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(Opinión) Bastones asediados. Por Américo Martín

Por Punto de Corte
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Que crezca la audiencia - Américo Martín
Caracas, 22 de enero de 2020.
Por Américo Martín
@AmericoMartin

Socialismo real fue el nombre atribuido a  la maquinaria de acero que dominó la cuarta parte del mundo en condiciones de paridad nuclear y en áreas específicas como la exploración espacial y el armamento convencional, con la superpotencia norteamericana. Se creó la ilusión en sus leales  y el temor en sus adversarios  de que el sistema soviético, debido a su honda naturaleza antihumana y sus implacables métodos podría imponerse en escala planetaria. Lenin, por ejemplo, estaba convencido de la victoria final del comunismo en todos los países, aunque su sentido práctico le  hizo ver que cada uno lo haría con sus propias originalidades.

En encendido elogio a su jefe fallecido, esas  flexibilidades teóricas y  decisiones políticas sorpresivas, fueron evocadas por el terrible sucesor georgiano para resaltar la superioridad de Lenin. Se valió para ello de un realismo inesperado. En Lenin, dijo enfáticamente, se conjugaban perfectamente  el ímpetu revolucionario de los rusos  matizado con el  enorme sentido práctico de los norteamericanos. Es verdad que Stalin no era hombre que emitiera elogios espontáneos. Medía sus palabras en función de las necesidades políticas, pero cuando pienso en sus giros retóricos y especialmente en este tributo de admiración al archienemigo  norteamericano, no deja de sorprenderme su recóndita propensión a decir y hacer lo que  sea para lograr sus objetivos, posiblemente para encubrir con tan atractivos ropajes sus licencias más crueles. Con semejante convicción bien sembrada en la sesera se acostumbró a derrotar las ilusiones de sus adversarios de todos los pelajes, sin sospechar que por la inviabilidad del sistema como tal, la enfermedad terminaría horadando como un topo sus entrañas.

Estoy seguro que los líderes del socialismo siglo XXI no entienden la relación que hay entre lo que he traído a mis lectores de Punto de Corte  y  la misión revolucionaria en cuya defensa estarían preparados para cometer los más repudiables excesos.

¿A cuál revolución se refieren? ´¿Hay alguna manera de medir los beneficios de  tal fenómeno? Las demasías represivas nunca fueron compensadas hasta que el sistema se hundió casi de improviso.

No obstante debe reconocerse al proceso venezolano que puede identificar los componentes fundamentales con el fin de minarlos y tratar de destruirlos sin temor al tamaño  de los costos que deba pagar.  Hay dos a la vista, dos  fortalezas que defienden  la libertad y están por eso en el centro de la lucha: la Asamblea Nacional y las universidades y  la educación básica. Se han desgastado aplicándoles los indicados “peores excesos” solo para observar que sus víctimas asimilan los golpes y desarrollan su musculatura, al tiempo que levantan como la levadura  su prestigio mundial. Quien lo dude sólo tiene que reflexionar sobre los grandes cambios de opinión desatados por el brutal golpe que intentó defenestrar a la AN democrática. En cuanto a moral y legitimidad no hay comparación posible  entre la verticalidad de la AN legítima y  el esperpento tarifado que han erigido con la pretensión de desestabilizarla. 

Todo está muy bien pero volvamos al espíritu práctico de los norteamericanos convertido por el feroz Stalin en una virtud de Lenin. El caso es que aun tratándose de un esperpento sin sombra de legalidad el hecho es que el espantajo sigue ahí y pretende legislar.  Haber dado ese paso temerario equivale a confesar que se propone, a voluntad,  valerse o no   de abrigos legales. ¿Será suficiente entonces para afirmar que por carecer legitimidad el gobierno de Maduro ya no existe? Obviamente, no. Imposible olvidar que en muchas partes del universo  no figura esa formalidad esencial para la existencia de las normas legales. En estos días afirmé que con el zarpazo contra el Poder Legislativo  había cristalizado un sistema de doble poder en   Venezuela, cosa que puede discutirse pero no creo que valga en este caso invocar razones de legitimidad.   Gente inteligente y de buena fe discrepó. No, Americo, no hay dos AN. Solo una, la legítima de Guaidó, Pero de hecho hay dos, amigo, la legítima de Guaidó y la ilegítima de Parra. No olvides que el fundamento del poder puede ser la fuerza bruta -no la del voto, o la del consenso-.  Rafael Leónidas Trujillo reinó por 31 años en República Dominicana y 27 Juan Vicente Gómez en Venezuela. Se perpetuaron de hecho no de derecho.

Tan iluso es creer que los movimientos ilegítimos no existen como homologar sin más la fuerza, ejércitos y paramilitares  como fórmula invariable de eternas perpetuidades.  Después de la Segunda Guerra Mundial, las democracias europeas siguen  en pie en tanto que desaparecieron casi todos los sistemas sostenidos  por la fuerza bruta.

Por eso es un imperativo moral reconquistar la democracia y la libertad en Venezuela, para lo cual es preciso redoblar la defensa de esos dos emblemas que se encuentran en la primera línea de fuego: la Asamblea Nacional y la Universidad autónoma. Pero la situación no es por fortuna la misma, la correlación de fuerzas ha cambiado en el país y el mundo, de modo que las primeras y las últimas trincheras se aproximan a velocidad de crucero. Guaidó  hablara en Davos, signo de proximidad del cambio democrático. Reitero lo que he sostenido por meses: que el fundamental y muy probable viraje  transcurra sin derramar más sangre de la mucha que se ha vertido.  

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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