitaria, no les importa tener presos políticos, emplear sus fuerzas militares y policiales en represión ciudadana, aunque éstos asesinen a inocentes manifestantes, en su mayoría jóvenes y estudiantes, sin que exista la mínima posibilidad de que acepten sus infames decisiones en contra del pueblo.

Cuando un presidente y su gobierno son delincuentes, sólo el pueblo salva al pueblo. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.