Por: José Gascón Márquez

Recuerdo con nostalgia muchas cosas de Caracas, una ciudad que, como decía Cabrujas, nunca es la misma. Extraño de los años 80 cuando estudiaba en el Instituto Universitario de Tecnología Región Capital (IUT-RC), aquellas librerías con textos científicos de Caracas. Esas librerías hoy no existen y libros avanzados de matemática son una especie muy rara en estos tiempos, pudiendo encontrarse alguno con los libreros que comercian libros usados. Sin duda, una grave limitación para estudiantes de matemáticas, de educación matemática, ciencias o ingeniería.

Al hablar de librerías en Caracas, hay que comenzar por “Técnica Vega”, muy próxima a la plaza “Tres Gracias”. Tenía un segundo piso donde se encontraba una pared repleta de maravillosos libros de matemáticas en español, inglés y francés. Muchos de mis libros los compre allí a unos precios accesibles para un estudiante becado del IUT-RC que en 1980 ganaba 900 bolívares al mes. Padre e hijo se encargaban de la librería que fue decayendo con el tiempo y, en el segundo piso cada vez se encontraban menos cosas ya que en algún momento no continuaron reponiendo los libros que vendían de matemáticas. Por supuesto, ese comercio ya no existe como la mayor parte de las librerías científicas de Caracas.

Otra vitrina comercial que visitaba con frecuencia era la librería profesional ubicada en el centro comercial Chacaíto, era un lugar escondido en la parte inferior. Era como entrar en una cueva del tesoro, varios estantes repletos de joyas. Manejaban la librería un grupo de españoles, ignoro si eran familiares, siempre vestidos de camisa y corbata y que parecían sacados de una película de espionaje. Un día desapareció y se convirtió en una venta de repuestos.

Tecniciencia, no era la franquicia librería que es ahora (y que lamentablemente se ha ido de varios estados del país) porque sólo tenía un local que estaba en la torre Phelps cerca de Plaza Venezuela, que encontrábamos al subir un piso por una escalera poco frecuentada. Tenía una estantería hexagonal en su centro repleta de textos de matemática que solíamos circundar varias veces esperando que fuera extraída de la biblioteca de Babel de Borges y que apareciese algún texto que hubiéremos omitido en las primeras vueltas. Poco a poco, los maravillosos libros empezaron a convertirse en libros estándar de cálculo, estadística y ecuaciones diferenciales hasta que un día nos informaron que cerraban sus puertas y se iban a otro centro comercial.

A veces no íbamos a una librería específica sino a un pasillo que incluía a muchas, me refiero al pasillo de ingeniería en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ese pasillo estaba representado por una venta maravillosa de libros de una editorial llamada Mir-Moscú. ¿Los precios? Es mejor olvidar para no hacer una comparación dolorosa con la situación actual caracterizada por una muy escasa oferta de libros científicos a unos precios ridículamente altos para un profesor o estudiante universitario venezolano.

Recuerdo los libros de Suscriven que traía un alemán llamado Hans que también falleció al final de los años 80, su muerte ocurrió a raíz del “Viernes negro” y la quiebra de Suscriven. Hans y sus libros sufrieron los avatares de la devaluación de la moneda y de una crisis que no ha parado desde entonces.

Tiempo después encontré alguno de sus libros en la librería Alemana, situada en la avenida Libertador, después les perdí la pista. Un día caminaba por el centro de Caracas, frente al Capitolio buscando libros usados, al llegar a un pequeño puesto en medio de la tradicionales novelas mohosas, selecciones viejas y algunos periódicos pude ver algo resplandeciente: montones de libros de Springer-Verlag en muy buen estado. Había encontrado un tesoro, los restos de Suscriven. Hoy, la matemática de aquellos tiempos se ha convertido en un tesoro ante lo que tenemos en sus contenidos actuales de nuestra “educación”.

Contacto

josergascon@gmail.com