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(Opinión) Astuto como una ardilla. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
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Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 13 de noviembre de 2019.
Por: Américo Martín
@AmericoMartin

“Como una ardilla en su forma de deslizarse  para alcanzar logros  sin arriesgar mucho”. Así se le escapó  a Vargas Llosa calificar los hábiles desplazamientos del ex presidente Evo Morales en el tablero de la política. Además, inteligente y temerario, lo cual suele conducirlo a estados de carencia de escrúpulos cuando la miel del éxito así lo exija.

Su gran problema es que no supo definir en forma discernible lo que en realidad busca y por eso sus decisiones y alianzas, por confusas, nunca pisaron tierra firme.  Admiró sinceramente a Chávez y siguió con Maduro. Su estrecha alianza con ambos alrededor de lo que dieron en llamar “socialismo Siglo XXI” trillado para cultivar un lenguaje, programa, estilo y consignas comunes que ha servido a no pocos “ideólogos al uso” para confundir esas formas evanescentes del hablar cotidiano con una especie de novedosa ideología que se  mezcla con su arrogancia. Chávez no hubiera tolerado que el movimiento revolucionario que decía dirigir no fuese eso, una revolución socialista como  la de Fidel, eso sí, un socialismo “nuevo”, porque ese neologismo sí era suyo, solo suyo. A Evo nunca le atrajo la idea de disputar hegemonías teóricas. Prefería ser de la familia, el más fiel, el menos conflictivo.  Supongo que su sentido práctico se lo aconsejaba así. Su renuncia a la presidencia no fue todo lo sincera que prometía su pregonada índole étnica que a ratos restregaba y subrayaba a los demás como si fueran culpables de no se sabe cuál delito.

¿Por qué entonces dimitió?

Los indicadores iban mejor que los de Venezuela pero los factores políticos y sociales mezclados con irritantes desplantes, como la burla al dictamen del Referendo que le impedía volver a postularse, enturbiaron el ambiente. En conjunto su obsesivo reeleccionismo contribuyó al sensible cambio en contra sus niveles de aceptación. Adicionalmente, el alineamiento de la mayoría de las naciones democráticas con Guaidó y la Asamblea Nacional y desconociendo o alejándose de Maduro, fue progresivamente decisivo en el panorama de las ubicaciones.

En un marco de esa naturaleza la presión de los pueblos a favor del sufragio libre e internacionalmente supervisado repercutió a lo interno de Bolivia, de modo que varios sondeos acreditados subrayaron que a la luz de las muestras recogidas, emprendieron a concluir que si Evo no ganaba en primera vuelta sería muy difícil ser reelecto en el balotaje. La derrota no estaba en los planes del MAS, de ahí que ganar en primera vuelta sería el objetivo a lograr de todas, por las buenas o las malas, todas. Puesto que la esperanza unió y levantó como nadie  la posibilidad de victoria de Carlos Mesa, la necesidad de la más amplia unidad nacional y el caudal opositor salieron a batirse con la más fiera  energía. Consciente de las señales dadas por las encuestas,  asomaron insistentes sombras de fraude. Las denuncias menudearon.

Temerario, cual digo en líneas anteriores, pretendió borrar esos primeros indicios. Se atrevió Evo a suscribir una auditoría muy profesional con la OEA para poner en evidencia el intachable proceso, auditoría a la que proporcionó carácter vinculante. Si había un pronunciado fraude en marcha,  aprobar la estricta auditoría de la OEA fue quizá el peor error de su vida pese a haber sido igualmente una decisión honrada. El error dejó al desnudo el arrebatón electoral y tal vez pudiera haberle entreabierto las metálicas puertas de la cárcel al expresidente.

Basta leer detenidamente la experta auditoría conducida con rigurosa seriedad para no dudar de su veracidad.  

El documento está al alcance de todos. Leerlo, no olvidarlo jamás y castigar la corrupción son ejercicios de honestidad que los pueblos y países necesitan para sobrevivir.

* Escritor y abogado

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