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(Reportaje) The New York Times: esto es lo que dijo Óscar Pérez antes de su muerte

(Reportaje) The New York Times: esto es lo que dijo Óscar Pérez antes de su muerte

(Nueva York, 25 de enero, 2018). El diario estadounidense The New York Times, publicó una serie de mensajes y entrevistas realizadas con Óscar Pérez, incluso el mensaje enviado por él la noche del domingo 14 de enero al diario, horas antes de su ejecución.  El periodista Nicholas Casey, recreó el hilo de una historia que se empezó a escribir meses antes, desde la aparición pública del ex piloto en junio de 2017, cuando sobrevoló en helicóptero sobre el Tribunal Supremo de Justicia con una pancarta indicando el artículo 350 de la Constitución, su llamado a la insurrección.

Relata sus expectativas y los motivos que lo llevaron a constituir el grupo rebelde, su visión de la lucha por derrocar al gobierno, entre otros aspectos. Relató que su temor no era perder la vida, sino a fracasar (en su lucha).

Reproducimos aquí parte del reportaje de The New York Times:

El fin había llegado para Óscar Pérez.

Por su rostro corría sangre. Sus hombres intentaban dar pelea detrás de estufas y gabinetes mientras el gobierno venezolano rodeaba su escondite. Horas después, él y media decena de hombres yacían muertos en el piso.

Pérez, abatido el pasado 15 de enero por fuerzas gubernamentales, pasó sus últimos años como protagonista de narrativas espectaculares —algunas en la pantalla de cine; otras en la vida real— en las que siempre interpretaba al héroe.

Había sido el protagonista de una película de acción: un piloto que luchaba contra el crimen desde un paracaídas con un perro atado a su espalda. El último junio encabezó un ataque con helicóptero durante las protestas en Venezuela, disparó contra el Tribunal Supremo y desplegó un letrero en el cual llamaba a la población a rebelarse.

Aunque sus acciones habían cautivado y causado el enojo de muchos venezolanos, su público había disminuido hacia sus últimos días.

Pérez pasó muchos días y tardes de este enero agachado sobre la pantalla de un celular, a través del cual enviaba mensajes encriptados a The New York Times; la identidad de ambas partes era confirmada ante el otro mediante un video breve que se enviaba en cada intercambio de mensajes.

Los mensajes de texto enviados en diciembre y enero, además de grabaciones y entrevistas realizadas durante el mismo periodo, representan algunas de las últimas palabras del hombre que llegó a ser el más buscado en Venezuela: un agente de policía renegado que había cautivado la atención de una nación y un luchador fugitivo que a veces parecía estar muy consciente de que sus días podrían estar contados.

“Lucho por la libertad del país, la oportunidad de un mejor mañana”, dijo un mediodía a principios de enero a través una aplicación de mensajería. “El temor de [perder] la vida es lo menos que tengo ahora. No es el temor de la vida, sino el temor de fracasar, de fallar a la gente”.

Después de su muerte, el cadáver de Pérez, con dos impactos de bala y la mandíbula fracturada, permaneció en un congelador de una morgue en Caracas y era vigilado por un guardia armado. Este domingo su cuerpo fue enterrado desnudo, excepto por una sábana blanca en la que estaba envuelto. Cerca del lugar del funeral, un hombre voló una cometa de papel que tenía escrita la palabra “Libertad”.

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Después de su vuelo en el helicóptero sobre Caracas en junio, Pérez se convirtió en un símbolo de los crecientes agravios del país: un policía temerario que se había rebelado en contra del gobierno y había pedido a otros que hicieran lo mismo.

Vea aquí: la cobertura de puntodecorte.com de la Masacre del Junquito

Sin embargo, Pérez dijo que si algo lo persiguió hasta el final es que esa rebelión nunca ocurrió.

“Nosotros esperábamos que ese día hubiera un llamado a la calle, para que se diera cuenta de que sí comenzó un movimiento”, dijo en otro de sus mensajes. “Pero lamentablemente no lo hubo”.

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El 27 de junio, Pérez piloteó el helicóptero y afirmó que nuevamente era tiempo de poner el ejemplo para los venezolanos.

El cielo sobre Caracas estaba despejado cuando las explosiones sonaron —granadas aturdidoras lanzadas desde el helicóptero, las cuales tenían el objetivo de llamar la atención, pero sin causar daños, dijo Pérez—. Entonces, él piloteó el helicóptero al edificio del Ministerio de Interior, donde disparó balas de salva. Mientras una multitud miraba el espectáculo que se desarrollaba en el cielo, Pérez desplegó un letrero convocando a las personas a rebelarse.

“Fue para despertar la conciencia no solo del pueblo y demostrarles que no pierdan la fe, sino también despertar la conciencia del resto de los funcionarios”, dijo en uno de los mensajes.

Los eventos conmocionaron a la nación. Por un tiempo, algunos pensaron que quizá estaba gestando un golpe de Estado.

No obstante, Pérez actuó acompañado tan solo de un grupo pequeño y los partidos de oposición no apoyaron su llamado. Su helicóptero sufrió una falla hidráulica, dijo, y fue obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en un campo donde los residentes llamaron a las autoridades. Dijo que escapó antes de que llegaran.

A partir de ese momento fue un fugitivo, pero uno que tenía la atención completa del país.

Publicó fotos de sí mismo y otros hombres armados con rifles robados en Instagram. Tres semanas después del ataque hizo una osada aparición pública al hablar en un mitin en contra del gobierno, donde repitió un mensaje cuyo tono se volvió cada vez más reprobatorio.

“Debemos rescatar los valores, la moral y las buenas costumbres del país”, gritó ese día a las cámaras de televisión. “Es nuestra convicción, nuestro legado”, agregó. “Si tú estás listo, también nosotros estaremos listos. ¡A defender al pueblo!”.

Pero sus llamados a la gente para alzarse en armas parecían llegar a oídos sordos. El 30 de julio, Maduro consolidó aún más su poder al crear la Asamblea Nacional Constituyente, organismo compuesto por funcionarios leales a su gobierno que quedó por encima de la legislatura nacional, la única rama del gobierno que no controlaba su partido, el Partido Socialista Unido de Venezuela.

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En su ausencia pública, el gobierno los pintaba como una banda rebelde terrorista que había intentado matar a la gente ese día en el tribunal. Maduro hacía referencias con frecuencia a Pérez en discursos, al mencionar que él y la oposición planeaban actos terroristas violentos para llevar al país a la guerra civil.

Las acusaciones irritaron a Pérez hasta su muerte. “Si hubiésemos querido asesinar a alguien, ya lo hubiéramos hecho”, dijo.

Incluso cuando las autoridades estaban cada vez más cerca de él, seguía confiado en que continuaría siendo más astuto que ellos. “Siempre estamos un paso adelante gracias a la gente que nos respalda, a mi equipo de inteligencia que está dentro de las instituciones”, dijo.

Antes de irse a dormir la noche en la que sería asesinado, Pérez envió de nuevo un mensaje a The New York Times.

“Te aviso…”, dijo, refiriéndose a una hora para la siguiente entrevista. Era pasada la medianoche, las 00:45.

En las primeras horas de la mañana del lunes, Pérez publicó un video en su cuenta de Instagram. Había sido hallado por las fuerzas gubernamentales.

Al principio no hubo disparos. Pérez llama a un mayor del ejército parado afuera que le dice que se rinda, que el Estado ha ganado. Pérez dice que no se entregará porque teme que matarán a los civiles en el lugar. Todos están tranquilos.

Sin embargo, lo grabado rápidamente deriva en caos. Pérez mira hacia su teléfono, la sangre se derrama hacia su ojo derecho. Pide a los venezolanos que salgan a las calles de inmediato. En la pared empieza a haber marcas de bala y en el fondo se escuchan disparos de arma de fuego. Dice que él ofrece entregarse, pero el gobierno está lanzando granadas.

En un video, acepta que su tiempo se ha agotado.

“Ahora solo ustedes tienen el poder para que podamos ser libres todos”, dice. “Dios con nosotros y Jesucristo me acompaña. Dereck, Santiago, Sebastián, los amo con todo mi corazón, hijos. Espero volverlos a ver”.

Horas después, esa mañana, el gobierno de Venezuela dijo que el grupo había sido “desmantelado”. Pérez y otras cinco personas estaban muertas. Dos policías fueron asesinados, dijeron los funcionarios.

La muerte de Pérez, transmitida en Instagram, dejó estupefacto al país, al convertir sus últimos momentos en su espectáculo público final. Y casi como en una película, los caminos de la vida que lo llevaron a la rebelión parecían juntarse una última vez esa semana.

Reverol, el funcionario que Pérez dijo alguna vez que lo había frenado para investigar a narcotraficantes, estuvo entre los primeros en declarar la victoria. Reverol calificó al grupo de Pérez como “una peligrosa célula que en los últimos meses generó ataques terroristas”.

El cuerpo de Pérez, ensangrentado y todavía portando un chaleco, fue llevado a la morgue de Caracas. Ahí estuvo hasta antes del entierro; cerca del lugar donde había identificado el cadáver de su hermano el año anterior y donde había decidido que era momento de actuar.

Foto tomada de: i2.wp.com/miquelpellicer.com

1 Comentario

  1. jhonny medrano

    el solo quería ser apoyado por el pueblo que lo dejo solo o mejor dicho lo dejamos solo en ese serco realizado por este sanguinario gobierno que ha de pagar todo el daño que le ha causado a todo un pueblo oprimido y temeroso de la fuerza de la ley, que arremete y se lleva por el medio a quien no esta de acuerdo con su socialismo fracasado, y que el miedo nos tiene demasiado pasivo da temor salir a protestar les da igual una bala de salva que una de verdad si tienes o no razón de protestar sencillamente esta prohibido reclamar por todo este mar de calamidades que estamos padeciendo todos incluyéndolos a ellos los de su mismo partido.

    esta nota de este periódico me hizo entender un poco mas los ideales de ese héroe moderno, que era si se quiere nuestra única esperanza, en estos momentos difíciles que estamos viviendo, las salidas cada vez mas cerradas para los ciudanos

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