Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com

Por: Javier Vivas Santana

@jvivassantana

La reunión entre los representantes de relaciones exteriores de Estados Unidos y Rusia, Mike Pompeo y Sergei Lavrov en relación con el tema de la crisis de Venezuela cuyo centro de intercambio político fue definido en Finlandia, genera sendas grietas al régimen madurista, más allá de que Rusia intenté con su verborrea neutralizar el accionar del gobierno de Trump.

Por ello, no dudo que el próximo paso del propio gobierno de Trump, luego de esta reunión será dialogar con China en relación con el mismo tema, buscando con ello, no sólo  emplazar tanto a rusos como a chinos en buscar una alternativa política y pacífica para la crisis venezolana, sino también para dejar en claro, inicialmente con la nación que preside Vladimir Putin que si Rusia no está dispuesta en colaborar con una solución al conflicto sino en aferrarse al apoyo incondicional en favor de la tiranía madurista, que Estados Unidos agotará hasta donde sea posible una salida constitucional y orientada hacia factores internos que puedan poner fin al neototalitarismo que usurpa Miraflores, pero que si tal posibilidad incluso potenciada por Rusia no es posible, pues el gobierno de Trump con “todas las cartas sobre la mesa”, estará dispuesto a tomar la baraja más drástica de ser necesario.

En tal sentido, el madurismo intentó adelantarse a tal reunión y envío al esbirro de Jorge Arreaza para que dialogará con Lavrov y tratar de hacer ver un escenario con rueda de prensa incluida, que Rusia incluso estaría dispuesta a generar la Tercera Guerra Mundial con tal de salvar políticamente a Maduro, aunque precisamente su gobierno, siempre tenga que recordarle al régimen que usurpa el poder en Venezuela de los montos y las fechas de pago en las cuales el madurismo tiene sendas obligaciones financieras por préstamos generados con su aliado euro-asiático. O sea, que a pesar de que existe un evidente apoyo político, no puede obviarse que existen marcados intereses económicos del país que preside Putin ante las deudas que han sido contraídas por la cúpula madurista.

En ese contexto de simbiosis política y económica cabe preguntarse ¿Estará dispuesta Rusia a seguir apoyando al régimen de Maduro en la medida en que la economía se sigue derrumbando, al punto que Venezuela ya no se sea capaz de exportar ni siquiera una cantidad ínfima de petróleo, poniendo en riesgo el pago de las deudas con el gobierno de Putin? ¿Cómo evalúan los rusos la posibilidad de que tanto la inestabilidad social como militar puedan terminar por hacer implosionar la tiranía en Venezuela?

En consecuencia, ¿Por qué si Putin quiere realmente mantener el régimen de Maduro con estabilidad política que a su vez genere cierta estabilidad financiera sobre sus acreencias, no facilita a Venezuela un préstamo de unos 40 mil millones de dólares que permitan al régimen lograr la potenciación del deteriorado sistema eléctrico, así como fortalecer otras áreas productivas, entre ellas la petrolera? Sin duda, que el hecho de que no haya respuesta creíble y con un mínimo de sindéresis sobre esa pregunta, coloca a Putin en una posición ambigua, no sólo en la manera en que soporta al madurismo, sino que también evidencia que en la doctrina rusa, los negocios no van de la mano con la ideología, por muchas coincidencias que existan entre quienes gobiernan.

La reunión entre Pompeo y Lavrov, más allá de las acciones y hechos previos ante ese encuentro van perfilando que si bien Rusia aún mantiene un apoyo político a Maduro, tampoco es menos cierto que pareciera ir generando una visión pragmática sobre la crisis venezolana, que aunque por ahora sea negada una excepcional salida militar por parte de Estados Unidos, no niegan la existencia de la complejidad económica y social que el madurismo ha originado sobre la población, y que obviamente limita la propia respuesta de inversión rusa en nuestra nación, razón por la cual, es posible que al final de esta historia, sean los millones de dólares de Rusia – y no de su moneda nacional –  los que terminen por dilucidar un cerrado y ortodoxo apoyo al madurismo.

De la reunión entre los cancilleres del norte de continentes diferentes comienza a entretejerse un nuevo orden geopolítico para América Latina que aunque el madurismo intente disfrazar utilizando a un payaso político con paltó y corbata que habla de “acuerdos y convenios”, la única verdad es que los únicos acuerdos y convenios se barajan en condiciones que sólo Trump y Putin terminarán conociendo el desenlace, aunque al final uno de ellos apele por una temida intervención y el otro por un inútil veto en la Organización de Naciones Unidas (ONU), o lo que es lo mismo, Rusia jamás va a inmolarse en lo político y militar en favor de Maduro.

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