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(Opinión) Bolivia y Venezuela: ¿la misma encrucijada? Por Leisser R. Rebolledo

Por Punto de Corte
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Bolivia y Venezuela
Caracas, 25 de noviembre 2019.
Por: Leisser R. Rebolledo

En política hay errores que te pueden costar muy caro. Evo Morales Ayma no sacó muy bien sus cuentas cuando decidió torcer la voluntad del pueblo boliviano el pasado 20 de octubre, durante la primera vuelta electoral realizada en la nación del altiplano, la cual apuntaba claramente que el líder cocalero no reuniría la ventaja suficiente para alzarse con la victoria en esa instancia; en consecuencia, tocaba recurrir a un balotaje que muy probablemente habría perdido.

Evo Morales se presentaba a su tercera reelección consecutiva, lo cual también burlaba de antemano lo establecido por la constitución vigente del estado plurinacional. Es importante recordar que, el mandatario indígena había intentado la aprobación de un referéndum para permitir la reelección indefinida el año 2016; el mismo fue rechazado por los bolivianos con casi 52% de votos en contra de la propuesta. Sin embargo, con esa obsesión de perpetuarse en el poder que caracteriza a los políticos de izquierda en la región, Evo, se valió de una argucia “legal” para saltarse ese pequeño obstáculo en el camino por mantener fijado su domicilio en el Palacio Quemado de forma permanente.

Bolivia es un país de mayoría indígena, con casi quince años consecutivos de crecimiento económico, los mismos años que Evo Morales tenía en la presidencia de la república. Durante ese período el PIB prácticamente se triplicó, y los indicadores sociales mejoraron ostensiblemente. Muchos analistas observan a Bolivia como un extraño caso de eficiencia socialista, una especie de milagro para una nación que había sufrido siglos de expoliación de sus abundantes recursos naturales, sin que esto contribuyera en nada a mejorar la calidad de vida de sus habitantes. De la majestuosa villa imperial del Potosí de los siglos XVI y XVII solo quedan los socavones del cerro rico, de donde se extrajo tal cantidad de plata que podría haber servido para construir un puente que enlazara a Bolivia con el continente Europeo; miles de indígenas murieron prematuramente producto de las duras condiciones de trabajo en las entrañas de las minas para proveer riquezas a otros; lo único que aún sobrevive a esa devastación es la belleza arquitectónica de la ciudad, testigo silente de los tiempos del esplendor y la opulencia.

El caso Boliviano difiere del venezolano sobre todo en lo referente al tema económico; mientras la nación del altiplano sumaba años de crecimiento, Venezuela se hundía con una caída del PIB superior a 50% durante el último quinquenio, y con millones de sus ciudadanos cruzando la frontera hacia los países vecinos para escapar de la miseria atroz que azota al país, en la diáspora más grande que se recuerde en América del Sur. Sin embargo, a pesar de la estabilidad de la economía boliviana, la gestión de Morales empezó a mostrar importantes señales de desgaste político, que, el ex presidente intento revertir tomando los caminos verdes; pero el fraude cantando durante la elección de octubre fue demasiado para una población que observaba con preocupación el fin del ciclo de bonanza y la vena autoritaria de Morales; además, la mayoría de los bolivianos no quieren que su país se convierta en otra Venezuela, con Nicolás Maduro aferrado a un espurio mandato, que solo se sostiene por la represión sistemática y la complicidad de la alta jerarquía militar, comprometida en toda clase de actividades ilícitas y controlando múltiples negocios con empresas del estado. Tampoco les atrae el hecho de parecerse a Cuba, con sus sesenta años de férreo dominio de los hermanos Castro, donde no existen libertades de ningún tipo, ni posibilidades de desarrollo individual o colectivo.

En una Bolivia económicamente estable, el pueblo prefirió luchar por preservar la democracia: cientos de miles se tomaron las calles, un aluvión que hizo imposible la permanencia de Morales en el poder; en medio de esta crisis, tanto las fuerzas policiales como el ejercito, entendieron su rol de garantes de la soberanía nacional  y, ante el evidente fraude orquestado por Evo Morales, decidieron sumarse del lado correcto de la historia en una posición valiente e institucional. En Venezuela, con una economía colapsada, y una sociedad envilecida por la miseria moral y material que padece, el régimen ha logrado sostenerse utilizando todos los mecanismos de manipulación posibles, además, en la perfecta aplicación de la teoría del estado fallido para su propio beneficio, aúpa la proliferación de mafias criminales y fuerzas irregulares, grupos con los que eventualmente se reparte el país, en una simbiosis siniestra donde la anarquía y el terror son las bases fundamentales.

Al contrario de Bolivia donde el MAS, el partido de Morales, preserva un importante apoyo popular, sobre todo en la zona del altiplano de mayoría indígena y, en el trópico de Cochabamba, de donde proviene el propio Evo Morales, el régimen de Maduro ha perdido totalmente la calle, los años en que Hugo Chávez ganaba elecciones con holgura son cosa del pasado. En la actualidad no cuentan con el apoyo necesario para ganar ninguna elección, lo saben perfectamente desde que fueron vapuleados en las comicios parlamentarios de 2015, desde ese momento entendieron que la vía democrática no resultaba una opción viable, por ello, se jugaron la única carta que les quedaba: asumir el control de facto de los poderes de la nación. Motivado a ello, hemos llegado a esta coyuntura histórica, la profundización de la crisis, donde el modelo agotado y caótico se niega a morir y, a la nueva Venezuela de esperanza se le impide nacer.

¿Por qué Venezuela no estalla como Bolivia? Una pregunta recurrente que atraviesa el país de punta a punta. La situación de caos que vive Venezuela no es nada comparable con nación alguna del hemisferio, todos lo sabemos, también sabemos que el régimen de Maduro es corrupto, incapaz, irresponsable y criminal. Entonces ¿Por qué no salimos todos a la calle de una vez para acabar con esta tragedia? Otra pregunta necesaria que cada quien tiene que hacerse para entender como hemos permitido que una minoría miserable destruya nuestra patria y se lleve nuestra felicidad, solo para mantener su alocada orgía de poder. Cuando encontremos la respuesta a esa interrogante, es posible que también encontremos la fórmula para salir de este régimen.

Por otra parte, nuestra América Latina se encuentra convertida en un polvorín, los casos de Bolivia y Venezuela son apenas una muestra de la convulsión social que se levanta por estos pueblos tan afines a la improvisación y tan apegados a la anarquía. Ecuador revienta para rechazar un paquete de ajustes que como siempre solo perjudicaba a los que menos tienen; en Argentina, el desastre de Macri propicia el regreso de Cristina Kirchner y su “delfín” a la Casa Rosada tan solo cuatro años después; en Chile, la sordera de las élites dirigentes ha provocado que una marejada haga tambalear los cimientos de la más próspera nación de Latinoamérica; el ineficiente gobierno de Iván Duque han convertido a Colombia en un campo minado donde la anarquía y la violencia amenazan con derruir su base institucional; en Perú, la clase política se pelea el poder con uñas y dientes; con una institucionalidad débil se corre el peligro de sucumbir al inefable avance del populismo; en Nicaragua, una generación se juega el futuro e intenta despojar del poder a uno de los dinosaurios políticos sobrevivientes del siglo XX, en un batalla que no será fácil, y cuyo resultado es aún más incierto; en Honduras, un presidente vinculado con actividades ilícitas juega a ser un nuevo gobernante por tiempo indefinido; ya se reeligió en contra de lo que dicta la constitución catracha, mientras, aguas abajo, el empobrecido país centroamericano sucumbe a la violencia social y la pobreza extrema.

Un panorama complejo y preocupante se pasea por esta región del mundo tan rica pero tan pobre a la vez. Bolivia resiste el embate, el gobierno interino se aferra a la constitución y apela al sentido común para librarse del caos inducido por los adeptos a Morales, esperando que la vía democrática los aleje del precipicio.

En Venezuela, hace falta la suma de muchos factores para recuperar la democracia, restituir la institucionalidad y devolver la calidad de vida a sus ciudadanos. En el país con mayor potencial del continente, su gente debe sobrevivir con ingresos pírricos que solo alcanzan para medio comer, los sueños se han tomado una larga licencia y el futuro oscurece ante la posibilidad de que el madurismo logre su objetivo de perpetuarse en el poder. La agitación está presente, durante los últimos años se han producido miles de protestas sociales, pero dispersas y puntuales. Resulta indispensable transformar cada una de esas luchas en una sola lucha, la lucha por el país que queremos y merecemos.

Que Dios nos ilumine, en estos días donde la oscuridad pretende imponerse.

Correo: Leisserrebolledo76@gmail.com

* Punto de Corte no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.

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