Inicio Noticias (Opinión) Aterradores pronósticos. Por Américo Martín

(Opinión) Aterradores pronósticos. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
199 Lecturas
Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 26 de febrero de 2020
@AmericoMartin
La guerra es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los militares (Clemenceau)

Clemenceau fue el Winston Churchill de la Primera Guerra Mundial, vale decir, fue un verdadero político capaz de entender que incluso las guerras, cuando no pueden evitarse, tienen que someterse a la política. No otro fue el criterio del gran teórico de la guerra, el general prusiano C. Clausewitz, quien la definiera como la continuación de la política por otros medios, agregando que su finalidad no era aniquilar al último soldado adversario sino colocarlo en condiciones bajo las cuales no pudiera seguir combatiendo.

La tensión política revive estos conceptos asociando en la forma más improcedente la solución bélica como la mejor de todas ellas, en la medida en que se intensifica la solidaridad y se multiplica la presión de los países en busca de libertad, paz y democracia para Venezuela. Olvidan que el propósito explícito de esas presiones es favorecer el cambio democrático por vía de elecciones libres y supervisadas nacional e internacionalmente, en lugar de sumirla en el caos de la guerra, que debido a los muchos intereses en juego suele ser de combustión lenta y peligros colaterales.

En este momento se denuncia que desde la zona palestina se han disparado hasta 60 misiles contra Israel,  centrándose en la población civil. Siendo este país, según se dice, la primera potencia militar del área y contando con el servicio secreto más efectivo, aún dentro de su política de no dejar ataque sin respuesta, no se observa que esté aprovechando el grave incidente para generalizar la guerra. Indudablemente, los políticos siguen al mando.

Lo que salta a la vista en el caso venezolano es que las presiones, incluso las sanciones, están reclamando que se dirima la tragedia del país por la civilizada vía del voto creíble. El régimen de Maduro no ha sabido o no ha podido vencer las resistencias de su propia organización para aprovechar la oportunidad de negociar la concreción de esa posibilidad con los 60 países solidarios con la oposición conducida por Guaidó y las notables entidades internacionales que lo respaldan. Resaltan las naciones del Grupo de Lima, cuyo crecimiento y decisión para alcanzar una salida de este tipo se incrementa con la fecundidad vegetal de la verdolaga. Es impresionante que de 13 países que lo conformaban inicialmente, la membresía haya crecido hasta llevarlo a 17, se unieron después Guyana, Haití, Santa Lucía y  Bolivia, la activa observación de Ecuador y República Dominicana y el aval de Barbados, Estados Unidos, Granada y Jamaica.

Pese a ese creciente sesgo hacia una salida como la indicada, no puede descartarse tampoco que el asunto se vaya de las manos y lo que estalle no sea la paz sino la guerra. Cierto es que habida cuenta de la fuerza de las partes, sería de duración breve aunque no pueda darse por seguro y decirse lo mismo de las consecuencias. Confiemos, sin embargo, en la medida que aumentan las presiones sobre el régimen madurista, aumente también el peso de la razón elevada al gobierno de la pasión. Parece evidente que prevalezca  el peso de la conciencia por sobre el de las pasiones irracionales y se aproxime más la salida política que la violenta. No obstante, insisto, las diabluras extremas podrían imponerse.

Vuelven a la palestra ciertos aforismos que la realidad no se cansa de rebatir. La conseja de que los regímenes comunistas  nunca ceden el poder por vía electoral y la de que la cúpula dominante en Venezuela jamás entregaría, por ser mucho lo que tiene que perder. Si recordamos el colapso de las llamadas democracias populares de Europa del Este, Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, RDA, Rumanía, Hungría, Polonia, de la antigua URSS y de la asombrosa revolución de libre mercado que ha hecho de China popular la segunda más grande entidad capitalista del mundo, debemos llegar necesariamente a la conclusión de que los grandes cambios histórico-sociales desbordan las fronteras del simplismo y el dogma. En todas ellas la transición del socialismo a la democracia y al libre mercado transcurrió por vía electoral, aún con algunos brotes violentos en países como Rumanía y las invasiones de Hungría y Checoslovaquia.

El país más extremista de todos los mencionados fue Albania, más antisoviética desde la izquierda que la propia China de Mao. El Secretario General del PTA fue el impresentable Enver Hoxha, un personaje que superó en el culto a su personalidad a los emblemáticos Mao, Stalin y Kim Il Sung. El estremecedor proceso interno que vivió se tradujo en el pleno del Comité Central del PTA ordenando transformaciones profundas en dirección al estado de emergencia y al libre mercado. En 1991, incluso, eliminó las palabras socialista y popular, cuyo nombre oficial fue República de Albania. En 1997 se celebraron elecciones anticipadas y en 1998 el nuevo presidente de Albania proclamó la primera Constitución postcomunista con el 93% de votos a favor.

Los pronósticos aterradores resultaron tan desafortunados que debieron más bien llamarse “aterradores pronósticos”.

* Escritor y abogado

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

Suscríbase a nuestro canal de Telegram y YouTube
Estamos también en TwitterFacebook e Instagram

Artículos Relacionados