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(Opinión) 20M: Del desencanto al cambio. Por Enrique Ochoa Antich

Por Enrique Ochoa Antich
Enrique Ochoa Antich - del por ahora

Caracas, 16 de mayo de 2018.

Por: Enrique Ochoa Antich*

@eochoa_antich

Si tuviésemos que definir el sentimiento que encontramos, o tal vez podíamos encontrar hasta hace poco, al fondo del alma del pueblo venezolano, en particular de 2015 para acá, tendríamos que dar cuenta del desaliento, la desesperanza, la desilusión. Este desencanto popular era doble: observar cómo, por una parte, el gobierno se empeña impunemente en su acción de destrucción nacional y, por la otra, a la oposición, que debía representar la promesa tangible de un cambio, destruyéndose a sí misma como resultado de sus incoherencias. Acaso la principal tarea de quienes hemos resuelto involucrarnos en esta campaña electoral, y lo hemos hecho llamando a votar por Henri Falcón (como lo hizo JUNTOS La Venezuela que viene), ha sido en estas semanas la de convertir el desencanto en optimismo, la rabia en lucha, que es decir la abstención en voto… y la derrota en victoria. Y creo que esa tarea ha sido cumplida.

Los venezolanos saben que podemos y debemos detener la pesadilla que ha comportado, en particular para los más pobres, el gobierno de Nicolás Maduro, y que es posible hacerlo este 20M. No participamos de esa oposición autoderrotada. No nos rendimos. No claudicamos. Luchamos, aún en las condiciones más adversas. Suele decir Falcón: O acabamos con Maduro o Maduro acaba con nosotros. Es así. El voto hoy es un tema de sobrevivencia. Por eso hemos dicho que el voto ya no es un derecho político sino un deber moral: con el país, con nuestros hijos, con los hijos de nuestros hijos. Sobrevivencia no sólo de cada uno de nosotros como personas sino de esta casi disuelta nación venezolana, como lo hemos comprobado rodando a lo largo y ancho de este país: ya Venezuela parece sólo un territorio con un poco de gente arriba, pero no una nación propiamente dicha. Hambre, hiperinflación, desabastecimiento de medicinas, muerte, caos de los servicios públicos: de agua, de electricidad, de gas, de transporte, carreteras destrozadas, destrucción de la moneda, todo justifica el voto castigo. Se vota por, claro que sí, pero más en contra de. Confiamos en que así sea.

Los venezolanos saben que además de la incompetencia, la indolencia y la corrupción generalizada de esta nueva oligarquía burocrática madurista, la causa de esta verdadera catástrofe nacional se encuentra en el diseño y la visión que moldearon las políticas públicas del Estado venezolano durante dos décadas (y más): autoritarismo, centralismo, militarismo, estatismo, populismo. Control sobre control, acabaron con la capacidad de la sociedad de crear la riqueza que Venezuela necesita. Controles inútiles, además: años con control de precios y tenemos una híperinflación que va hacia ¡el 20.000 %!; control de cambio, y de haber recibido el $ a Bs. 700, lo entregarán a… ¡1.000.000.000! (un mil millones de los de antes). ¿Cómo pueden hablar de socialismo? El principio cardinal del socialismo en lo económico, incluso desde la teoría marxista, es el de desarrollar las fuerzas productivas capitalistas hasta tal punto que ellas mismas comporten un cambio en las relaciones de producción: es decir, producir suficiente riqueza para que lo que se reparta sea la abundancia y no la miseria. Es lo que entendieron chinos y vietnamitas. Por eso se requiere una gran transformación, como promete el programa de Falcón, cuya coordinación ha estado a cargo de Francisco Rodríguez: reinstitucionalización y reconstitucionalización del Estado, reanimación de una economía social de mercado, reconstrucción de la infraestructura de servicios, reconciliación de todos los venezolanos en un gobierno de unión nacional.

Suponíamos que el gobierno, el partido/Estado, el régimen al que nos enfrentamos actuaría con esta combinación de exceso de abusos y falta de escrúpulos que le conocemos bien, echando mano de todos los recursos públicos como si fuesen de su propiedad. Lo que no podíamos prever era que la torpeza, la supina necedad, la mezquindad y la ruindad de algunos sectores de la oposición fuesen de la dimensión que han sido. Insólitamente, cuando las condiciones políticas son inmejorables, cuando el gobierno es rechazado por las 4/5 partes del país, cuando se hace más que evidente que las condiciones políticas superan con creces las insuficiencias de las condiciones propiamente electorales, a esta oposición borbónica (que ni olvida agravios ni aprende de sus propios errores) se le ocurre la genial idea de convocar a la abstención.

Se ha tratado de un fenómeno, éste de la abstención militante, propio de la alta clase media (como nos lo ha recordado el padre Alfredo Infante s. j., director de la revista SIC). Pero igual ha tomado tiempo combatir sus falacias. Por ejemplo:

  • Que no es verdad que en el CNE se truquen los votos y que la mejor prueba de ello es que acabamos de ganar hace apenas dos años ¡con 2/3 de sus diputados! la Asamblea Nacional (por no hablar de 2007 frente al más poderoso Chávez y con una oposición fracturada también entre abstencionistas y participacionistas y de las decenas de gobernaciones y centenares de alcaldías que la oposición ha conquistado elección tras elección).
  • Que a un gobierno al que se califica de dictadura sangrienta no se le puede pedir condiciones electorales a la suiza (contradicción en términos, se llama) y menos si a sus capitostes se les dice que luego de ganar las elecciones gracias a tales condiciones impecablemente democráticas, desde el poder se les perseguirá hasta el último lugar de la tierra, que no habrá país donde puedan esconderse, que se les quitará todos sus bienes, y que tal vez terminen en un calabozo en Texas… y que el chavismo será extinguido de la faz de la tierra hasta como núcleo social: ¡difícil que ese régimen autoritario nos ceda así las condiciones que ese extremismo opositor pide!
  • Que a una proto-dictadura se la combate y se le gana en su terreno y con sus reglas, como ha sido probado aquí y allá al menos durante el último medio siglo: lo contrario es política ficción o, si se prefiera, política metafísica.
  • Que quien no vota es objetivamente abstencionista pues de nada sirve ese eufemismo según el cual se pretendería ser ontológicamente participacionista pero no se vota en estas elecciones aunque en las próximas sí: quien no vote es un abstencionista, punto final.
  • Que no es verdad que quien se abstiene no esté votando: lo está haciendo, y aritméticamente lo está haciendo por Maduro (la resta doble, parece que la llaman los matemáticos: voto que falte aquí, voto que se activa allá).

Creo que al final, ese abstencionismo obtuso ha logrado aislarse: primero, a sectores políticamente empecinados que parecen más interesados en la derrota de Falcón que en la de Maduro, y segundo, a sectores clasistas y hasta racistas de la alta clase media que buscan paliar su mala conciencia individual justificando así sus atrofias culturales. Aquí aparece el último y más patético argumento abstencionista: Falcón fue chavista luego no puede votarse por él. Veamos.

Cuando eso se dice, con fiereza digna de mejor causa, se olvida que:

  • Uno, dejó de serlo hace ¡diez años!, frente a Chávez en su mejor momento y por razones de principio, y salvo que pretendamos subir a un barco al 66 % de venezolanos que alguna vez votó por Chávez y mandarlo a vivir a Madagascar, como alguna vez le propusieron a Hitler que hiciese con los judíos, para que la reconstrucción de Venezuela sea sólo obra de los antichavistas puros que nunca votamos por el Comandante Eterno, es obvio que la reconstrucción de Venezuela los incluye (como la reunificación de Sudáfrica con Mandela incluyó a los blancos, por sólo citar uno entre muchos ejemplos).
  • Dos, alguna vez fue jefe del comando de campaña del candidato opositor, tiempo cuando todos en la oposición más bien celebraban su condición de exchavista.
  • Tres, esa condición es tal vez su principal virtud pues lo faculta más que a otros, para emprender el sinuoso sendero de una transición que para ser exitosa debe ser pacífica y negociada.

Así que este 20M estamos a las puertas de un cambio posible. Ojalá lo venezolanos no desaprovechemos esta posibilidad.

*  Político y escritor. Miembro fundador del Movimiento al Socialismo (MAS). Actual coordinador nacional del voluntariado con Henri Falcón.

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1 comentario

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