Artículo escrito en exclusiva para PuntodeCorte.com

Por: Javier Vivas Santana

@jvivassantana

El madurismo como cúpula neototalitaria ha dejado de gobernar. Nada les importa la hiperinflación, los míseros salarios, la escasez de alimentos y medicinas, la degradación y depauperación de los servicios de agua, electricidad, gas y transporte público. Para nada les interesa la criminalidad. Simplemente en el país no existen instituciones.

Lo único que preocupa a dicha cúpula es como aferrarse al poder. Esa es la única razón que los mueve política y militarmente. Por ello, Nicolás Maduro y Vladimir Padrino viven de cuartel en cuartel arengando en los subalternos para que no se les ocurra levantarse en armas aunque ellos y sus familiares estén pasando hambre. Esa es la razón por la cual Diosdado Cabello y Remigio Ceballos tratan de articular un ejército de supuestos milicianos en los pueblos más alejados y abandonados en el interior del país. Allí están las causas por las cuales Valentin Santana, jefe de los colectivos armados en Caracas y otras zonas de Venezuela, junto con las células guerrilleras tanto del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y de las disidentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se ubican en las zonas fronterizas de Bolívar, Apure, Amazonas, Táchira y Zulia, en conjunción de los estados de Aragua, Carabobo, Cojedes, Portuguesa, Barinas y Guárico, espacios donde intentan organizarse desde el punto de vista estratégico y operativo ante un posible desenlace de guerra.

El madurismo se queda sin recursos económicos en la medida que transcurren los días, y un mayor número de naciones en el contexto geopolítico de los cinco continentes aumentan su reconocimiento a Juan Guaidó, y exigen una salida electoral ante la profunda crisis política, económica y social que se multiplica en Venezuela. El madurismo conoce muy bien que su estabilidad política sólo depende de la fidelidad de una Fuerza Armada cada vez más fragmentada, y de una población que diariamente protesta, y cuya tolerancia social está a punto de implosionar, máxime cuando la hiperinflación superó la astronómica cifra anual de 2.000.000%, y la respuesta del régimen es bloquear la entrada de alimentos y medicinas, como parte de su política de misantropía, y de subyugar a la población entera entre la inanición y las enfermedades.

No quedan alternativas. Con una industria petrolera quebrada. Con un régimen cuyos pocos recursos han sido congelados en sus cuentas en el exterior. Sin posibilidad de nuevos créditos y emisión de bonos de deuda. Con una red diplomática que se ha quedado sin vocería en los principales escenarios internacionales. Es obvio que sólo las armas y las balas aún lo mantienen con vida, pero si siquiera éstas pueden garantizarle que en cualquier momento no haya una insurrección en las principales guarniciones militares. O sea, que ante esa posibilidad, el madurismo podemos compararlo como aquel paciente que se encuentra en una cama de terapia intensiva con respiración artificial, y esperando que sólo un milagro pueda salvarle la vida.

Ante esta realidad, el madurismo sólo juega al desgaste de quienes esperan su muerte. Verbigracia, prefiere quedarse en un estado de vida vegetativa, siendo mantenido forzosamente por sus redes civiles y militares que han sido cómplices de sus crímenes, y jura que el resto de la población terminará siendo derrotada por cansancio y desesperación política. No obstante, ese madurismo también sabe que cualquiera de quienes le rodean, puede desconectarle los equipos que lo mantienen aferrado a tal “vida”, y que tal acción puede venir de quien menos pueda imaginarlo. Es como revivir aquella historia de traición entre Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. O incluso, trata de evadir con su bazofia discursiva las necesidades que sacuden a la mayoría de la población, generando documentos apócrifos de “paz”, o de rechazo hacia la ayuda humanitaria, mientras los niños y adultos fallecen hasta por ciclos diarreicos en los hospitales.

Sin duda, hemos comenzado a escribir el apocalipsis de esta parte de nuestra historia. Sólo que en está ocasión el ocaso del madurismo, salvo que tengan un rayo de luz, todo indica que el desenlace será militar, y en esa oportunidad, no habrá fidelidad política ni siquiera de sus “amigos” de Rusia y China.

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