Inicio Noticias (Opinión) A la caza del diálogo. Por Américo Martín

(Opinión) A la caza del diálogo. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
350 Lecturas
Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 4 de marzo de 2020
@AmericoMartin

No podían ser más oportunas las incidencias que rodearon la toma de posesión del presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, quien marcó con especial nitidez el viraje en contra del régimen venezolano y el adiós al dominio del Frente Amplio (de izquierda) en el país sureño.  Fue un punto de encuentro interesante con presencia del Rey de España, Almagro y los presidentes Iván Duque, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera y Mario Abdo Benítez,  completando así el cambio de los países del cono sur hacia una posición más dura a favor del retorno de la democracia en Venezuela.

Todo eso va en paralelo con el crecimiento en la misma dirección de las naciones del Grupo de Lima que de los 13 fundadores iniciales ya llegan a 17 y probablemente a 20, a un suspiro de las ⅔ partes con todas sus implicaciones. Distancia casi tan precaria como los dos diputados que en este momento retienen en España la investidura de Pedro Sánchez, quien también ha anticipado algunas señales de cambio.

La reciente intentona de magnicidio contra el presidente interino Juan Guaidó ha radiografiado las dramáticas realidades internas de los dos protagonistas principales de la aparentemente explosiva situación interna en el PSUV. Son varias las  declaraciones que parecen atribuir la responsabilidad de este acto al vicepresidente del PSUV.  Por otra parte, varios analistas consideran que Guaidó puede estar desaprovechando esos traspiés en la acera adversaria para reimpulsar la lucha por elecciones transparentes e internacionalmente observadas, mediante el indispensable diálogo que sería un indebido lujo aplazar. Un diálogo en profundidad, sin cartas marcadas, es lo que el país necesita para librarse del peligro de desenlaces cruentos que los venezolanos no merecemos, y necesitan también Maduro y Guaidó, para conquistar la libertad, la democracia y la paz. No importa que esas hayan sido  banderas ajenas a las aspiraciones de Miraflores. Lo realmente interesante es que, sin seguir agrupando factores a favor de esas metas, la nación ni sus fuerzas políticas,  ni Nicolás Maduro podrán salir de las tinieblas en que se encuentran dramáticamente sumidos. Que todos los países solidarios con Venezuela reclamen semejante diálogo enrumbado hacia esos objetivos, le proporcionan credibilidad y fuerza. De eso tienen que estar conscientes los dos principales protagonistas de la presente situación.

Se comprende que los líderes de la llamada “mesita de diálogo” intenten asumir una presencia desproporcionada. No seré yo quien los critique, reconociendo -como lo hago- que es lícito su esfuerzo, aunque el lugar de la mayoría opositora no puede ocuparlo y desempeñarlo sino la mayoría opositora.

Guaidó comprende la importancia de agrupar en lo posible todos los matices opositores y nadie más que él puede lograrlo, pero también de atraer, con sus razones y elevadas posibilidades, a todo aquel que pueda ser atraído y de neutralizar, por lo menos, a aquellos que puedan no serlo. Se trata de reunir mayorías alrededor del cambio democrático en libertad y con prosperidad. Son beneficios que no pueden negársele a nadie y que, en la medida en que avance una causa como esa, irán desapareciendo las amenazas que oscurecen el futuro del país y hunden trágicamente la condición de los venezolanos.

Son muchas las noticias que fluyen hacia la opinión y hablan  de un creciente malestar en la fuerza armada y descontento en líderes y militantes del PSUV. Se han producido renuncias en esa organización acompañadas de revelaciones sobrecogedoras sobre el maltrato a los indígenas en Apure, Guayana, Amazonas, Delta Amacuro, que contrastan con los demagógicos alegatos acerca de privilegios por su condición pobladores originarios. También la persistencia en políticas represivas que, lejos de vaciar las cárceles de presos políticos civiles y militares, han hecho todo lo contrario pese a las vanas promesas que se anunciaron en la Casa Amarilla.

Las denuncias de violación de derechos humanos se multiplican, causas sentidas como la defensa de la autonomía universitaria son mancilladas y, en general, desde Miraflores no se termina de comprender que un diálogo sin anticipos democráticos revela la ausencia  de verdadera disposición al logro de resultados efectivos.

Que esa es la convicción de la comunidad internacional, lo demuestra la creciente presión para el cambio democrático de nuestro maltratado país y nadie debería desestimar ni olvidar que se trata de un ineludible imperativo moral.

* Escritor y abogado

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

Suscríbase a nuestro canal de Telegram y YouTube
Estamos también en TwitterFacebook e Instagram

Artículos Relacionados