Caracas, 1 de abril de 2019.

Por: Heisy Mejías

@HeisyVisionaria

Ante la ausencia de una persona que se sienta con la obligación de  “procurar la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos, así como la independencia y la soberanía del territorio y la defensa de la República /…/ cumplir y hacer cumplir con la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), además de dirigir la acción del Gobierno” como lo establece nuestra Carta Magna, los venezolanos aclamamos por algún individuo, un “salvador de la crisis” con suficiente sentido de responsabilidad, un superhombre que se manifieste ante nuestro llamado, el cual deberá ser:

Carismático: nada más incómodo que una persona malgeniada y grosera para ocupar la magnánima silla. Quien quiera ser Presidente, debe ser Chévere y todo cuanto diga deberá estar acorde a lo que quiera escuchar el populacho. Los racionalismos políticos son para los ensayistas, aquí queremos gente que patee la calle; vea, denuncie y resuelva la mala situación en la que estamos.

Flash: con carácter de #Urgencia, es necesario que este sujeto responda a las necesidades de la gente en el menor tiempo posible, sea en el espacio que sea, incluyendo las redes sociales. No importa de dónde saque el dinero, ni la fuerza técnica, ni el personal ¡Nada! que resuelva este desastre que tiene 20 años o más, debe solucionarse en un mes a más tardar, si no, entonces que “no critique”.

Buen Orador: nos encanta alguien que hable bien, que nos enamore con sus palabras ¿para qué discursos racionales? eso quedó en el pasado, si algo le debemos a esta gente, es el gusto por escuchar la palabra del Líder. Queremos a alguien comedido o exaltado en los momentos que sea necesario, un compendio de muchas cosas (que nos guste, por supuesto), algo así como un cursi político.

De Buenas Costumbres: ¡Ante todo la moral! Un presidente no puede mentir ni tampoco ocultar. Las agendas deben ser siempre transparentes, aunque ello implique inmolarse, porque si alguien debe morar en Miraflores, definitivamente, deberá desprenderse de toda humanidad, es decir, de todo defecto humano.

Valiente: frente la coyuntura imperialista en la que estamos inmersos, el aspirante a Presidente debe tener guáramo y ponerse los pantalones para luchar contra los adversarios y mover inteligentemente las piezas del juego a su favor. Es decir, ubicar los factores de poder que le permitan moverse en el tablero como una reina, hacia todos lados, de todas formas y al costo que sea para lograr nuestro tan anhelado sueño, La libertad.

En fin, con que sea alguien muy cercano a Dios nos basta y nos sobra. Un mesías, un redentor de la política venezolana. Es decir, para qué queremos un mundano más, un simple ser humano que actúe con criterio, con probidad y analice la grave situación que tenemos como sociedad para corregir lo que se debe corregir en el tiempo que ello amerite, aunque esto implique años de trabajo mancomunado. Pregunto entonces, ¿tendría algún sentido, que una persona más comedida en el discurso, alguien más racional, más sensata como Guaidó sea presidente si muchos de nosotros como ciudadanos exigimos algo distinto y ajeno a un hombre real? Responda usted.

(*) Secretaria Juvenil de Unidad Visión Venezuela

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