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(Opinión) Saltos y barrancos del poder. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
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Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 14 de octubre de 2020
Por Américo Martín
@AmericoMartin

El poder decretado en la flamante Ley Antibloqueo  para el Desarrollo Nacional y la Garantía de los Derechos Humanos reúne, en sus 42 artículos, dos Disposiciones Transitorias y una Disposición Final, la negación en su esencia de la Constitución y por consecuencia del Estado de Derecho que restableciera la Constitución de 1961.

Como aberración jurídica la calificaron varios juristas dignos de esa condición. La Asamblea Nacional Constituyente –como es bien sabido- no goza de legitimidad nativa e internacional, entendiendo por tal una suma consistente de respaldo político en esos dos ámbitos. Su legalidad ha sido también cuestionada por la muy probable mayoría nacional y de la Comunidad Internacional. Que unos 60 países de Europa, América y parte de Asia solo otorgan su reconocimiento a la Asamblea Nacional,  presidida por Juan Guaidó, como único Poder Político válido, da una clara idea de las complejidades de la lucha entre la democracia y la autocracia.

La nueva ley precisa en sus tres primeros artículos un objeto que los siguientes solo muy parcialmente ratifican, porque a partir a partir del capítulo dos va descubriendo su verdadera índole, que es convertir a Nicolás Maduro  en un “hiperpoder” ¿por qué y para qué?, pues para que maneje su recrecido poder en arma arrojadiza contra quienes, envueltos en el manto el hiperpoderoso mandatario chavista, lo creen capaz de cumplir el sueño revolucionario-socialista siglo XXI y temen que use su “ley constitucional” para perpetuarse y librarse de quienes no le son incondicionales. La repetición obsesiva de la fórmula “ley constitucional” denota un como deseo de dar -sin más- rango constitucional a sus actos  administrativos de efectos generales y a los de efectos particulares. De esa manera, la Ley de Leyes estaría siendo derogada todos los días con base en la Ley “constitucional”, con comillas o sin ellas.

Por mi parte creo que lo que está sobre el tapete es sumamente importante aunque no tenga idea de lo efectivo que podría ser el remedio para resolver la enfermedad.  No obstante, el ánimo privatizador y ninguna alusión a las célebres estatizaciones del diario lenguaje de Chávez, revelan la angustia por evitar el colapso del modelo socialista S.XXI, fenómeno que desborda la fuerza que el régimen pretende oponerle.

La caída del Muro de Berlín,    conocida como “El Colapso de Europa del Este”, demolió el pomposo socialismo de nueve países del Viejo Mundo más la URSS -devenida mucho más capitalista que socialista- y la República Popular China, ahora una amplia sociedad de mercado, sin trazas de socialismo después de alcanzar el primer lugar en el mundo en punto a “privatizaciones”.

En función de precisar la analogía que haya entre el colapso de Europa del Este y el que pudiera provocar el del SSXXI de la Venezuela de hoy, presentaré un rápido resumen de rasgo cuyo intento de superar no evitó el total desastre de una sociedad que se jactaba de encarnar  el futuro de la Tierra. En su impactante visita a EEUU-septiembre 1959- el Premier soviético, Nikita Jruschov, despertó risas matizadas de angustia a un público  de políticos y gente de negocios al salir con la bufonada de que “sus hijos serán comunistas”.  El futuro demostró exactamente lo contrario, hasta  el imperio soviético –la URSS- dejó de serlo y  pasó a llamarse modestamente Federación Rusa.

Es cierto que las causas ideológicas, marxismo-leninismo contra Democracia social con base ésta en un modelo productivo, libre, plural, diverso, se repiten en los 9 casos de la Europa del Este colapsada y también en la argumentación y medidas anunciadas en la indicada Ley  antibloqueo dictada por el régimen oficialmente denominado socialista, en no pocos de sus rasgos, entre ellos la hermética malla de controles y la reiterada respuesta de las estatizaciones, que durante largos años han sido los emblemas del socialismo, olvidando su incidencia profunda en la agonía económica en el campo, la ciudad y los emplazamientos industriales de   Venezuela.

En Albania, Bulgaria, Hungría, Checoeslovaquia, Yugoslavia, República Democrática Alemana, Polonia, Rumania y la Unión Soviética, reconocido como líder y centro de conducción de las mencionadas Repúblicas, se intentó atajar la decadencia con modelos de libre mercado, incluidos mecanismos de participación privada.

El regreso vigoroso de la República Popular China tiene peculiaridades propias, pero siempre enfocándose en la crisis del sistema económico y en sus consecuencias sociales. Tanto en el proceso de privatización y atracción de inversiones privadas como en el  SSXXI y en el de las nueve víctimas del colapso del Muro, símbolo del naufragio de una ideología dura, se aprecia la analogía de un modelo de propensión totalitaria y unas ambiguas pistas para intentar aproximarse a grandes soluciones.

¿Será lícito esperar tan buen resultado de la ley antibloqueo?  Hago notar que en el colapso de los países que trataron de cambiar el modelo estatista –rígidamente-   las recetas fueron similares a las referidas aquí, pero aplicadas con violencia, sin flexibilidad y demasiado tarde.

La eficacia de esta fórmula sigue en duda por falta de voluntad para enfrentarse al aquelarre de la dictadura, el burocratismo, la reincidencia del dogmatismo y las malas costumbres del poder.

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