Inicio Derechos Humanos y Presos Políticos Exclusiva PDC| Ser vecina de Simonovis le costó 432 días de prisión, Antonia Turbay: Ni un café nos tomamos juntos

Exclusiva PDC| Ser vecina de Simonovis le costó 432 días de prisión, Antonia Turbay: Ni un café nos tomamos juntos

Por Nurelyin Contreras
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Antonia Turbay Simonovis

Caracas, 10 de septiembre de 2020. Entre el terror, la tristeza, la desolación y sin explicación. Así pasaron 432 días de la vida de Antonia Turbay, prisionera del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional –Sebin– en El Helicoide ¿Su delito? Ser vecina del Comisario Iván Simonovis, quien se fugó de su casa, pese a contar con la custodia de 10 funcionarios de la policía política de la administración de Nicolás Maduro.

Turbay contaba con una boleta de excarcelación desde el 26 de julio de 2019, pero fue el 31 de agosto de 2020, que finalmente quedó en libertad, luego de que fuera anunciado el decreto de Nicolás Maduro, en el que aprobó el indulto para 110 presos políticos y diputados del país.

Después de todo este tiempo, “toñita”, como le dicen por cariño, aún no tiene claro el motivo que llevó a las autoridades venezolanas a relacionarla con Simonovis.

“No tengo una respuesta fehaciente ni creíble, porque es que todavía no lo sé, porque yo nunca supe de quien fui presa, pero fui presa de alguien, yo llené una estadística de alguien. O sea, el expediente de la fuga de Simonovis se resolvió con un detenido y la detenida fui yo”, sostuvo Antonia.  

Turbay es una señora de 66 años, abogada familiar, una persona muy conocida en la urbanización Ávila, debido a que tiene más de 25 años formando parte de la Asociación de Vecinos.

“El día que Simonovis se fue yo me enteré por el chat de la urbanización. Los vecinos, alarmados, dijeron que la urbanización estaba tomada por el Sebin y que había sebines caminando por toda la urbanización, así fue como me enteré. Lo que menos yo me imaginé es que Iván después estar cuatro años y medio de casa por cárcel, podría fugarse, porque yo pensé que él estaba muy bien ahí”, continuó relatando toñita.

Antonia afirma que “ni un café yo me he tomado en su casa”. Pero ante la situación, “yo me comuniqué con Bonis en ese momento y ella me contestó diciendo que ella estaba en Alemania, que ella no sabía de la decisión de Iván y que bueno, él se había ido. Yo me comuniqué con el abogado de Simonovis y le dije que yo lo llamaba porque Bonis, al preguntarle que a quién llamábamos en caso de una emergencia, de una invasión, de un cortocircuito, de cualquier (otra cosa), como lo hacemos en la urbanización, porque mucha gente que se ha ido al exterior, entonces quien más que tus vecinos que te puedan cuidar la casa”, expresó.

Es decir ¿Su delito fue llamar o comunicarse con el abogado de Iván Simonovis? Fue una de las preguntas que le hicimos, a lo que Antonia dijo: “Aparentemente sí, entonces como el abogado es el abogado, la otra persona pudo ser la que lo pudo ayudar a escapar, porque de eso fue que me acusaron, facilitación de fuga de detenido”.

El Helicoide

Turbay aseguró que tiene “muchas lagunas mentales” sobre lo vivido en El Helicoide, “porque fue muy impactante. Los interrogatorios fueron muy duros, aunque nunca me torturaron físicamente, porque no me torturaron, la casa nunca me la allanaron, pero es que nunca me había visto en medio de unos policías. Iban preguntas, venían, yo me cansé hasta la saciedad de decirles que yo no tenía nada que ver”.

A su juicio, los funcionarios del Sebin “tampoco sabían qué hacer y pasó un día, dos días, tres días, cuatro días. Al cuarto día me reseñaron y ya cuando me reseñaron yo sabía que me iba a quedar detenida”, contó.

Para Antonia Turbay, haber tenido que utilizar el uniforme de presidiaria, siendo inocente, fue lo más vergonzoso y denigrante que tuvo que pasar durante estos 14 meses privada de libertad.

“Eso fue el mayor oprobio que me pudieron dar, porque yo he mantenido una conducta moral intachable, nunca lo pensé. O sea, yo veía las películas de los presos vestidos con los uniformes y eso me parecía normal, pero que a mí me pusieran un uniforme de presidiara fue lo más denigrante, eso fue terrible. Cuando al quinto día me llevaron a presentarme en el tribunal, me pusieron un uniforme amarillo y las esposas y me llevaron al tribunal. Sentí mucha vergüenza de que me vieran en esas condiciones, porque yo no era delincuente y estaba vestida como una delincuente y después cada vez que venían los vecinos, sentía lo mismo, mucha vergüenza”, expresó entre lágrimas.

Secuelas| Un daño irreparable

El daño psicológico que le causó a Antonia convivir en las celdas de El Helicoide, pudiera ser irreparable. Colores como el amarillo y naranja, espera no utilizar más. Las luces blancas de neón, tampoco las quiere en su hogar.

“Es estar en una celda, con una luz de neón bastante restringida, porque tampoco las lámparas tenían las luminarias completas, sino que tenía una sola y entonces la luz no era completa (…) El estar encerrada fue demasiado duro (…) Tenga por seguro que más nunca vestiré un pantalón amarillo, una franela amarilla, ni un pantalón anaranjado, porque teníamos dos uniformes: Una braga anaranjada y un pantalón y franela amarilla. Esos dos colores en mi guardarropa jamás van a existir. Es que yo no quiero nada que me recuerde al helicoide, absolutamente nada. Tengo además fotofobia a la luz de neón. De hecho, la única luz de neón que tengo son la de la cocina, voy a ver como las cambio, pero no quiero ver más luces de neón en mi vida”, agregó toñita.

Ahora, Antonia también le teme a la policía, al pensar que puedan volver a detenerla sin razón alguna.

“Esta mañana cuando iba saliendo al oftalmólogo, estaban unas patrullas con unos policías, me dieron miedo. Yo nunca había tenido miedo de la policía. Me han ayudado a resolver los conflictos de la urbanización, pero es que ahora los policías me dan miedo, porque me da miedo que vayan a llevar, porque me llevaron siendo inocente y siendo inocente me pueden conseguir en la calle y volverme a llevar, porque ya me di cuenta que para ser un preso político, lo único que se necesita es estar libre y a lo mejor eso se me va a pasar, pero lo de los colores y las luces no”, comentó.  

De una vida sana, a una salud en decadencia

Los estragos haber permanecido privada de libertad en El Helicoide, causó en Antonia una serie de patologías.  

“Mi salud está un poco comprometida, porque yo me volví hipertensa. Yo era una persona totalmente sana, no tomaba ningún tipo de pastillas, de nada, casi que ya no iba al médico, porque no lo necesitaba y desde octubre del año pasado, me dio una crisis hipertensiva y bueno, seguí. Cada vez que me decían que me iban a liberar, yo creaba unas expectativas y cuando llegaba el día y liberaban a algunos y a mí no, pues la tensión iba al cielo, después volvía a bajar”, explicó.

Aunado a esta situación, Antonia también relató que en marzo del año pasado, se cayó en el baño, “no me rompí ningún hueso, pero evidentemente la pierna derecha ha quedado comprometida, porque no tuve la ayuda de un especialista como un traumatólogo”.

También, “tuve problemas gástricos, que me inflamó el colon y la vista, yo tenía el ojo izquierdo muy rojo, aparentemente era la tensión cardiaca y no la tensión ocular (…) Tengo el colesterol alto, por estar sin comer grasa y simplemente por la inactividad (…) con este tema del virus, yo me lo tomé muy en serio (…) decidí que me quedaba en mi celda y no salía para ningún lado. O sea, no quería salir a llevar sol ni al pasillo a llamar por teléfono, sino que quería quedarme en mi celda y eso me ocasionó un problema más, que fue la inamovilidad”.

Amor de madre| “Añoro abrazar a mi hija”

Durante la detención de Antonia, su única hija no pudo acompañarla. Vive en Bogotá, Colombia y hoy, aun después de ser excarcelada, pesa todavía sobre Antonia una medida de restricción de salida del país, lo que le impide abrazar a su hija.

“Añoro poder volverla abrazar. Hemos hablado de todo, del tiempo que nació la niña y no la he podido conocer. Por ejemplo, antenoche ella estaba muy triste, porque ella no sabía que yo tenía prohibición de salida del país (…) Quiero estar con ella, es mi única familia (…) Lo que pasa es que hay dos cosas: El indulto y mi juicio como tal. Mi boleta, me imponía, o sea, estaba la fianza, más la prohibición de salida del país, más la presentación cada 15 días, más la prohibición de hablar de mi caso a los medios de comunicación. El tribunal no está trabajando y el tribunal es el único que puede levantar la medida de prohibición de salida del país, porque fue el que la solicitó” 

El problema de volver a estar con su hija, “es que sus dos niños son norteamericanos y el gobierno Bolivariano de Venezuela ha denegado las visas de turista a los ciudadanos norteamericanos (…) Cuando estuve muy malita, cuando la tensión no me bajaba, pensaba que me iba a morir y que a lo mejor ella venía a buscar el cadáver de su mamá, pero ahorita tengo la esperanza de que Dios me va a premiar”, dijo Turbay.  

Tan venezolana como la arepa

Antonia nació en España, sus abuelos maternos en Estados Unidos, pero ella se enamoró de Venezuela desde que era una niña y hoy, a pesar de lo vivido en El Helicoide, sigue apostando por nuestro país.

“Yo siempre fui partícipe de que las cosas se puedan arreglar por las buenas. Si hay elecciones yo quiero ir a votar, porque yo siempre he ido a votar. Yo quiero seguir trabajando, yo tengo arraigo en Venezuela, vino aquí desde hace 60 años, yo vine a los 6 años. Yo no quiero regresar a España, porque cuando voy para allá, mi poca familia que me queda, llama a sus amigos para que vengan a visitar a su pariente venezolana. O sea, ya yo no soy española, soy venezolana”, puntualizó.

Vea aquí la historia completa de Antonia Turbay:

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6 comentarios

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