Caracas, 17 de mayo de 2018. ¿Puede un régimen político elegir gobernantes sin hacerlo democráticamente? La respuesta es sí.

Sucede actualmente en muchos países,  mas de los que imaginamos, ha sucedido en el pasado, y si no logramos entender su trama configurativa, sus artilugios -incluso sutiles- podríamos asistir a un mundo con cada vez menos democracia política y social, pero con mas elecciones que garantizarán: no el acceso equitativo de los actores al juego político,  no la garantía de un sistema electoral perfectible que rinda cuentas a los ciudadanos que depositan su voto en el ejercicio pleno de su cuota personal de soberanía, no la posibilidad de tener un despliegue de partidos que representen la pluralidad política de la diversidad social con voces legítimamente opositoras propias de la democracia real y perfectible, sino, por el contrario, la continuidad de sistemas autocráticos en el poder, con amplio dominio de los hilos institucionales que constriñen para unos, pero son permisivos y laxos para otros, con predominio exclusivo en el uso de los recursos del Estado y de los medios comunicacionales con acceso a públicos y segmentos en pro de sus campañas, sin ninguna posibilidad de ser sancionados o inhabilitados por autoridad alguna. Lo que al final de cuentas, aleja cada vez más al ciudadano común de la idea y el sentido cotidiano de la democracia.

Podríamos ver un mapamundi en el que a la par que sucedan elecciones, disminuirán los derechos políticos,  civiles y sociales de las personas; lo que mostrará, sin duda, que la democracia corre grave peligro, o al menos, algunos de sus proyectos.

Ahora bien, ¿en qué consiste eso que llamamos elecciones sin democracia?

Andreas Schedler (3) uno de los actuales estudiosos del tema del autoritarismo, indica que la idea de la democracia se ha identificado cercana a la de elecciones, y en muchos casos pareciera que esta última es garantía de que la primera existe. Sin embargo, alude Schedler, podemos olvidar que la historia moderna de las elecciones representativas es una historia tanto de manipulaciones autoritarias como de triunfos demócraticos. «Las elecciones han sido tanto  un instrumento de control autoritario como un signo de gobernabilidad democrática».

¿Cuál es el signo que diferencia uno de otro? La razón de ello estriba en lo que ha sido el trazado de una frontera entre lo que son las democracias electorales y el autoritarismo electoral, y entre la primera y las llamadas democracias liberales.

Para Schedler la distinción entre la democracia electoral y el autoritarismo electoral reside también en que ambas han construido una afirmación común al decir que la democracia requiere de elecciones, pero no de cualquier tipo. Las elecciones para una democracia electoral deben ser «libres y justas» en orden a ser «democráticas», necesitan de normas mínimamente democráticas, el autoritarismo electoral no.

Continúa Schedler afirmando que, la mayoría de los regímenes autoritarios abrazan algun tipo de elecciones, esta vez sin los minimos normativos necesarios para encauzarse en la caracterización democratica, es decir, elecciones como sea.

En este sentido, parece fructífero, según Schedler, destacar la idea de que las elecciones democráticas son mecanismos para la escogencia social bajo condiciones de libertad y equidad. Para calificar como democráticas, las elecciones deben desplegar una escogencia efectiva de las autoridades políticas entre una comunidad de ciudadanos libres e iguales.

Por su parte, las democracias liberales se diferencian de las democracias electorales en que las primeras van mas allá del mínimo electoral, por decirlo de alguna manera son democracias inconformes, luchan por institucionalizar otras dimensiones vitales del constitucionalismo democrático como el estado de derecho,  la rendición de cuentas politicas, la integridad burocrática y la deliberación publica, entre otros aspectos.

Para Schedler, y compartimos plenamente su punto de vista, está claro que el deslizamiento de una democracia electoral que cuenta con y da cuenta de unos minimos normativos para asistir a un evento electoral pueden hacer perfectible el esfuerzo social, incluso institucional por más y mejor democracia, en cambio el autoritarismo electoral no. Este último no tiende a avanzar por si mismo hacia una democracia electoral, tiende a avanzar hacia más y mayor autoritarismo como un cáncer que va carcomiendo los cimientos sociales y morales de la sociedad.

Por tal motivo es imperativo saber distinguir una democracia electoral de un autoritarismo electoral. Cuando se hace mas difícil y complejo distinguir si existen efectivos y patentes mecanismos de verificación y participación ciudadana, menos probable es que estemos ante un evento electoral propiamente democrático,  seguramente estemos asistiendo a un episodio lamentable y farsante de un circo electoral, propio del autoritarismo intentado hacerse pasar por  «cuasi democrático». Schedler es enfático al respecto,  se trata de una puesta en escena del más macabro ejercicio de manipulación y control autoritario.

LOS SIETE ESLABONES DE LA ESCOGENCIA DEMOCRATICA

Para ejemplificar la caracterización que venimos haciendo, compartimos lo que para Schedler constituyen los encadenamientos de la elección democrática.  Se trata de una lista de siete dimensiones que son, precisamente, las dimensiones de la decisión o escogencia, las premisas normativas de la elección democrática,  y las estrategias comúnmente utilizadas en la violación de la norma.

Elementos de las dimensiones de la decisión:
1) El objeto debla decisión
2) El rango de la decisión
3) La formación de las preferencias
4) Los agentes de la decisión
5) La expresión de las preferencias
6) La agregación de las preferencias
7) Las consecuencias de la decisión

Las premisas normativas concordantes con las dimensiones son:
1) Empoderamiento: las elecciones democráticas involucran la delegación de poder  a  quien ejerce la autoridad en la toma de decisiones
2) Libertad de designación: los ciudadanos deben ser y sentirse libres para conformar,  integrar y dar soporte a partidos, candidatos y políticas en situaciones de conflicto.
3) Libertad de solicitud: los ciudadanos deben poder aprender de las alternativas disponibles a través del acceso a los diversos canales de información.
4) Inclusión: la democracia asigna iguales derechos de participación a todos los miembros de la comunidad política.
5) Aislamiento o coerción: los ciudadanos deben ser libres de expresar sus preferencias electorales.
6) Integridad: una persona un voto. Cada voto vale por igual.
7) Irreversibilidad: elecciones sin consecuencias no califican como democráticas.

Las estrategias de violación de las normas, concordantes con las anteriores premisas normativas son:
1) Posiciones y dominios reservados
2) Exclusión y fragmentación de las fuerzas de oposición
3) Represión e inaccesibilidad a los recursos mediáticos y monetarios
4) Inhabilitación formal e informal
5) Coerción y corrupción
6) Fraude electoral  y desvio institucional
7) Tutelaje ciudadano

Con respecto de la figura de fraude, relativa al hecho electoral completo, desde su diseño,  su verificabilidad, su transparencia y acceso, hasta el momento pos electoral, refiere Schendler que se trata de un manejo o gestión redistributiva de la elección,  por parte de quienes detentan y abusan del poder político para reorientar los recursos institucionales para su beneficio. Junto con la redistribución institucional de las reglas, el fraude constituye una afrenta al principio de la integridad del voto ciudadano, pero este no ocurre un solo día,  su manifestación fáctica puede ocurrir el dia de la elección, sin embargo se necesita un despliegue temporal de muchos acontecimientos asociados para que ocurra finalmente, el fraude.

Todos y cada uno de estos elementos, con sus matices y sus aproximaciones tienden a configurar al autoritarismo electoral propiamente.

En el caso venezolano, el evento electoral del 20 de mayo próximo a consumarse, destaca entre uno de los más emblemáticos tipos de autoritarismo electoral en el continente. El día 20 se aproxima como la verificación de la cadena de eventos enumerada por Schedler, pero que, sin lugar a dudas puede superar cualquier ejercicio de imaginación política. El fraude es un hecho continuado que viene sucediendo, entre otras cosas, por el secuestro de la institucionalidad y el cese del Estado de Derecho en Venezuela de la mano del régimen neo totalitario de Nicolás Maduro. Lo que veremos el domingo 20 no es el fraude en si, sino la verificación de su gravedad.

(1) Venezolana. Politóloga. Especialista en Teorías y Métodos de Investigación Social. Consultora en comunicación, gestión de crisis y análisis de entorno.  Actualmente es productora de contenidos y coordinadora de investigación y datos en puntodecorte.com. Codirectora de Estrategia 360 grupo consultor. karenquintero27@gmail.com @Estrategia360v.
(2) Venezolano.  Politólogo.  Magister en Psicología Social. Director de puntodecorte.com y de Visor 360 consultores. Fundador del Movimiento por la Democracia y la Inclusión.  Analista político y articulista.  Nicmerevans@gmail.com
(3) Andreas Schedler. Es profesor de ciencia política en FLACSO México.  Nos referimos a su emblemático articulo Elections without democracy, the menu of manipulation. Publicado en Journal of Democracy, vol 13 num 2 abril de 2002. Pags 36-50.

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